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'Las cosas que llevaban los hombres que lucharon', de Tim O´Brien.

Por Javier Serena 22 marzo, 2016 - 22:28

Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, de Tim O´Brien (1946, Minnesota, Estados Unidos), es un libro ambientado en la atmósfera bien conocida de la guerra de Vietnam, pero en él el autor se aleja de los discursos más trillados, por lo que ni se regodea hablando del horror de las trincheras ni trata de denunciar el despropósito de aquella pesadilla exótica, para centrarse en otro objetivo mucho más sutil: reunir entre sus páginas las vidas de antes y durante y después de un puñado de combatientes, de tal forma que el enfrentamiento bélico es apenas un telón de fondo que con sus luces y oscuridades extremas permite ver con claridad mayor los perfiles llenos de miedos y esperanzas corrientes de quienes estuvieron allí.

De ahí que el título sea deliberadamente engañoso: en sus páginas no se habla de las objetos-las cosas- que cargaron aquellos hombres en sus macutos en su expedición asiática, sino que explora otro tipo de materia intangible,  más leve pero marcada por el sello exclusivo de los sueños más íntimos de cada individuo.

“Llevaban todo el bagaje de emociones de los hombres que pueden morir”, escribe Tim O´Brien, a la vez autor y personaje de la obra, en un juego a caballo entre la biografía y la ficción cuyos límites no se llegan a descubrir con exactitud. “Pena, terror, amor, añoranza (..), recuerdos vergonzosos”.

Pero la singularidad de Las cosas que llevaban los hombres que lucharon no descansa en la intención no tan inusual de ahondar en el drama único de cada soldado antes que en la vaguedad abstracta de una guerra, sino sobre todo en los mecanismos narrativos de los que su autor se sirve. Así pues, en este libro, Tim O´Brien se presenta a sí mismo como uno de los actores retratados en la narración, pero no sólo por su experiencia de soldado con sus evocaciones del lodo y los compañeros evaporados por una granada repentina, sino también como el escritor que fue décadas después, enfrentado a las interrogaciones de su hija acerca de su obsesión por escribir siempre sobre aquella guerra.

Y en esta composición híbrida, afirma y luego desmiente la verdad histórica de unos mismos hechos, para crear capas sucesivas de profundidad que dotan al texto de una verosimilitud completa: los hombres que acompañan a Tim O´Brien se muestran como hombres de carne y hueso, fruto de la reconstrucción fidedigna y sin artificios propios de unas memorias, aunque al tiempo con la libertad para la fantasía y la simbología duradera de una buena ficción.

Es, pues, un libro situado en un terreno pantanosos entre la invención y el testimonio, y a eso contribuye la propia composición del libro: no se trata de una novela ni de un diario, sino de varios fragmentos con título propio y con la autonomía de un relato que suelen girar en torno a unos mismos episodios. Así, en las piezas tituladas Notas, En el campo o Hablando de coraje se cuenta desde tres puntos de vista diferentes y desde momentos temporales también distintos la muerte del soldado Kiowa en una ciénaga de aguas fecales, fulminado por un disparo al haber alumbrado con una linterna la foto de la novia de su compañero de guardia.

Con esa misma libertad par dar saltos en el tiempo, O´Brien recuerda en En el río Rainy cómo él mismo estuvo a punto de escapar a Canadá cuando con apenas veintún años fue llamado a filas, y cómo, a su juicio, no tuvo valor para convertirse en desertor, convencido años después contra la opinión general de que huir y enfrentarse al rechazo colectivo era un destino reservado para los valientes. En la mayoría de estos fragmentos, O´Brien ni siquiera es el protagonista principal, sino apenas un testigo privilegiado de los episodios excepcionales que vivieron sus antiguos camaradas. En La dulce novia de Song Tra Bong, por ejemplo, recrea cómo el soldado Mark Fossie recibe ilusionado la visita de su prometida, y cómo asiste estupefacto al proceso por el que esta sufre el hechizo de la guerra, despertándose en ella instintos salvajes antes desconocidos, por lo que al fin la perderá cuando la joven empiece a participar en las alucinantes incursiones nocturnas en la selva de un comando de boinas verdes.

Esa es la técnica de la que se sirve O´Brien en este libro: recortar pequeñas viñetas de un pasado real o inventado o distorsionado por el tiempo, igual que si prefiriera escoger unas pocas fotografías elocuentes de aquella aventura antes que desarrollar una película completa de principio a fin, para levantar con un barro verdadero las figuras de los hombres que estuvieron en aquella guerra y recordar cuál era en realidad aquella materia irrepetible que cada cual llevaba escondida dentro del pecho como una invisible medalla de identificación.

Ficha

Título: Las cosas que llevaban los hombres que lucharon.

Autor: Tim O´Brien.

Editorial: Anagrama,  272 páginas, 19 euros.  

Otros datos: Premio a la Mejor Novela Extranjera en Francia en 1993, fue publicada por Anagrama ese mismo año, y ha sido reeditada recientemente por otra vez por Anagrama en su nueva colección Otra Vuelta de Tuerca, destinada a dar una segunda vida a algunos textos excelentes que habían desaparecido de las librerías.

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'Las cosas que llevaban los hombres que lucharon', de Tim O´Brien.