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Dejar de fumar

Por Juan Iribas 18 febrero, 2016 - 22:05

Tuve un profesor que lo primero que solía hacer todas las mañanas era leer el periódico. Llegaba a clase con la prensa bajo el brazo y un paquete de chicles dentro del bolsillo de la camisa.

-Vamos a ver quién ha dejado de fumar.

Repasaba las esquelas y, de cuando en cuando, se llevaba las manos a la cabeza con alguna sorpresa que otra. “¿Javier? Pero si estaba mucho mejor…”.  “¿Es posible que se haya ido al otro barrio Lidia? Pobrecilla”.

Aquel profe había dejado de fumar, pero de otra manera bien distinta.

-¿Queréis que os cuente una cosa? Yo empecé a fumar a los nueve años. Eran unos cigarros que se llamaban Ideales. Le mangué a mi padre un paquete y, cuando echaba el humo, me sentía el expreso de medianoche, un adulto cantando línea en un bingo. Me encendía un cigarro cada vez que tropezaba con la hija de la florista, que me gustaba más que comer con los dedos. ¿Y os cuento cuándo lo dejé?

Los veintitantos adolescentes estábamos abducidos por sus palabras; era algo que también conseguía, aparentemente sin esfuerzo, para explicarnos los afluentes o las proposiciones subordinadas adverbiales: un flautista de Hamelín desde la tarima. Aquel profesor, grande como un chopo y con una voz como la del Fernán Gómez de ‘La lengua de las mariposas’, nos explicó que había dejado de fumar a los dieciséis años. “¿Cómo?”, le preguntamos sus alumnos.

-Fui a cantar villancicos un 24 de diciembre de puerta en puerta y conseguí unas monedas con las que compré tres paquetes de Ideales. Eran las cuatro de la tarde y, mientras el butanero llevaba bombonas anaranjadas de casa en casa, me fumé todos los cigarros. 54 para ser exactos. Calada a calada. Me empaché de nicotina y fue tal la repugnancia que cogí al tabaco, que no quise saber nada más de él.

Hoy, más de un cuarto de siglo después de aquella anécdota, me he encontrado en la carnicería con un compañero de pupitre con el que no cruzaba una sola palabra desde que me pidió el cartabón en clase de dibujo. La conversación que hemos mantenido ha sido breve y, por cierto, espero que no tardemos otros veintipico años en hablar de nuevo. “¿Sabes quién ha dejado de fumar? Don Jesús. Se ha ido de un infarto”.

Ideación de ‘Dejar de fumar’

El otro día vi la foto de familia de 3º B y me acordé del profesor que nos enseñó bastantes cosas, además de las que aparecen en los libros de texto.

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