Blog / El espejo de la historia

Sanjurjo (II – La destitución)

Por Javier Aliaga 13 octubre, 2016 - 7:45

Proponemos un hecho histórico para que el lector adivine si se trata o no de una falsedad.

El presidente del Gobierno Azaña y el general Sanjurjo.
El presidente del Gobierno Azaña y el general Sanjurjo.

Verdadero o falso:

A pesar de su actuación en el advenimiento de la II República, los republicanos siempre tuvieron a Sanjurjo estigmatizado por haber dado su apoyo al golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923; en consecuencia, aprovecharon los sucesos de Castilblanco para destituirlo de la Dirección General de la Guardia Civil.

El ocaso del Sanjurjo republicano

En el pequeño pueblo extremeño de Castilblanco, el último día de 1931, tras una manifestación convocada por la UGT en protesta por la asignación de una ayuda municipal, resultaron brutalmente asesinados cuatro guardias civiles y un paisano.

Dos días más tarde, “El Socialista”, periódico oficial del partido socialista, esboza una explicación de los sangrientos sucesos: «A lo que parece, los guardias civiles, al ver llegar la manifestación a la Casa del Pueblo, dispararon sobre ella, sin que se hubiesen cambiado frases entre la fuerza y los obreros… se arrojaron sobre ellos, produciéndose así la colisión de la que resultaron muertos los tres agentes de la guardia civil y el cabo de la misma y el obrero Manuel Flores.»

 Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, desplazado in situ, explicó a la prensa, que era una “salvajada sin nombre”; detalló que al no estar autorizada la manifestación, el cabo pretendió disuadir a los manifestantes de su actitud, «apenas se acercó a los primeros manifestantes fue recibido a tiros… Uno de los guardias, ya herido y en el suelo, logró disparar su fusil y mató a uno de los revoltosos.» El general se mostró impresionado al ver los cuerpos, sólo en Monte Arruit había visto cadáveres humanos así mutilados, le confesaron que «muchas mujeres bailaron ante los cadáveres.»

La nota oficial fue categórica: «Los ojos no existen, los dientes han desaparecido como consecuencia de los inhumanos golpes recibidos. Los cráneos destrozados dejan salir la masa encefálica y son, en fin, los cuerpos despojos acribillados y finalmente machacados con piedras.»

El ayudante de Sanjurjo añadió que lo ocurrido, según los vecinos, «se debe a la presencia de gente extremista en el pueblo, que les había predicado que la revolución tenía que culminar en el reparto social, para lo cual era preciso hacer desaparecer a la Guardia Civil.»

A través de la prensa, se fueron conociendo más datos de Castilblanco, éste era un claro ejemplo de pueblo sometido al caciquismo, el ayuntamiento se había constituido conforme al artículo 29 –sin votaciones por haber una sola candidatura-. El día sangriento, el alcalde había conminado al cabo de la Guardia Civil, brutalmente asesinado, para que disolviera la manifestación.

El día 5 de enero “El Sol” de Madrid publica unas declaraciones “incendiarias” de Sanjurjo: «la tragedia de Castilblanco no había sido originada por el hambre, que, por lo tanto, había que considerarla como un hecho político debido a la propaganda subversiva que se volcaba por el campo extremeño.»

El periodista le pregunta como mucha habilidad: «-Se achacan a usted unas declaraciones que pueden calificarse de sensacionalistas. Se asegura que usted esta mañana se lamentaba de que las Cortes constituyentes hayan admitido en el seno del Congreso a una mujer que como Margarita Nelken, tiene montada una verdadera oficina de información, en la que se reciben todas las acusaciones que se quieren lanzar contra la Guardia Civil; y también que usted considera lamentabilísimo que la señorita Nelken haya ido a las Cortes, por ser extranjera, y de una raza que tan perfectamente sabe organizar el espionaje.

»-¿Eso es todo?

»-Así parece.

»-Pues no tengo nada que rectificar.»

