Blog / El espejo de la historia

Sanjurjo (III – El golpista)

Por Javier Aliaga 25 octubre, 2016 - 22:54

Proponemos un hecho histórico para que el lector adivine si se trata o no de una falsedad.

Sanjurjo, a su derecha su hijo Justo, y a su izquierda de civil el general García de la Herrán, por las calles de Sevilla el 10 de agosto de 1932 .
Sanjurjo, a su derecha su hijo Justo, y a su izquierda de civil el general García de la Herrán, por las calles de Sevilla el 10 de agosto de 1932 .

Verdadero o falso:

La sublevación contra la II República del 10 de agosto de 1932 tuvo como objetivo la restauración del régimen monárquico, fue organizada y dirigida por el general Sanjurjo, de ahí que se denominó Sanjurjada.

EL COMPLOT

El mismo día de la proclamación de la II República, la conjura monárquica ya estaba en marcha. En enero de 1932 las dos ramas monárquicas alfonsinos y tradicionalistas, que se habían enfrentado en tres guerras civiles en el siglo XIX, se pusieron de acuerdo para poner fin a la República.

A medida que evolucionaba la legislación republicana -las leyes anticlericales, el Estatuto de Cataluña, la reforma agraria y la reforma del Ejército-, enemigos y desengañados del nuevo régimen se sumaban al complot. A lo que habría que añadir el hartazgo por el desorden callejero como consecuencia de los innumerables conflictos sociales y la persecución de “responsabilidades” de la época monárquica. Todo ello constituyó un caldo de cultivo para un golpe de Estado del que se rumoreaba constantemente en las tertulias de los cafés.

En este ambiente, no fue difícil incorporar a la conjura al dimitido director general de la Guardia Civil, general Sanjurjo al que jaleaban, según escribe su ayudante Esteban-Infantes: «Amigos y simples conocidos se le acercaban para preguntarle ¿Cuándo se subleva usted, mi General?»

Pedro Sainz Rodríguez, empedernido conspirador contra la República –involucrado también en el golpe de 1936 y ministro de Franco-, era el que organizaba los contactos de los conjurados en una platea del Teatro de la Comedia, en cuyo antepalco, según Enrique Sacadell, el general Sanjurjo saciaba sus «inextinguibles ardores sexuales» «con alguna ebúrnea dama»

Los mandos rebeldes eran: en Madrid, el general Barrera –el más antiguo en activo- presidente de la Junta, con apoyo del general Fernández Pérez; en Valladolid, el general Ponte, apoyado por grupos de Onésimo Redondo; en Granada el general González Carrasco; en Cádiz, el coronel Varela; en Sevilla, el general Sanjurjo; en Pamplona, Joaquín Baleztena con 6.000 requetés bajo las órdenes del coronel retirado Sanz de Larín.

Días antes de la sublevación, en una finca del duque del Infantado, se reúnen los cabecillas, entre ellos Sanjurjo, que es partidario de posponer la fecha del alzamiento; pero mantienen los planes pues los trámites parlamentarios del Estatuto catalán van rápidos y debían actuar antes de su aprobación.

Tal vez la difusión desmedida del plan para captar adeptos propició que el golpe acabara siendo de dominio público, consecuentemente el Gobierno estaba plenamente informado; sin embargo, en vez de impedirlo, dejó que evolucionase para pillarlos in fraganti. Los detalles del plan los proporciona en víspera del alzamiento, la amante -algunos historiadores la tildan de prostituta- de un capitán que confiesa con la esperanza de salvar la vida de su amado.

Por tanto, Azaña conocía los pormenores de la asonada, el día (10 de agosto de 1932), la hora (las 4 de la madrugada) y la mayoría de los conjurados, tal como escribe en sus memorias: «La fuerza principal se compone de oficiales retirados, pero creen contar con algunas unidades de la guarnición de Madrid. Tienen, respecto de mi persona, las peores intenciones. (Dios se lo pague.) No suena el nombre de Sanjurjo

Madrid, madrugada del 10 de agosto de 1932

El presidente del Gobierno Azaña desde el ministerio de la Guerra, es testigo de la neutralización -bajo el mando del director de Seguridad Menéndez- de las primeras acciones rebeldes. La primera en el Palacio de Buenavista, sede del Ministerio de la Guerra y residencia de Azaña, donde los rebeldes habían planeado acceder al interior por un lateral con la colaboración de un cómplice, para detener o secuestrar al presidente. Cuando la treintena de insurrectos –en su mayoría retirados- se aproximan a la puerta, Menéndez y la tropa abren fuego contra ellos.

El segundo objetivo fue el Palacio de Comunicaciones, pero los guardias civiles desarman a los sediciosos sin réplica de éstos. De todos los cuerpos comprometidos sólo salen a la calle los soldados del cuartel de la Remonta. Posteriormente, se desencadena un combate en el Paseo de Recoletos, con el resultado de ocho muertos entre oficiales y soldados rebeldes, así como un estudiante tradicionalista.

