Blog / El espejo de la historia

Los socialistas de Euskadi, los palmeros de Chivite

Por Javier Aliaga 20 junio, 2019 - 10:20

Diversos miembros de la federación del PSOE de Euskadi PSE-EE han apoyado la candidatura de Chivite a la Presidencia del Gobierno Foral de Navarra.

18/04/2009. Firma del acuerdo: por el PSE Ares y Eguiguren; por el PP Oyarzábal y Barreda.
18/04/2009. Firma del acuerdo: por el PSE Ares y Eguiguren; por el PP Oyarzábal y Barreda.

Desde el 26-M son muchas las voces que animan al Partido Sanchista de Navarra (PSN) para hacer un Frankestein a la Navarra; o sea un Chivitestein. De todos estos palmeros, tal vez, los menos indicados para dar consejos son los del Partido Sanchista de Euskadi (PSE).

Desde la óptica navarra, es imprescindible hacer un repaso histórico. Tras la muerte del dictador, los socialistas navarros estaban integrados en el PSE, y como tal, en las manifas además de llevar txapela, enarbolaban ikurriñas: eran partidarios de la incorporación de Navarra a la CA del País Vasco.

Allá por el año 1977, los socialistas, en comandita con los nacionalistas vascos, metieron a Navarra en el Consejo General Vasco u órgano preautonómico; así, de matute, por el artículo 33, sin consultar a los navarros. Afortunadamente los políticos navarros de la UCD apelaron a Adolfo Suárez, que paralizó in extremis aquella anomalía, cuando todo estaba a punto de ponerse en marcha.

Un año más tarde las declaraciones de Urralburu (Gabriel) para “Tierra Navarra” no dejaban lugar a dudas: «Están perfectamente unidos los intereses del socialismo y la vinculación de Navarra al País Vasco. Estoy convencido de que, si hay tranquilidad y sosiego, Navarra se va a incorporar al País Vasco.»

Tras pulsar la realidad electoral, los socialistas navarros desde 1980 apoyaron sin fisuras el proyecto de Amejoramiento del Fuero navarro (LORAFNA) y por coherencia, se escindieron del PSE en 1982, para formar el PSN. Es decir, en términos empresariales, el PSN es un spin-off del PSE. Esta secesión no fue bien entendida ni por el PSE que perdía poder, ni por nacionalismo vasco que la calificaron de traición.

Desde la segunda legislatura de Urkullu, el PSE es socio del PNV del Gobierno vasco con tres consejerías de poco pelo. Recientemente entre las dos formaciones han alcanzado un acuerdo para la gobernanza en 42 ayuntamientos de la CAV, del que siempre sale beneficiado el partido aranista, impulsando, todavía más, su preponderancia en el País Vasco.

Hace unos días, la secretaria general del PSE, Idoia Mendía, no ha desaprovechado la ocasión para alentar el Chivitestein: «El socialismo navarro tiene una oportunidad histórica para gobernar». Es la misma que se hizo la controvertida foto, las pasadas navidades, cocinando un ágape con Otegi, en compañía del jeltzale Ortuzar y del líder de Podemos vasco. La imagen no pudo ser ni más humillante, ni más dañina para las víctimas de ETA; José María Múgica, hijo del líder socialista, Fernando –asesinado por la banda- abandonó la formación.

El histórico del PSE, Ramón Jáuregui, también se ha sumado al coro «la Sra. Chivite puede, y en mi opinión, debe presentar su candidatura a la presidencia de Navarra, haciendo del eje progresista su coordenada de pacto con las izquierdas navarras y con Geroa Bai. Esa coalición es mayoritaria sin que medie pacto alguno con Bildu…»

Jáuregui, además de cometer un error aritmético –sin Bildu no hay mayoría-, es un poco olvidadizo. Hace diez años, Patxi López no fue investido lehendekari ni con un eje progresista, ni con las izquierdas, sino con los votos del PP. Este apoyo no fue gratuito. Se formalizó en un pacto, con luz y taquígrafos, que se materializó con una foto con apretón de manos a cuatro: por el PSE Ares y Eguiguren; por el PP Oyarzábal y Barreda. En contraprestación el PP se llevó la Presidencia del Parlamento Vasco –Arantza Quiroga-.

No creo que los consejos del PSE estimulando la formación de un Gobierno Chivitestein sean desinteresados. Se me ocurren dos motivos: primero, sumar al hijo prodigo para hacerse más fuerte; segundo, continuar la luna de miel que disfruta con el PNV, apoyando a Geroa Bai en Navarra.

En definitiva, el PSE, al igual que el PNV, busca mandurrutear desde Bilbao la política navarra: los unos desde Sabin Etxea y los otros desde la Alameda de Rekalde.

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