Blog / El espejo de la historia

El día de San Francisco Javier

Por Javier Aliaga 15 diciembre, 2015 - 22:37

Proponemos un hecho histórico para que el lector adivine si se trata o no de una falsedad.

Verdadero o falso:

En 1931 la Diputación de Navarra en la II República Española, al igual que el Gobierno de Barkos con la eucaristía de la Javierada, dejaron de apoyar y de financiar los actos religiosos conmemorativos del día 3 de diciembre en honor a San Francisco Javier.

Con la canonización de San Francisco Javier en 1622, afloró un movimiento javierista protagonizado conjuntamente por la Diputación de Navarra y los jesuitas para defender su investidura como patrono, frente a los ferministas apoyados por el Ayuntamiento de Pamplona y el cabildo catedralicio que defendían la candidatura de San Fermín. El papa Alejandro VII en 1657 resolvió salomónicamente la polémica, designando a los dos santos copatronos y sus fechas de celebración como de precepto. Desde entonces, a lo largo de su historia, las diputaciones forales hicieron una defensa a ultranza de la figura de San Francisco Javier por ser el arquetipo y la esencia del navarro.

Sin embargo, en abril de 1931 con el advenimiento de II República Española se cambió esta costumbre, el nuevo gobernador de Navarra, designado por el gobierno provisional de Madrid, nombró a dedo una Comisión Gestora para la Diputación, sin tener en cuenta los resultados de las elecciones municipales. La Vicepresidencia de esta Gestora, por edad, le correspondió al socialista Constantino Salinas, dando un carácter predominantemente laicista a sus actuaciones, en clara consonancia con el gobierno republicano de la época.

Ante la fiesta del 3 de diciembre, la comisión Gestora Provincial rehusó asistir corporativamente a la misa de celebración del patrono en San Cernín, y financiar económicamente los actos. A modo de desagravio, cinco alcaldes (Abárzuza, Baztán, Estella, Las Améscoas y Puente la Reina) firmaron un manifiesto invitando al acto religioso al resto de alcaldes navarros. Sin embargo, el gobernador, bajo pretexto de alteraciones del orden público, sancionó a los cabecillas con una multa de 500 pesetas y prohibió el acto a los alcaldes. Para contrarrestar la postura del gobernador, se sumaron a la convocatoria los dos gestores provinciales no republicanos, los diputados a Cortes de la coalición Católica-Fuerista, los ex–diputados forales anteriores a 1931 y las comisiones permanentes de ayuntamientos de Vizcaya y Guipúzcoa. Para arropar a las autoridades, por distintos medios se difundió una proclama para que acudiesen los fieles al acto. Además, se organizó una colecta para cubrir los gastos del acto religioso.

El día 3 de diciembre de 1931, aún siendo un día oficialmente hábil, a todos los efectos fue festivo, la totalidad del comercio cerró en clara sintonía con la celebración, muchos vecinos colocaron colgaduras en los balcones, sólo se trabajó en algunas obras en las predominaban sindicatos de izquierda. A las 11 de la mañana San Cernín estaba a reventar. El acto se revistió con una solemnidad y un boato inusitados, se improvisó un orfeón en pocas horas compuesto por elementos del Orfeón Pamplonés.

El acto religioso finalizó como se inició, con los acordes de la Marcha de las Cortes de Navarra.  Seguidamente, desde San Cernín, una manifestación se dirigió por la Plaza de la Republica (actual Plaza del Castillo), hasta el Palacio de la Diputación, dónde se pidió que se engalanase el Palacio y se izasen las banderas. Varios manifestantes entraron al palacio e izaron la bandera de Navarra, desistiendo de izar la bandera tricolor de la república. Los manifestantes cantaron el himno de San Ignacio, el de San Francisco Javier, acabando con el Gernikako Arbola.

Cuando el acto ya se daba por finalizado, se presentaron provocadores que con ayuda de una escalera subieron a la fachada del palacio, desarbolaron violentamente la bandera de Navarra, rompiéndola y quemándola. Esta situación dio a momentos de tensión con intercambio de algún que otro golpe, pero la cosa no pasó a mayores.

Sobre la eucaristía de las Javieradas, sospechamos que la decisión de la comisión Gestora Provincial en 1931 hubiese sido coincidente con el Gobierno de Barkos, pero no podemos asegurarlo, porque las Javieradas como tales, se constituyeron diez años más tarde en 1941. Sin entrar en la cabalística de lo que hubiese ocurrido hace 84 años, nos preguntamos ¿por qué el actual Gobierno de Navarra recorta presupuesto en la celebración de la eucaristía del día de la Javierada? no será por falta de dinero. Estaremos en disposición de pensar que se tratan de medidas laicistas, cuando corran la misma suerte los santos y vírgenes de la Comunidad Autónoma Vasca, como: San Ignacio de Loyola, la Virgen de Begoña, la Virgen de Aránzazu…

Por todo dicho, para que no quepa duda, la respuesta al enunciado de la pregunta, es: verdadero.

Pero no seamos ingenuos, entre la decisión de la Diputación Republicana de 1931 y el Gobierno de Barkos hay una gran diferencia, los republicanos buscaban primordialmente el laicismo, mientras que en la amalgama que controla el actual Gobierno de Navarra, hay tontos útiles –no me refiero al sentido peyorativo, sino al uso político del término-, que esgrimen el laicismo, pero que hacen el caldo a los que buscan denodadamente desmantelar las señas de la identidad de Navarra.

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