Blog / El espejo de la historia

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Por Javier Aliaga 14 Abril, 2019 - 22:58

Partidos políticos, como PSOE y PP, al frente del Ministerio del Interior han utilizado la Policía en beneficio propio, es lo que se ha denominado como “policía política” en los dos casos que han saltado a la actualidad cuando era ministro Fernández Díaz. Los partidos nacionalistas, como el PNV, al frente de policías autonómicas, no son ajenos a este tipo de prácticas.

Portada del libro de Carlos Garaikoetxea en el que descalifica varias actuaciones de su consejero de Interior Luis María Retolaza.
Portada del libro de Carlos Garaikoetxea en el que descalifica varias actuaciones de su consejero de Interior Luis María Retolaza.

La actualidad nos ha traído dos casos de la utilización de la Policía en beneficio del PP, cuando  Jorge Fernández Díaz estaba al frente de Interior: por un lado, la operación Kitchen que investiga la presunta destrucción de pruebas incriminatorias de los papeles de Bárcenas; y por otro, el enésimo capítulo del culebrón Villarejo -omnipresente en todas las cloacas del Estado- con el robo del teléfono de una colaboradora de Pablo Iglesias. Al respecto de este último, Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, ha declarado «Que ha habido una policía política me parece más que claro, que ha estado vinculada a las cloacas del Estado, también».

Si damos crédito a Carlos Garaikoetxea (CG), ex lehendekari y ex presidente del EBB, en sus memorias Euskadi: la transición inacabada, cuando el PNV utiliza el término “policía política” no toca de oídas, más bien es una partitura experimentada y bien aprendida. Efectivamente, en su libro afirma: «el Departamento de Interior vasco (que era el largo brazo del aparato del PNV en el Gobierno)», «era un coto del partido dentro del Gobierno». Además del que había sido su consejero de Interior, durante 5 años, el «veterano nacionalista» Luis María Retolaza, asevera que sus «años de militancia no siempre garantizan ni la idoneidad para la gestión ni la lealtad deseable»; reflejando una profunda connivencia con el partido pues «era evidente que despachaba más en la sede del PNV que en Ajuria-Enea».

En su autobiografía, CG cita dos episodios a cada cual más escandaloso. El primero, el menos conocido, el ex lehendekari lo describe así: «Al parecer, Amedo, el policía inculpado años después en relación con la trama terrorista del GAL, habría sufrido un accidente de tráfico, y los ertzainas que le atendieron recogieron un misterioso maletín con un contenido comprometedor que pusieron en manos del responsable del Departamento de Interior.

»Nunca tuve noticias de semejante episodio, y menos del contenido del misterioso maletín que, según algunas especulaciones, habría ido a parar a la sede de la dirección del PNV y habría constituido un interesante elemento de negociación cuando turbias acusaciones mutuas entre PNV y PSOE a cuenta de casos de corrupción comenzaron a proliferar por aquellos años que siguieron a mi segundo Gobierno».

Amedo en su libro Cal viva, no hace referencia a este suceso; sin embargo, hace dos años, en una entrevista a Okdiario manifestó «reventó una rueda del coche, oficial pero camuflado, y yo llevaba un maletín. Venía de una reunión previa a la actuación de los GAL. Me tuvieron que sacar por el techo del coche. Conmigo iba otra persona. Me quedé medio inconsciente pero le dije: “Coge el maletín, coge el maletín”. La Ertzaintza nunca tuvo ese maletín. Esa ha sido una historia que ha salido de rumorologías, que alguien se ha inventado». Dicho maletín, según Amedo, contenía «Información sobre miembros de ETA». De todos modos, esta versión del representante de las cloacas más repugnantes con el PSOE en el poder, no debiera tener mucha credibilidad.

El segundo episodio, el conocido “pinchazo telefónico” del que fue víctima el propio CG en su casa de Zarauz. En agosto de 1986, el teléfono de CG tenía «interferencias extrañas, ruidos y, sobre todo, era claro que otro teléfono respondía simultáneamente cuando se llamaba al nuestro». Tras la oportuna reclamación a Telefónica, recibe una llamada del presidente de la compañía, Luis Solana, para comunicarle que en su teléfono «se había descubierto un “pinchazo” bastante chapucero». En aquel tiempo de teléfonos fijos ya existían aparatos sofisticados para las escuchas sin recurrir al cable, como fue el caso, añadiendo un interrogante adicional al asunto.

Evidentemente atendiendo al principio de cui prodest? (¿Quién se beneficia?), la responsabilidad apuntaba directamente al corazón del PNV. La defensa llegó en pocos días, en un mismo ejemplar de Deia (24/08) varios jeltzales publicaron artículos cerrando filas en el partido aranista. De todos ellos, el titulado “Descrédito y martirio” marcó la línea argumental a seguir, cuyo autor fue el presidente del EBB, Xabier Arzalluz: «La insólita intervención de Luis Solana, la falta de técnica, al parecer, de quienes han colocado la escucha, hacen pensar en algo hecho para ser descubierto… Sigue el desacreditar sistemático de las instituciones más sagradas del Partido… En el más puro estilo de quien lanza la piedra, descalabra al vecino y se pone él mismo la venda». De este modo, el hábil Arzalluz convirtió la víctima en sospechoso de la acción.

Ahora bien, CG no tiene dudas sobre la autoría: «nuestra convicción moral de que se trataba de una operación organizada por el Departamento de Interior del Gobierno Vasco, dirigido por Retolaza, mano derecha del presidente del EBB del PNV, fue total desde el principio». En el momento del pinchazo la tensión en el seno del PNV era enorme entre oficialistas y críticos; éstos pocos días más tarde fundarían Eusko Alkartasuna (EA) al frente del cual se puso CG.

La lucha fue sin cuartel, la web de EA denuncia las «maniobras del PNV para entorpecer la inscripción oficial del nuevo partido». Al poner la denuncia CG afirmó, «un escándalo vergonzoso que daba una idea de la clase de guerra sucia en que estábamos metidos». En aquel ambiente de crispación, el “pinchazo” fue el tema recurrente de EA en la campaña para las elecciones al Parlamento Vasco del 30 de noviembre de 1986.

Así CG, a dos semanas de la votación, declaró «Si Ardanza me lo pide puedo dar los nombres de los funcionarios de Interior del Gobierno vasco que estuvieron en la central de Telefónica de Zarauz campando por sus respetos». Al día siguiente, Arzalluz en un mitin en Guernica puso en duda la honorabilidad de la palabra de CG, sin citarlo: «porque en este pueblo de Guernica, todos sabéis que cuando un pelotari hace tongo, no se vuelve a apostar por él. Y el que rompe su palabra dada, y firmada, es una persona de segunda categoría.»

En el juicio oral en el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco en abril de 1991, a la pregunta del fiscal «Si hubo un plan para realizar escuchas telefónicas a Garaikoetxea», Retolaza contestó «Rotundamente, no». No obstante, CG en su libro lo cuenta así: «Como suele suceder casi siempre, fueron condenados los subalternos y salió incólume el jefe En aquel juicio casi sentí vergüenza ajena viendo actuar al entonces fiscal del Tribunal Superior Vasco, Cardenal, y más tarde fiscal general del Estado, pues parecía el abogado defensor de Retolaza…el tribunal, que cargó la mano contra los subordinados por sus “espontáneas” iniciativas».

En definitiva, en todos los partidos cuecen habas, y en el del Sr. Esteban, a calderadas.

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