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Blog / El espejo de la historia

Militaradas, en el aniversario del 23-F

Por Javier Aliaga 23 febrero, 2016 - 0:00

Proponemos un hecho histórico para que el lector adivine si se trata o no de una falsedad.

Verdadero o falso:

Tanto los prolegómenos, como la proclamación de la II República Española estuvieron exentos del fenómeno del golpismo militar.

Sublevación, levantamiento, alzamiento, rebelión, motín, cuartelada, sedición, asonada, insurrección, pronunciamiento, militarada, etc. El diccionario del castellano es especialmente prolífico en términos que determinan la intervención del Ejército o la Armada en contra del orden establecido.

Buena parte de la Historia de España de los siglos XIX y XX es chusquera, escrita con toque de corneta. Hace dos siglos, aparte de las guerras civiles y las coloniales, podemos contar medio centenar de militaradas en las que el Ejército provocó algún tipo de intervención.

A su vez, la mitad del siglo pasado, transcurrió prácticamente con dos regímenes dictatoriales militares: uno de seis años y medio -el del general Primo de Rivera- y el otro de casi 40 años –el del general Franco-. Fallecido el último dictador, durante la transición democrática, el acoso implacable del terrorismo etarra a las Fuerzas Armadas, intentaba provocar el llamado “ruido de sables” y consecuentemente, la desestabilización del país.

Finalmente, un 23 de febrero de hace 35 años, se produjo la última militarada. A raíz del cual, se incorporó a la cultura popular -que no a la RAE-, el término “tejerazo” con el que designamos aquel bochornoso intento de golpe de estado.

Cuando hablamos de Tejero inevitablemente nos recuerda la figura de un coronel de la Guardia Civil, con bigote profuso y tricornio, pistola en mano, pegando tiros en el Congreso de los Diputados, donde hoy la mediática Carolina Bescansa con su niño, reivindica no sé exactamente qué.

El “tejerazo” pasó a nuestra triste Historia, por ser la primera sublevación retrasmitida, en vivo y en directo, a través de radio y televisión. Quedaron para la posterioridad las imágenes de un imperturbable Suárez y de un zarandeado Gutiérrez Mellado. En aquella “noche de los transistores” el “Butanito”-José María García-, retransmitió el partido en el que la democracia española se jugaba su descenso de categoría, afortunadamente la confrontación acabó bien.

El “tejerazo” constituye, por tanto, el último capítulo de una transición que actualmente muchos políticos menosprecian y anhelan rehacer.

Por todo ello, una sublevación militar, para buena parte de los advenedizos republicanos, es algo trasnochado, que asimilan a la derecha reaccionaria, porque están en la ilusa creencia que la proclamación de la II República Española, el 14 de abril de 1931 fue civilizada, sin insurrecciones militares. Lo cual no es del todo cierto, ya que cinco meses antes, en diciembre de 1930 con la “dictablanda” del General Berenguer, a falta de uno, hubo dos alzamientos del ejército monárquico en favor de la República.

LEVANTAMIENTO DE JACA

El primero, se produjo el 12 de diciembre en Jaca. El golpe militar se había programado en toda España para esa fecha en combinación con una serie de huelgas generales, pero a última hora se postergó al día 15. Una falta de coordinación impidió comunicar a tiempo, el cambio de fecha a la guarnición de Jaca, que en su ignorancia, se sublevó.

Al frente del levantamiento se encontraba el capitán Fermín Galán, un golpista experimentado, que ya había estado involucrado en la sublevación de la Sanjuanada de 1926 contra el régimen de Primo de Rivera, por la que cumplió tres años de prisión en Montjuich.

Nadie piense que lo de Jaca fue light. Desde el principio, Galán no se anduvo con chiquitas, declaró la República y en colaboración con civiles nombró una Junta Provisional Republicana, firmando una proclama explicita y contundente: «Todo aquel que se oponga de palabra o por escrito, que conspire o haga armas contra la República naciente será fusilado sin formación de causa».

