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Referéndum: república o monarquía

Por Javier Aliaga 29 agosto, 2020 - 9:05

Izquierda Unida propone el cambio a un régimen republicano mediante un referéndum. Contrasta con las dos repúblicas españolas que no celebraron referéndum, ni antes, ni después de la proclamación.

Alberto Garzón toma posesión como nuevo ministro en el Gobierno de Pedro Sánchez prometiendo lealtad al Rey. ARCHIVO
Alberto Garzón toma posesión como nuevo ministro en el Gobierno de Pedro Sánchez prometiendo lealtad al Rey. ARCHIVO

Los presuntos delitos financieros cometidos por Juan Carlos I han dado lugar a una furibunda campaña mediática, que sin atender a la más elemental presunción de inocencia, ha juzgado y condenado los hechos de forma implacable. Sin anticipar acontecimientos, la justicia, más tarde que pronto, determinará si el emérito es demérito; por el momento, el Supremo ha desestimado adoptar medidas cautelares –retirada del pasaporte y prohibición de salir del país- contra el monarca. Este movimiento de desprestigio al Borbón es en realidad una carga de profundidad al régimen del 78.

Efectivamente, el ariete tradicional para la demolición de la monarquía ha sido Izquierda Unida –lo hizo desde la oposición con la abdicación en 2014 y ahora en el Gobierno de coalición-, proponiendo un utópico referéndum entre monarquía o república. Los comunistas bien saben que un proceso constituyente no nace, ni se resuelve con un referéndum. Es como empezar la casa por el tejado. Con ello hacen mella en la en la opinión pública, dando la matraca para captar votos de incautos.

El principal argumento esgrimido por los izquierdosos contra la Transición, es que no hubo un referéndum para elegir el régimen. Cierto, pero hubo dos plebiscitos: uno en diciembre de 1976 en el que se aceptó ampliamente, con un 94,1%, la Ley de Reforma Política; y otro, a los dos años, para refrendar la Constitución indisoluble con una monarquía parlamentaria, aquel all-in-one fue aceptado por la ciudadanía con un 87,8% -los navarros votaron afirmativamente en un 76,4%-.

La discrepancia comunistoide no resta legitimidad al régimen del 78, sobre todo si hacemos una comparación histórica con las dos repúblicas. Ninguna de ellas fue paradigma de la democracia: no celebraron referéndum, ni antes, ni después de la proclamación republicana.

En efecto, la primera República fue proclamada en Asamblea Nacional -sesión conjunta del Congreso y Senado-, el 11 de febrero de 1873, previamente se había leído el manifiesto de Amadeo de Saboya renunciando a la Corona española. Con aquella proclamación las Cortes trasgredieron varios artículos de la Constitución monárquica de 1869. Durante el efímero régimen republicano de 11 meses, tampoco se llegó a aprobar una constitución federal, ni se sometió a consulta popular el nuevo régimen.

La Gaceta de Madrid del 12 de febrero de 1873 publicó la proclamación de la República.

La otra república, la segunda, llegó después de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Los republicanos han creado la leyenda urbana de que aquellos comicios tuvieron un carácter plebiscitario. Al día siguiente lo único que se sabía es que la Conjunción republicano-socialista había ganado ampliamente en la mayoría de las capitales de provincia –en Pamplona triunfó la candidatura Jaimista-. Sin llegar a conocerse el escrutinio definitivo, se proclamó la II República.

Lo peor fue que nunca interesó dar a conocer los resultados de aquellos comicios municipales. Con los años se supo que los concejales monárquicos (40.000) superaron a los antimonárquicos (36.000). Unos y otros han batallado por expresar el resultado en número de ediles municipales. Sin embargo, ese balance no es válido como plebiscito, pues quebranta el principio democrático del referéndum en el que una persona aporta un voto, cometiendo una doble irregularidad, tanto en lo cuantitativo, como en lo cualitativo.

En lo cuantitativo, si ya de por sí deducir el número de votantes de cada opción es harto complicado –no todo era blanco o negro-, sería imposible en el caso de las poblaciones a las que se aplicó el artículo 29 de designación directa. En lo cualitativo, un concejal de un pueblo podía ser elegido con unas decenas de votos, mientras que en las grandes capitales la elección de un concejal suponía varios miles de votos. Además el sufragio universal era de chiste, el voto sólo estaba reservado a varones mayores de 25 años. Por tanto, sostener que las elecciones municipales de 1931 fueron un plebiscito, es una burla a la democracia.

Tras el advenimiento republicano, el Gobierno provisional convocó elecciones constitucionales que las ganó la Conjunción republicano-socialista. Aquella mayoría aplicó el rodillo parlamentario, sin dar la más mínima concesión a las minorías en la redacción de la Constitución; la cual tampoco fue refrendada en referéndum. Como gran diferencia, la Constitución de 1978, fue producto del consenso entre la mayoría de las fuerzas políticas, entre ellas, el Partido Comunista de España (PCE) germen mayoritario de Izquierda Unida.

He aquí una de las clamorosas incoherencias de los comunistas. Aprobaron la Constitución de 1978, monarquía parlamentaria incluida, para acabar desdiciéndose y criticando al régimen salido de la Transición, que, desde el punto de vista democrático, es impecable con respecto a las dos repúblicas.

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