Blog / El espejo de la historia

Navarra y la pandemia de gripe de 1918 (I)

Por Javier Aliaga 18 julio, 2018 - 8:57

En este primer artículo sobre el tema, el autor autor hace un repaso, a través de las crónicas de prensa, de lo sucedido en Navarra durante la pandemia de gripe 1918.

Primera página del ejemplar de El Sol del 28 de mayo de 1918, Madrid ya tenía 80.000 enfermos de gripe, entre ellos, el rey Alfonso XIII.
Primera página del ejemplar de El Sol del 28 de mayo de 1918, Madrid ya tenía 80.000 enfermos de gripe, entre ellos, el rey Alfonso XIII.

Hoy día cuando un fenómeno, bien sea político, económico o social, se difunde por todo el planeta, lo calificamos de global. Si una epidemia se globaliza recibe el nombre de pandemia, caso de la gripe de 1918; tan contagiosa como mortífera, que traspasó fronteras geográficas y jerarquías sociales para acabar siendo: la mayor hecatombe demográfica del siglo XX.

En efecto, teniendo en cuenta que la población mundial era de 1.800 millones de personas; más de la mitad, 1.000 millones, enfermaron; pereciendo, según autores, de 25 a 50 millones de seres humanos. El virus causante de aquella catástrofe no se propagó por redes sociales, ni por las incipientes líneas telefónicas, sino por contagio humano de persona a persona; es decir, como una vulgar gripe estacional.

Durante 4 años, la vieja Europa había sido devastada por dos jinetes de la Apocalipsis: uno, representativo de la guerra (la Gran Guerra del 14, de la que España no formó parte); y el otro, la muerte.

Este último, que en el siglo XIV había sido identificado como la peste (negra o bubónica), se transformó en pandemia de gripe, todavía más letal; manifestándose en tres oleadas: la primera en la primavera de 1918, la más benigna; la segunda en otoño, la más mortífera; y finalmente, en el primer trimestre de 1919. Entre las tres fases no llegaron a un año.

La primera oleada de gripe atacó especialmente al Madrid del chotis y el organillo, donde se detectaron los primeros casos tras los festejos de San Isidro del 15 mayo. La prensa insistía en que era benigna, denominándola, con ingenio y humor: la epidemia reinante, la enfermedad de moda, la fiebre de los tres días y soldado de Nápoles por ser tan pegadiza como la canción zarzuelera que sonaba por todos los rincones madrileños.

En aquella época la estructura sanitaria era deficitaria, no tenía un ministerio propio, la salud pública formaba parte del Ministerio de la Gobernación función delegada en las Juntas de Sanidad provinciales y municipales.

El tono jocoso que había suscitado la enfermedad en sus inicios finalizó el 28 de mayo, a raíz del panorama poco halagüeño que presentaba la prensa. Aquel día, el diario El Sol tituló su portada «En Madrid hay 80.000 atacados. S.M. El Rey enfermo». Efectivamente, el monarca y parte del Consejo de Ministros se encontraban en cama aquejados por la enfermedad. La noticia atravesó fronteras publicándose, aquel mismo día, en la prensa europea.

Así por ejemplo, periódicos franceses como, Le Journal, Le Petit Journal o La Croix, incluyeron en páginas interiores la crónica de la epidemia en España; téngase en cuenta que sus portadas estaban dedicadas al conflicto bélico con los alemanes, que a poco más de 100 km de Paris, bombardeaban sus suburbios con cañones de gran calibre como el Pariser Kanonen.

En Navarra para hacer frente a una posible epidemia, el 29 de mayo, se reunieron el alcalde de Pamplona, Javier Arraiza y el inspector provincial de Sanidad, Dr. Manuel Jimeno. El alcalde carlista emitió una circular para la fumigación de establecimientos públicos y otras disposiciones relativas a la desinfección y el riego de calles.

A su vez, el inspector provincial, publicó un comunicado en prensa confirmando, con acierto, que era «grippe» (graficada a la francesa); aconsejando medidas preventivas como: «evitar el abuso de alimentos y bebidas»; «defensa del aparato respiratorio» y «cambios bruscos de temperatura»; no respirar «aire denso y confinado de los establecimientos de reunión colectiva»; procurar «la limpieza extrema de la boca y fosas nasales» y «un régimen higiénico». Jimeno concluye su escrito reconociendo la inexistencia de «medio profiláctico o preventivo», y de «suero o vacuna que conceda inmunidad»

Entretanto la epidemia se difundía con rapidez, como reflejaba El Sol del 30 de mayo «La epidemia ha invadido toda España». En Madrid la preocupación por la enfermedad crecía a medida que se incrementaban los enfermos.