Seguidamente, sin salir de Jaca se produjo un enfrentamiento en el que mueren dos carabineros, en otro altercado con la Guardia Civil, muere un sargento de este cuerpo. Sin saber exactamente lo que estaba pasando, pues las comunicaciones con Jaca se habían cortado, se envían tres columnas militares hacía Jaca partiendo de: Huesca, Zaragoza y Pamplona –esta última llegó a la noche cuando todo había acabado-.

Los rebeldes iniciaron una marcha hacía Huesca, el gobernador militar salió al encuentro de éstos, en un intento de parar la revuelta, muere un capitán de la Guardia Civil, resultando herido el propio gobernador. En las cercanías de Cillas, los sublevados son interceptados por el ejército leal, la refriega se salda con dos soldados rebeldes muertos y 25 heridos. Los cabecillas, capitanes Galán y García Hernández, sometidos a consejo de guerra sumarísimo, fueron fusilados dos días más tarde.

Ante los acontecimientos, el Gobierno Berenguer declara el estado de guerra en todo el territorio nacional y decreta la censura previa a los periódicos. Como consecuencia de la represión, pone tras las rejas a buena parte del Comité revolucionario proveniente del Pacto de San Sebastián de agosto de 1930. Los republicanos de Pamplona, aunque no habían tomado parte en los acontecimientos de Jaca, son también detenidos y encarcelados.

LEVANTAMIENTO DE CUATRO CAMINOS

El segundo alzamiento, tuvo lugar el día 15 de diciembre en el aeródromo militar de Cuatro Vientos en Madrid, con dos singulares protagonistas: el comandante Ramón Franco – el héroe del vuelo del Plus Ultra, hermano del dictador -, y el general Gonzalo Queipo de Llano –el que sería cabecilla del futuro golpe de julio del 36 en Sevilla contra la República-.

Tomaron el aeródromo y se hicieron con la radio desde la que proclamaron la República. Ramón Franco sobrevoló Madrid lanzando proclamas a favor de la República y amenazó con bombardear el Palacio Real. Dado que el Ejército no apoya la sublevación, cuando todo estaba perdido, tanto Queipo de Llano, como Franco, se exiliaron en avión a Portugal.

HUELGAS EN VARIAS CIUDADES

El día 15, en varias ciudades se celebraron huelgas pacíficas; mientras que en dos capitales los sucesos fueron especialmente graves: en San Sebastián, obreros armados con pistolas asaltaron el Gobierno Civil, así como la Central de Telégrafos y Correos, con el resultado de dos guardias muertos; en Santander, el ataque fue contra un cuartel, en el que murieron dos agresores.

DOS FRACASOS BIEN RENTABILIZADOS

La historiografía ha considerado los dos alzamientos, muy especialmente el de Jaca, como grandes fracasos en consonancia con las opiniones de los propios republicanos.

El general Queipo de Llano, en su exilio declaró a la prensa: «El fracaso de la revolución se debe a ese atolondrado Galán, que con su imprudencia e imprevisión desbarató todos nuestros bien estudiados planes… con su nerviosismo precipitaron los acontecimientos en forma deplorable». Alcalá Zamora –quien sería Presidente de la II República- declaró desde la Cárcel Modelo a un periodista francés: «anticiparon la hora H de la revolución y con ello pusieron en estado de alerta al Gobierno».

El que fuera ministro de Gobernación del Gobierno Provisional de la II República, Miguel Maura, en su libro “Así cayó Alfonso XIII”, se muestra inmisericorde con Galán: «Lo ocurrido en Jaca fue un lamentable error, la locura de un exaltado, que redimió su grave culpa dejándose matar en vez de escapar, lo que le valió entrar en la Historia por la puerta roja de los mártires, cuando, en realidad, sólo censuras merecía, por su insubordinación, por su ligereza y por la ausencia total de capacidad en el mando de la acción revolucionaria...