Recordemos que Margarita Nelken era española, nacida en Madrid, de padres judíos de descendientes alemanes, diputada a Cortes del partido socialista por Badajoz; y que el PSOE constituía la minoría más amplia en el Parlamento, con tres ministros en el Gobierno. Estas manifestaciones racistas de Sanjurjo eran respuesta a un artículo, publicado dos días antes, en “El Socialista”, firmado por Nelken, que entre otras cuestiones indicaba:

«Todos los conflictos surgidos en Extremadura entre la guardia civil y los trabajadores tienen la misma causa inicial: el hambre. Y en todos estos conflictos, el trabajador sin trabajo frente a la tierra sin labrar, el recolector de aceituna sin jornal frente a las aceitunas echadas a los cerdos, encuentra frente a su hambre…

»La guardia civil, que le detiene por robar bellotas, aun cuando las robe a quienes primero robaron, ya que la mayoría de las propiedades de Extremadura no tienen sus términos en consonancia con el título de propiedad; la guardia civil, que les ametralla por entrar a robar bellotas en terrenos que con frecuencia eran del pueblo… la guardia civil, que sigue ostensiblemente, fehacientemente, defendiendo un orden que no es el de todos, sino el de unos cuantos.»

El mismo día 5, el jefe del Gobierno, Azaña escribió es sus memorias: «El extremismo republicano revolucionario, representado por algunas cabezas duras y algunos temperamentos rabiosos, viene haciendo campaña contra la Guardia civil, contra su jefe, el general Sanjurjo, lo hacen sin tino y a destiempo, sin percatarse del daño que hacen, por más que algunos llevan esa campaña precisamente porque saben el mal que causan.

»En el Consejo… Naturalmente se ha hablado de Sanjurjo, a quien los de un bando y de otro se empeñan en convertir en un personaje temible. Sanjurjo ha ido al lugar del suceso y ha dicho algunas cosas inoportunas. Ha hablado de las propagandas socialistas, ha señalado a la Nelken y a otros militantes, ha hablado de la justicia que se debe a la Guardia civil, etcétera. Telegrafían del extranjero unas declaraciones de Sanjurjo indiscretas e imprudentes.

»Cuando el ministro de la Gobernación -Casares Quiroga­- fue a Badajoz, para asistir al entierro de los guardias, Sanjurjo no acudió a recibirlo.

»Todo esto exige la remoción de Sanjurjo, pero como entreví, al recibir la noticia de Castilblanco en Cádiz, el suceso mismo dificulta la remoción, que tomaría unas proporciones extraordinarias y peligrosas.

»A las extralimitaciones verbales de Sanjurjo, se junta, para calmar los ánimos, las de los socialistas y extremistas. Hay quien pretende justificar el asesinato de los guardias con la historia negra de la Guardia civil.»

Para Azaña, Margarita Nelken no es “santade su devoción, escribe en su cuaderno: «La Nelken, que es diputado por Badajoz, se ha entrometido en esto. Escribe un artículo o hace declaraciones diciendo que “¡quién sabe lo que había pasado antes del suceso!”

 »Esto de que la Nelken opine de cosas de política, me saca de quicio. Es la indiscreción en persona

»Se necesita vanidad y ambición para pasar por todo lo que ha pasado la Nelken hasta conseguir sentarse en el Congreso».

Los sucesos de Castilblanco y Arnedo en las Cortes

El 5 enero en el pleno de las Cortes se cuestiona con acritud la labor de la Guardia Civil en Castilblanco, pero es Azaña quien defiende al Cuerpo: «Permitidme que exprese mi asombro… Cualquiera diría que en Castilblanco ha sido la Guardia Civil quien se ha excedido en el cumplimiento de su deber, y no deja de pasmarme que cuando cuatro infelices guardias han perecido en el cumplimiento de su obligación se ponga precisamente a discusión el prestigio del Instituto, como si hubieran sido estos guardias, no los muertos, sino los matadores… me hace barruntar que quizá anden por ahí sueltas algunas pasiones torcidas que aprovechan cualquier momento y pretexto para buscar una situación difícil, no sólo a la Guardia Civil, sino al Gobierno; es decir, no sólo al Gobierno, sino a la República.»

Cuando todo parecía haberse calmado con el discurso de Azaña, al acabar la sesión, llegaron noticias de Arnedo -entonces provincia de Logroño-, seis personas (cuatro mujeres, un niño y un hombre) habían muerto en el curso de una manifestación, días más tarde fallecerían cinco de los heridos en el hospital. Muy probablemente los guardias civiles, temiendo un suceso similar a Castilblanco, dispararon contra los manifestantes.

Al día siguiente, Azaña escribe en su diario: «El clamoreo contra la Guardia civil por la atrocidad de Arnedo es atronador; republicanos y socialistas están furiosos… Ahora los enemigos de la Guardia civil tienen argumento impresionante. Y como los socialistas están indignados y pretendían interpelar al Gobierno, la situación iba a ser delicada para unos y otros.» El presidente narra que aquella mañana había recibido la visita de Largo Caballero, para transmitirle que los ministros socialistas estaban dispuestos a dimitir si ello facilitaba la solución.