El uno de junio, el artículo de El Heraldo de Madrid titulado «Aumenta la mortalidad en Madrid», describe la situación: «Hace tres días hablábase de que la cifra de los atacados pasaba de 80.000; después se dijo que ascendía a 125.000, y ahora se afirma que se eleva a 250.000. En realidad, puede afirmarse que todo Madrid es víctima de la enfermedad reinante». Los teatros suspendieron las funciones, mientras Correos y Telégrafos, quedaban casi paralizados por falta de personal.

A pesar de que la gripe se propagó por toda Europa, la prensa de España -país no beligerante- informaba abiertamente de la enfermedad, no así en Francia debido a la censura. Transmitían todo tipo de rumores, como por ejemplo que para los franceses, por su constitución, la gripe era benigna, no para las tropas alemanas que eran castigadas con severidad; otro de ellos, según Becker en Lahaie, «la enfermedad había sido originada por conservas procedentes de España en las cuales los agentes alemanes habrían introducido bacilos patógenos.»

De todos modos, parece ser que los periodistas británicos fueron los artífices de ponernos el sambenito como una prolongación de la Leyenda Negra, denominándola como Lady Spanish y Spanish Flu; finalmente, la Royal Academy of Medicine británica la bautizó Spanish Influenza o gripe española, nombre con el que se perpetuaría en la historia.

Esta primera oleada gripal pasó sin gran transcendencia por Navarra, cuya tasa de mortalidad por gripe en junio, según la Dra. Echeverri en “La Gripe Española. La pandemia de 1918-1919” fue de 0,69‰ (tanto por mil), inferior a otras provincias, como por ejemplo en Madrid con una tasa de 3.21‰. Jesús Ramos en “La pandemia de gripe de 1918 en Pamplona” describe que en la capital fallecieron por gripe en la época primaveral, 15 personas una tasa de 0,459 ‰.

LA SEGUNDA OLEADA

Lo peor llegó con la segunda oleada gripe, pues el virus que ya era altamente contagioso, sin dejar de serlo, mutó convirtiéndose en extremadamente virulento, hasta el punto que el microbiólogo Patrick Berche del Hospital Necker (París) evalúa era «10.000 veces más virulento que la cepa H1N1 que circuló en 2005». Lo cual explica los efectos demoledores en la población.

En Navarra el primer brote epidémico de esta oleada estalló, a primeros de septiembre, en Goizueta con 200 afectados. Muy posiblemente por su proximidad a la frontera de Irún, donde ya se había declarado la epidemia proveniente de los trenes franceses que transportaban trabajadores portugueses. El gobernador civil Luis M. Queipo y el inspector provincial, Dr. Jimeno, se desplazaron a la localidad donde comprobaron que habían fallecido seis personas, por lo que no se dio mayor transcendencia al asunto.

En aquellos días se cerró la frontera de Irún por las noches para ser reabierta por la mañana, se habilitaron unos pabellones para alojar a los enfermos de gripe. Los viajeros que llegaban eran sometidos a reconocimiento y sus equipajes desinfectados; los enfermos extranjeros eran obligados a regresar a Hendaya.

La Acción informó el 13 de septiembre sobre las medidas tomadas por el Ministerio de la Gobernación en las fronteras con Francia, estableciendo dos tipos de estaciones: las de primera (Irún y Port-Bou) y las de segunda como las navarras (Dancharinea, Vera de Bidasoa y Valcarlos). «Todas las estaciones –añade el rotativo- están dotadas de médicos, estufas de desinfección por vapor, pulverizadores, personal de maquinistas y desinfectores y cuantos elementos son necesarios para su funcionamiento

No obstante, en aquellas fechas la atención de la prensa nacional se centró principalmente en los focos epidémicos de las localidades murcianas de Lorca y Águilas con miles de afectados y en la almeriense de Purchena. La  confusión era enorme pues en las provincias de Castellón, Valencia y Alicante se especulaba si la epidemia era tifus o paludismo.

En el Boletín Oficial de Navarra (BON) del 16 de septiembre, el gobernador civil, publicó una circular sanitaria instando a los Alcaldes de la provincia a comunicar «la aparición de casos de gripe; cuantía e importancia», advirtiendo que los incumplimientos «serán severamente castigados». Dos días más tarde se registraron en Pamplona las primeras víctimas mortales de la enfermedad, detectándose un foco epidémico en el cuartel militar. Consecuentemente, la Alcaldía dictó medidas para la limpieza de cuadras, bajeras y patios.

  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Navarra y la pandemia de gripe de 1918 (I)