Ni política, ni estratégica, ni militarmente tiene la menor justificación la aventura de Fermín Galán…Hacer de Galán el protomártir de la II República es quizá muy emotivo y muy poético, pero es una falsedad histórica. Galán no fue otra cosa que un anarquista suelto y desbocado que hizo con su conducta grave daño a la República, daño sin duda irreparable y definitivo de no haber estado ya desahuciada la Monarquía».

Por el contrario, el que fuera ministro de Estado del Gobierno Provisional, Lerroux, en su libro “La pequeña historia” da una importancia clave a Galán, afirmando que «sin esos fusilamientos no hubiese habido República».

Al margen de estas opiniones, con la restauración de los derechos constitucionales a comienzos de 1931, un sector de la prensa comenzó a idealizar las dos sublevaciones, ensalzando a los golpistas de Jaca, bien como héroes, bien como mártires.

Ramón Franco también reforzó su figura héroe por renunciar a bombardear el Palacio Real, al haber niños jugando alrededor. Se organizaron colectas a favor de los familiares del recién martirologio republicano: para la madre de Galán y para la viuda de García Hernández. A su vez, los partidarios de la República, ganándose el sentir popular, supieron rentabilizar social y electoralmente ambos infortunios contra la Corona.

Durante el consejo de guerra por los sucesos de Jaca, se celebraron numerosas manifestaciones estudiantiles de protesta; un tercer condenado a muerte, el capitán Sediles, es apresuradamente indultado por el Rey Alfonso XIII para evitar más conflictos.

Mientras que en el juicio al Comité revolucionario –que en breve finalizaría siendo el Gobierno Provisional de la II República- se convierte en un show, sus miembros aprovechan el tirón mediático permitiéndose hacer manifiestos y desplantes al tribunal. Ante la presión popular, los jueces dictaron para sus responsables una liviana sentencia de seis meses de cárcel, para finalizar siendo puestos inmediatamente en libertad condicionada.

Con este panorama, no es de extrañar que en la convocatoria de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, el apoyo en favor de la Conjunción republicano-socialista en las grandes capitales, en gran parte, fue un voto de castigo contra la Monarquía por su complicidad con la dictadura de Primo de Rivera.

Dos días más tarde, en Madrid se proclamó la II República en un ambiente festivo y verbenero con vivas a la República y mueras al Rey, con exhibición de banderas tricolores y fotografías de los mártires de Jaca.

Instaurada la República, en pueblos y ciudades proliferó el cambio de denominación de calles por los sublevados de Jaca; en Madrid cada uno de los fusilados tuvo su propia calle, mientras que en Pamplona compartieron una avenida –la actual Av. de la Baja Navarra-, que se denominó Av. de Galán y García Hernández en sustitución, como no podía ser de otra forma, de la Av. de Alfonso XIII.

El teatro también se hizo eco del martirologio republicano, Rafael Alberti compuso una obra titulada “Fermín Galán”, cuyo estreno fue en el Español de Madrid el 1 de Junio de 1931, con la actriz más popular del momento, Margarita Xirgu.

La representación se interrumpió por la trifulca que se organizó cuando el personaje de la Virgen María, representado por la Xirgu, –acorde con el clima anticlerical que se respiraba, pero que el propio Alberti ulteriormente calificó la escena de peregrina-, armada con un fusil, se declara republicana pidiendo la cabeza del Rey y la de Berenguer. Asimismo se rodó una película sonora –unas de las primeras de producción nacional-, titulada también “Fermín Galán”, que se estreno coincidiendo con el primer aniversario de los fusilamientos.

Pregunta planteada

Por todo lo dicho, el resultado al enunciado a la pregunta inicial es falso, pues como hemos visto la II República Española tuvo en su inicio dos alzamientos del ejército monárquico. Paradójicamente, la República finalizó como se inició, con dos sublevaciones del ejército republicano: el conocido de Mola de julio de 1936 y el menos conocido de Casado y el socialista Besteiro, en marzo de 1939, días antes de la difusión del último parte de guerra.

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Militaradas, en el aniversario del 23-F