Blog / El espejo de la historia

La Guardia Civil en Navarra hace 175 años

Por Javier Aliaga 19 febrero, 2020 - 9:17

El autor describe algunos detalles del despliegue de la Guardia Civil en Navarra hace 175 años.

La Guardia Civil de Navarra celebra el día de su Patrona, La Virgen del Pilar. PABLO LASAOSA
La Guardia Civil de Navarra celebra el día de su Patrona, La Virgen del Pilar. PABLO LASAOSA

Ejercer de guardia civil conlleva siempre un componente de peligrosidad, y en especial recientemente si el destino es Alsasua. Lo que nunca ha sido sencillo, ni ahora, ni hace 175 años, es ingresar en el Cuerpo. El real decreto del 28 marzo de 1844, considerado como el documento fundacional de la Guardia Civil, establece los requisitos para un aspirante: “ser licenciado en el ejército con buena nota”; “No tener menos de 25, ni más de 45 años”, “Tener a lo menos cinco pies y tres pulgadas de estatura(1,46 m); y obligación de permanencia de 8 años.

Al mes de aquel decreto, el ministro de la Guerra, el bilbaíno Manuel de Mazarredo, nombró director de la Guardia Civil al pamplonés Francisco Xavier Girón, II duque de Ahumada, el cual para poner en marcha la organización tomó como referencia la Gendarmería Real francesa:  “es el cuerpo a que debe imitar nuestra nueva Guardia Civil”. Girón pronto se rindió a la evidencia de no poder incorporar los 15.000 efectivos previstos, reconociendo que “Ofrecerán más garantías de orden 5.000 hombres buenos que 15.000, no malos, sino medianos que fueran”.

En la búsqueda de futuros guardias competentes, el presidente del Consejo de Ministros, Narváez, que asumía la cartera de Guerra, promulgó un nuevo decreto el 13 de mayo, con la impronta de Ahumada, que agrega al de marzo, el requisito de “saber leer y escribir” y algo que hoy nos sorprende: “Será de cuenta de los guardias civiles proveerse de caballos, monturas, vestuario y equipo”.

Este decreto, abría la posibilidad de reclutar 3.205 soldados de filas, los voluntarios tendrían el aliciente de poder ser destinados a sus provincias de origen. Además, para que fuese más atractiva la incorporación se incrementaron los salarios con respecto a los establecidos en marzo, los cuales estaban equiparados con los soldados ‘peseteros’ (una peseta diaria y ración de pan). Para hacer su solicitud el aspirante debía dirigirse al “gefe político” (gobernador) con la instancia del alcalde y el informe del cura párroco.

Decreto del 13 de mayo de 1844 que modifica el de marzo con las directrices del Duque de Ahumada. . ARCHIVO

Saber leer y escribir era imprescindible para que el guardia civil redactase los partes, pero elevaba el listón de exigencia (el nivel de analfabetismo de la población española alcanzaba el 75%). Finalmente se permitió el ingreso de hasta un tercio del cupo de analfabetos, para los cuales el periodo de instrucción se convirtió también de alfabetización.

En 1844 la Guardia Civil desplegó en todo el territorio nacional doce tercios, uno de ellos, el decimo, correspondió a Navarra; éste constaba de los siguientes efectivos: un jefe, Antonio María de Alós; 8 oficiales; una compañía de infantería (cuatro secciones de 30 guardias); y una sección de caballería. En total 168 guardias. Navarra constituía ya de por sí una región militar; tres años antes había pasado de reino a provincia foral y por mor de la Ley Paccionada había desaparecido el virrey para ser sustituido por una autoridad militar.

El primer contingente de guardias civiles llegó a Pamplona el 18 de noviembre alojándose en Burlada durante el periodo de instrucción. El 7 de diciembre se acuartelaron en Pamplona, desplegándose, a partir de enero de 1845, en cinco poblaciones: Estella, Elizondo, Lacunza, Barasoain e Irurzun. La falta de aspirantes apropiados obligó a la dirección de la Guardia Civil a publicar anuncios provinciales de reclutamiento.

A este respecto, F. Javier Sáenz Martínez en un artículo, publicado el pasado mayo en varios medios, titulado “Euskera año 1844”, nos desvela que en los boletines de las provincias Vascongadas se publicó el 20 de diciembre de 1844 un anuncio solicitando aspirantes al Cuerpo que fuesen naturales de estas provincias y que además supiesen el ‘idioma’. El autor añade “fue la única convocatoria de una institución pública en aquellos años que de una forma tan nítida y palmaria exigía como requisito ineludible el conocimiento de su lengua vernácula, el euskera”.

Efectivamente he constatado la veracidad de aquel anuncio que viene firmado por el jefe del duodécimo tercio de “las provincias Vascongadas”, solicitando aspirantes con los siguientes requisitos: “1. Saber leer y escribir; 2. Tener cinco piés y dos pulgadas lo menos para los de infantería, ser mayor de 30 años y natural de estas provincias, sabiendo su idioma; 3. No tener mala nota en sus licencias absolutas.

¿En Navarra se publicó un anunció similar? Así es, el Boletín Oficial de Pamplona del 31 de diciembre de 1844 (nº 157) contiene un anuncio firmado por Alós con el texto: “El Excmo. Sr. Inspector General ha dispuesto dar entrada en la Guardia Civil á 20 hombres de infantería y diez de caballería de los licenciados procedentes de cuerpos francos”. Además de los requisitos anunciados en otros boletines, añade: “han de ser casados y mayores de treinta años”. Solicita adjuntar a las instancias las licencias, la fe de bautismo y la de matrimonio, “dichas instancias han de venir escritas de puño y letra de los mismos interesados”.

Estos dos anuncios, me suscitan tres comentarios:

Uno, el primero alude a “las provincias Vascongadas”, término que se utilizaba con naturalidad en el siglo XIX. Vascongado viene del latín vasconicātus que significa ‘hecho vascón’; es decir, las provincias que componen la actual Comunidad Autónoma del País Vasco fueron ‘vasconizadas’, en ningún momento fueron vasconas. Por eso Sabino Arana abominó de las voces románicas como vascongado o vascuence, sustituyéndolas por neologismos derivados de eusk. Con la llegada de la democracia sus correligionarios, para ocultar el verdadero origen de estas provincias, han desterrado el término vascongado aludiendo que era franquista.

Dos. Ambos anuncios solicitan aspirantes maduros de más de 30 años, cuando en realidad la edad mínima era de 25. En el anuncio del Boletín de Pamplona pide estar casado sin hacer mención a ser natural de Navarra.

Tres. ¿Por qué el anuncio navarro no hace mención al ‘idioma’? ¿El coronel Alós desconocía la idiosincrasia de Navarra? No, en absoluto, él conocía bien esta tierra, pues había combatido en la guerra carlista. Añado un dato adicional, según Eduardo Martínez Viqueira “todos los que fueran destinados a Cataluña debían hablar catalán”.

Si nos fijamos en las cinco poblaciones navarras en las que se estableció la Guardia Civil en 1845, y comparamos con la zonificación lingüística que establece la Ley Foral de 1986, resulta que: tres pertenecen a la zona vascófona, una a la mixta, y una a la no vascófona.

Eso nos hace pensar que el panorama lingüístico de hace 175 años, tal vez, tenga poco que ver con lo que nos han querido transmitir. A la vista de las exigencias en las provincias Vascongadas y en Cataluña, no me cabe duda que si hubiese sido necesario, Alós habría solicitado también saber el ‘idioma’.

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