Sevilla 10 de agosto de 1932

Sanjurjo llegó a Sevilla en coche de madrugada, acompañado de su hijo Justo y de su ayudante Esteban-Infantes. En poco tiempo, sin tiros, ni víctimas, logró el control de la plaza y de la guarnición. A las ocho de la mañana por las calles, ya se estaba proclamando el bando –redactado por García de la Herrán- en el que Sanjurjo declara el estado de guerra, se constituye capitán general de Andalucía, destituye a las autoridades y finaliza: «Así como Dios me permitió llevar el Ejército español a la victoria en los campos africanos, ahorrando el derramamiento de sangre moza, confió en que también hoy me será permitido con mi actitud llevar la tranquilidad a muchos hogares humildes, y la paz a todos los espíritus. ¡Viva España única e inmortal!»

Sanjurjo mandó imprimir un largo manifiesto, en el que propone asumir el poder a través de una Junta provisional, disolver las Cortes por entender que son ilegítimas, y la celebración de unas nuevas elecciones. Cuando arenga a los oficiales insiste en que el movimiento es republicano como constata el mencionado manifiesto: «No venimos, sin embargo, a imponer un régimen político contra la República, sino a libertar a España de la alarma, que sólo en un año ha ocasionado daños tan gravísimos en lo material y en lo moral.»

También se emitió un manifiesto por radio aclarando que el movimiento no era monárquico. Al final del día, todo se desmorona cuando los oficiales comprometidos, sabiendo que en Madrid ha fracasado el golpe, y que se han enviado tropas a Sevilla, se niegan a combatir “contra sus hermanos de armas”; no quedaba más remedio que entregarse o huir.

La salida de Sevilla de Sanjurjo es surrealista, acompañado de su hijo, su ayudante y el general García de la Herrán toman un viejo “taxi” con destino a Huelva, les sigue un coche de escolta con guardias civiles. Esteban-Infantes escribe que Sanjurjo quiere entregarse en Huelva a otras autoridades, y que dijo: «De haber pensado en mi seguridad personal, medios tuve durante todo el día para prepararme tranquila y cómodamente el medio de salir de España; pero repito que mi deseo es sólo lo indispensable para llegar a Huelva

El “taxi” sufrió varias averías, pararon a la entrada de Huelva, en el momento que pasaba una pareja de guardias de Seguridad, uno de ellos, al reconocer al general, carga y apunta con su fusil. Sanjurjo sin oposición se entrega, al mismo tiempo que le felicita. El guardia de seguridad contó la escena a la prensa: cuando todos subieron al automóvil, Sanjurjo visiblemente contrariado sacó la pistola, tuvieron la sensación de que intentaba suicidarse; su hijo, le obligó a entregársela, diciéndole «Déjate ya de tonterías.»

Pamplona el último cartucho y el rallye aéreo de Barrera

Fracasada la intentona golpista en Madrid su jefe, Emilio Barrera, inicia un rallye aéreo en la avioneta del excéntrico Juan Antonio Ansaldo, cuya primera etapa era Pamplona, en la esperanza de que se sublevasen los 6.000 requetés prometidos por Ignacio Baleztena. A la llegada, Barrera baja de la avioneta, disfrazado con un gran bigote, gafas de sol y sombrero de paja; durante varias horas forcejea con los tradicionalistas, sin lograr la rebelión navarra. Según escribe Gil Robles en “No fue posible la Paz”: «Doña María de las Nieves y don Alfonso Carlos se trasladaron, sin embargo, al pueblecito francés de Ascain, próximo a San Juan de Luz, para seguir de cerca las incidencias del movimiento

Entretanto Ansaldo vuela a Biarritz para conseguir un avión mejor. A la mañana siguiente parten a la vez un avión inglés y Ansaldo en su avioneta, pero el inglés se vuelve por la dificultad meteorológica al cruzar los Pirineos. Como no llega el inglés, Barrera pone rumbo a Madrid en la avioneta de Ansaldo, repostan y siguen a Sevilla, donde comprueban que la sublevación de Sanjurjo ha fracasado, observando las columnas de humo de los edificios quemados –casa Esquivel, casa Luca de Tena, Círculo Mercantil, Circulo de Labradores, Unión Comercial, Nuevo Casino, Imprenta Blanco, ABC, iglesia de San Ildefonso- por las turbas como protesta al levantamiento.

En el aeródromo de Tablada, hay un gran movimiento militar que les prohíbe repostar, consiguen algo de combustible de otro aparato para volar hacia Madrid. Hacen una escala al anochecer en un campo labrado de Córdoba. A la mañana siguiente consiguen gasolina y ponen rumbo a Madrid. Cuando van a tomar tierra, ven que la Guardia Civil ha tomado el aeropuerto, por lo que remontan vuelo, aterrizando, sin apenas combustible, en el campo de polo del Club Puerta de Hierro. Allí, les comunican que los periódicos han dado la noticia de que un avión fantasma pilotado por Ansaldo lleva a bordo al general faccioso. A la vista de la situación se separan, Barrera con dificultades va cambiando de refugios hasta alcanzar la frontera de Francia, mientras que Ansaldo, tras repostar, vuela en su “cacharro” a Biarritz.

En el próximo artículo responderemos a la pregunta planteada. No se lo pierda.

  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Sanjurjo (III – El golpista)