Por la tarde en las Cortes, Sanjurjo era la presa y la izquierda no estaba dispuesta a soltarla. Interviene Lluhi de la Esquerra Republicana de Catalunya: «Es intolerable que la Guardia Civil esté regida por procedimientos y métodos en pugna con nuestro régimen republicano. Creemos también que el armamento de la Guardia Civil es desproporcionado… Tenemos que declarar también que hemos visto con disgusto las manifestaciones del general Sanjurjo y que nos unimos al dolor general por las víctimas de Arnedo», finalizó protestando de las palabras del general Sanjurjo contra la señora Nelken.

El diputado Balbotín del partido radical-socialista, posteriormente comunista, se une a la protesta: «La Guardia Civil no puede ser garantía de orden público, por su psicología monárquica, por su impopularidad. Y yo siempre estaré al lado de los campesinos y en contra de la Guardia CivilAhí están los crímenes cometidos por la fuerza pública al servicio de la monarquía, y ahí están también los cadáveres de Galán y García Hernández, asesinados por la imposición de Sanjurjo, que debía estar en la cárcel, en vez de estar al frente de la Guardia Civil.»

Al igual que el día anterior, Azaña tiene que intervenir para apagar el fuego: «un Gobierno no critica las instituciones del Estado, cuando una institución del Estado no funciona bien; el Gobierno no la crítica, lo que hace es reformarla… si dentro del Instituto de la Guardia Civil, alguien, o varios, se exceden en el cumplimiento de su obligación, faltan a las leyes o a los reglamentos que están obligados a obedecer, la responsabilidad personal recaerá sobre los infractores de las leyes y de los reglamentos, fríamente, serenamente.»

Azaña sale en defensa de Sanjurjo: «No se puede admitir, señores diputados yo lo rechazo de la manera más terminante y enérgica que a un funcionario, más expuesto a la censura y a la crítica apasionada cuanto más alto esté, se le arrojen calificativos como los que el Sr. Balbontin se ha permitido arrojar sobre la cabeza de un general que dirige la Guardia Civil. Es inexacto, totalmente inexacto, que en el Instituto de la Guardia Civil predomine un espíritu de hostilidad a la República; eso es una fantasía; no se conoce a la Guardia Civil cuando se dicen tales cosas. La Guardia Civil tiene, por espíritu del Instituto, la obediencia ciega al Poder constituido, y lo mismo que obedeció ciegamente a la monarquía, obedece hoy ciegamente a la República.»

«El Gobierno ratifica sus declaraciones de ayer... rechaza todo género de insinuaciones que tiendan a presentar a un Instituto del Estado en situación de desafecto con la República, y mantiene la autoridad plena del Gobierno y del ministro de la Guerra, sobre todo, en las personas que están a su mando.»

Sobre este discurso, el propio Azaña en sus memorias dice: «El discurso ha sido mejor que el de ayer. Hoy me han aplaudido hasta los radicales.»

La destitución de Sanjurjo

Azaña ya había decidido la destitución de Sanjurjo cuando le llama el 8 de enero de 1932 al ministerio de la Guerra, según se refleja en su cuaderno: «Esta decisión era necesaria, y no la he puesto en práctica porque los “jabalíes” –se refiere al grupo de Balbotín- de las Cortes han vociferado contra Sanjurjo.»

También refleja la situación del general: «el relevo de Sanjurjo, hasta hace unos días, no era de compromiso, aunque a él no le gustase, porque a los ojos de la opinión, su amor propio no padecía. Ahora, se sentirá lastimado, y por pundonor querrá sumarse al sentir de la Guardia civil, para que no parezca que la abandona cuando es atacada… hay que quitar a Sanjurjo de donde está.»

En la entrevista repasan varios temas. Sanjurjo le cuenta su viaje a Badajoz, muestra su obsesión contra los socialistas: «Hay muchos ayuntamientos socialistas en los que se ha metido lo peor de cada casa. Gente “indeseable” que fomenta el desorden, amedrenta a los propietarios, causa daños en las propiedades y ha de chocar necesariamente con la Guardia civil. Los socialistas, dice, no deberían estar en el Gobierno, porque su presencia alienta a los que favorecen los desmanes.»

