Blog / El espejo de la historia

La españolísima deuda

Por Javier Aliaga 30 diciembre, 2018 - 11:33

La galopante deuda nacional se puede convertir en una nueva pesadilla para los españoles si los mandatarios no se toman en serio su amortización.

La creciente curva de la deuda española que parece no importar a los políticos del país. (Elaborada a partir de Datosmacro.com)
La creciente curva de la deuda española que parece no importar a los políticos del país. (Elaborada a partir de Datosmacro.com)

Hace unos días un amigo me ha transmitido su propia reflexión acerca de heredar de los progenitores, es -según él- un ejercicio de responsabilidad; no debiera malgastarse alegremente aquello que ha costado esfuerzo y sacrificio. Dicho de otro modo, lo que la hormiga ha cosechado con empeño, no debiera servir para el divertimento desenfrenado de la cigarra.

Pongámonos en el extremo contrario, que el progenitor fallece dejando deudas bien porque ejerció de cigarra, bien por un revés económico; sus herederos tienen que hacer frente a sus débitos. Ahora bien, si la situación es de quiebra técnica -pasivo superior a activo-, sus herederos, al no aceptar la herencia no están obligados a pagar las deudas, medida que se ha hecho habitual durante la crisis económica.  

Sin embargo, hay una perversa herencia de la que no podemos librarnos, es la que nos deja cada presidente del Gobierno que abandona la Moncloa; me refiero a la deuda del Reino de España, participada por el Estado, las CCAA y los ayuntamientos. Contra ese malévolo legado nada podemos hacer, hayamos votado al partido gobernante o no, somos coparticipes “a pachas” de ese desenfrenado pasivo.

Algo que socialmente es inaceptable -vivir como cigarra dejando deudas a sus herederos-, cuando se trata de lo público, los políticos lo han desvirtuado para convertirlo en natural. Bien es cierto que endeudarse no es malo -todos recurrimos a una hipoteca para adquirir una vivienda-, lo pernicioso es vivir por encima de sus posibilidades como viene haciendo el Estado in illo tempore.  

La deuda española tiene la impronta de sus 4 últimos presidentes del Gobierno: Felipe González heredó una deuda del 22%(PIB), tras 13 años la dejó en el 67%; Aznar no hizo nada para reducirla en términos absolutos, pero el fuerte crecimiento económico propició su reducción porcentual dejándola al 48%; Rodríguez Zapatero recibió una boyante economía que mejoró el porcentaje, pero al estallar la crisis generó deuda para dejarla en el 70%; y finalmente, la herencia de Rajoy es de 1,16 billones -millón de millones- de € que supone el 98%.

Este último, registrador de la propiedad, ha registrado tres récords en torno a la deuda: 1) haberla generado más rápidamente que sus antecesores; 2) haber sobrepasado la barrera del billón de €; y 3) haber superado el 100%. No deja de ser paradójico, que durante la crisis, la oposición jaleaba al Gobierno a gastar más, protestando contra los recortes, el “austericidio” y la pérdida del “estado del bienestar”.

En cuestiones crematísticas el planteamiento de la cultura anglo-sajona es práctico: who pays the bill? ¿Quién es el pagano? Pues sin lugar a dudas, cada uno de los ciudadanos del país. Lo que no favorece esta distribución es el hecho de encontrarnos en un alarmante declive demográfico, según el INE, en el primer semestre de 2018 el número de fallecidos supera en 47.000 al de neonatos, consecuencia: la deuda per cápita se va incrementando.

Se mire por donde se mire, es injusto endosar a un recién nacido, por arte de birlibirloque, su parte proporcional del débito. Continuar con la deuda de este modo es un ejercicio de irresponsabilidad y de egoísmo, porque las futuras generaciones no pueden quedar hipotecadas por los desenfrenos recientes generados por nuestro “estado del bienestar”.

España ocupa el puesto decimoprimero de las grandes deudas públicas. Asunto nada baladí, pues ese billón largo de € y próximo al 100% PIB, significa que todos los españoles tendríamos que trabajar durante un año para pagar la deuda. Como eso no es asumible tenemos que pagar los intereses de 90 millones €/día. Si prorrateamos la billonaria cantidad por cada ciudadano tocamos a unos 27.000€

Sin embargo, el problema es aún más grave, pues los datos oficiales que manejan los medios y que he aportado son falsos, en realidad hay una deuda oculta, que es, al menos un 17% superior, si se contabilizan el total de pasivos en circulación emitidos por todas las administraciones. La página web, construida por los asturianos Abelardo Fernández y Alberto Viñuela, representa a modo de contadores la situación y los repartos de la deuda oficial frente a la real.

Sobre la deuda se ciñen negros nubarrones, si el crecimiento disminuye, como parece que ocurre, el problema se agudiza. Tampoco ayuda el déficit anual de la Seguridad Social que ronda los 19.000 millones € y con la exigua “hucha de las pensiones” a punto de agotarse.

Conviene recordar a nuestros desmemoriados políticos que el interés de la deuda no es fijo; en lo peor de la crisis, los telediarios y las portadas de los periódicos abrían con la desbocada “prima de riesgo”, marcando el inasumible interés a pagar. Para evitar aquel descalabro, el BCE compró deuda de los países miembros, cosa que recientemente ha anunciado no volverá a repetir. Además el FMI viene advirtiendo del peligro de la alta exposición de la deuda que tenemos.

Finalizaremos con una reflexión. Los españoles tradicionalmente lamentamos no tener un símbolo que nos cohesione: la bandera rechazada por independentistas y republicanos; el himno vilipendiado con pitos en ciertas competiciones futboleras; la monarquía por atribuir su origen reciente al franquismo; ni hablar de los estereotipos trasnochados como los toros y el flamenco.

Al margen de todos estos signos, hay al menos algo que nos une por igual como elemento inequívoco de nuestra nacionalidad: la españolísima deuda y la parte alícuota que soportamos cada uno.

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