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A la derecha

Por Juan Iribas 16 octubre, 2015 - 0:24

Siempre afirmó que tuvo la desgracia de nacer zurdo, pero, en cuanto alcanzó el suficiente uso de razón, decidió ejercitar su mano derecha. 

Aquel adiestramiento se trasformó en una obsesión hasta el infinito y más allá; incluso llegó a asegurar que todo se encontraba “a la derecha”.

Si aparcaba su coche, daba vueltas a la manzana hasta dar con un hueco a la derecha de su casa. Cuando iba al baño de su bar preferido, optaba por empujar, de las dos puertas, la situada en esa posición. Los mejores pinchos de Pamplona los encontraba en la parte derecha de la barra de aquella taberna del casco antiguo. En sus desplazamientos por carretera, si encontraba una bifurcación, jamás dudaba: “La derecha es seguir el itinerario de la derecha”.

En las elecciones municipales y autonómicas sólo depositaba una papeleta; por supuesto que en la urna derecha y obvia decir a qué ideología iba el sufragio. Durante su trayectoria profesional fue maestro en un colegio y acuñó una frase que ha pasado de generación en generación cada vez que los alumnos tienen un examen parcial o global: “Nombre, curso y fecha, arriba a la derecha”. Hasta se aficionó a los toros, pese a que no le gustaban demasiado. “¿Tú eres torista o torerista?”, le preguntaban. Él, cómo no, respondía con seguridad: “¿Yo? Me decanto por los diestros”. Su único pero, como llegó a confesar a sus íntimos, que escuchaba a escondidas a su grupo favorito; se trataba del conjunto Siniestro total.

Y así pasó por la vida el pobre José Izquierdo, quien por aquello de vengarse de su apellido lo quiso tunear por Yzquierdo. Yo soy Manolo, su hijo; mantengo la tradición de mi abuelo y demás familiares ascendentes, por lo que respeto la “I”.

Aunque no sólo respeto eso, sino también la memoria de mi padre. ¡Faltaría más! Aún guardamos su ausencia; estamos en pleno duelo. Murió el mes pasado por culpa de un infarto; una necrosis de la parte derecha del corazón. Jamás olvidaré su entierro; cuando los empleados del cementerio levantaron la lápida del panteón familiar, vimos que contaba con seis departamentos, de los que cuatro ya estaban ocupados; los libres se situaban, frente a frente, en lo más profundo del monumento funerario. “¿Ande lo ponemos? Ande sea, ¿no?, digo yo…”, me preguntó el enterrador. Entre lágrimas le contesté: “¡No, no! Por favor, coloquen el ataúd a la derecha”.

Ideación de A la derecha

Este relato se me ocurrió el otro día tras escucharle decir a una compañera de trabajo: “Soy diestra, diestra, diestra. ¿Para qué quiero la mano izquierda si tooooooooodo lo hago con la derecha?”.

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