Seguidamente Azaña desvela que quiere destinarlo a la Dirección de Carabineros, la noticia le produce impresión y disgusto. El dialogo lo describe en sus memorias:

 »-¿No le gusta a usted?

»-No, señor ministro. No me gusta.

»-¿Qué le gusta a usted?

»-Ya que me lo pregunta, le diré, con todo respeto, que sólo me gusta la dirección de la Guardia civil.

»-No me dijo usted eso hace un mes, cuando quisimos nombrarle para el Cuarto militar.

»-Sí. Pero ahora usted me destituye

»-No es eso. Le cambio de destino. Si yo no tuviera confianza en usted, lo dejaría disponible, como están otros generales de quienes no me fío

»-Las circunstancias harán que, aunque usted no quiera, todo el mundo diga que me destituye.

»El general estaba muy emocionado, y se le saltó una lágrima.

Sanjurjo le contesta: «Yo le serviré a usted en la Dirección de Carabineros con la misma lealtad que en la de la Guardia civil; pero…»

Continua la conversación en un tono afectuoso, «me asegura que siente por mí una gran simpatía, y que así lo dice en todas partes… Respecto a su conducta declara que nunca ha pensado en aventuras; confiesa que le incitan a ello, pero a todos responde que le dejen en paz y aconseja obediencia. “Yo no tengo ambición –añade-, y, además, a pesar de mi aspecto no tengo salud, y el día menos pensado reventaré”.»

«Después ha insistido en lo doloroso que es sustituirlo en estas circunstancias.

»-Bueno: lo aplazaré por unos días, si usted me ofrece no decir a nadie lo que hemos hablado.

»-Lo prometo.

»Ya de pie, él un poco azarado (se abotona y desabotona muchas veces la americana), yo muy cortés, me dice:

»-Yo a usted le quiero mucho como Manuel Azaña.

»-¿Cómo ministro, no?

»-Como ministro me trata usted mal.

»Le he despedido en la puerta de mi despacho.»

Sanjurjo incumplió su promesa, como queda constancia en el libro del líder radical LerrouxLa pequeña Historia”: «El General fue a visitarme a mi casa de San Rafael, me dio cuenta y me pidió consejo. Él se inclinaba a rechazar la Dirección de Carabineros, porque era una compensación que no necesitaba. Yo le aconsejé que la aceptara. Sería una demostración de acatamiento

Aquel mes de enero los desordenes con ataques a la Guardia Civil, se prodigaron a lo largo y ancho de la geografía: Zalamea de la Serena, Epila, Carabanchel, Villaverde, Alcalá de Henares, Bermeo y muchos más. El día 17, en Bilbao tras un mitin tradicionalista, se produjo un enfrentamiento con cuatro muertos republicanos y socialistas. Sin embargo, lo más grave acaeció con la huelga revolucionaria en la cuenca del Llobregat, para sofocarla fue necesario la intervención del Ejército.

El 3 de febrero, Azaña se entrevista nuevamente con Sanjurjo para comunicarle que ya dispone del decreto firmado por el presidente de la Republica. El día 5 se publicó en la Gaceta de Madrid (N. 36) su nombramiento en la Dirección General de Carabineros y el cese en la Dirección General de la Guardia Civil, siendo sustituido por el general Cabanellas.

Respuesta a la pregunta planteada

Conforme a todo lo expuesto, ni la animadversión hacía Sanjurjo, ni los hechos de Castilblanco fueron en sí mimos los desencadenantes de su destitución al frente del Benemérito Cuerpo. Lo que originó su relevo fueron las manifestaciones contra Margarita Nelken y por ende a los socialistas. Azaña si quería evitar una crisis de Gobierno, no tenía más remedio que sustituir a Sanjurjo como director de la Guardia Civil.

Ahondando en esto, el hagiógrafo y ayudante de Sanjurjo, Emilio Esteban-Infantes, describe en su libro “General Sanjurjo (Un laureado en el penal del Dueso)” sobre las declaraciones de su general con ocasión del entierro de los guardias civiles víctimas de Castilblanco: «Estas declaraciones dieron lugar a una ofensiva de Margarita Nelken, y probablemente a la destitución de Sanjurjo un mes más tarde.» Por lo cual, la respuesta al hecho inicial que se propone, es falso.

No piense el lector que esta destitución fue baladí, porque tuvo graves consecuencias en la Historia, pero eso es parte del siguiente artículo. No se lo pierda.

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