Blog / El espejo de la historia

La conquista de Navarra manipulada

Por Javier Aliaga 18 Enero, 2018 - 18:54

El autor prosigue con su explicación sobre cómo se manipuló la historia de Navarra a través de las traducciones de la obra del historiador francés Boissonnade.

Dos ediciones de un mismo autor, Prosper Boissonnade: a la izquierda el original de 1893; y a la derecha, el volumen IV de la traducción manipulada y mutilada, impresa por Mintzoa en 1981.
Dos ediciones de un mismo autor, Prosper Boissonnade: a la izquierda el original de 1893; y a la derecha, el volumen IV de la traducción manipulada y mutilada, impresa por Mintzoa en 1981.

La obra de Boissonnade, dividida en 4 libros y publicada en Paris en 1893 en único volumen, es ampliamente respetada por los estudiosos de la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla. De hecho, el recién Medalla de Oro de Navarra, Campión, la calificó como la «más seria y documentada en la que se narra los últimos trágicos lustros de la vida independiente de Nabarra. Y no acierto a explicarme cómo no ha habido un nabarro que se haya lanzado a traducirla». Dicho así, provocó a su pupilo y admirador, Tomás Yoldi, para que asumiese su traducción; la cual fue publicada años más tarde, entre 1956-1961, por la editorial Ekin de Buenos Aires en 4 volúmenes. Yoldi cambió el título general “Histoire de la réunion de la Navarre à la Castille…” por “La conquista de Nabarra”, que es el título del libro III en la obra del francés, e incorporó, al final de cada capítulo, multitud de anotaciones. Acerca de éstas, Ángel Irigaray denunció: «En estas notas al traductor a veces da pábulo a su exaltación vascónica que rebasa el espíritu ecuánime del texto del original francés».

Veinte años más tarde, Segundo Otatzu reeditó la traducción de Yoldi con la editorial Mintzoa de Pamplona, también en 4 volúmenes, que tituló “La conquista de Navarra”; en esta versión, el editor, además de incorporar fotos, entremezcla el texto original con las anotaciones del traductor, confundiendo al lector sobre la autoría de cada párrafo. Además sustituyó la palabra “Castilla” por “España” tergiversando el texto original y la historia, con el objetivo de fomentar el antiespañolismo.

La traducción al castellano de Yoldi fue valorada por la catedrática de Historia Medieval Eloísa Ramírez como: «una reinterpretación del texto original, adulterado con glosas, valoraciones y comentarios que no corresponden a Boissonnade». La historiadora M. Puy Huici en 1993, refiriéndose a la edición de Otatzu, fue más precisa: «Si alguien que ha leído esta edición lee el original, en francés, no la reconoce […] Tristemente las traducciones que se han hecho de Boissonnade en Argentina y aquí, en 1981, lo tergiversan todo; por intereses políticos, claro». La conclusión de Huici es demoledora: «El texto está tan manipulado, que no puede utilizarse en un trabajo científico». A pesar de ello, escritores como Aoiz, Gallastegui, Jimeno Jurío y Monteano citan esta edición en sus fuentes bibliográficas.

En el artículo anterior recomendábamos leer, al menos, el apartado “Conclusión”, por ser una síntesis muy esclarecedora. Yoldi lo tradujo y se encuentra en la edición argentina de 1961; sin embargo, como disiente de las tesis abertzales, dicho apartado desapareció en la edición de Mintzoa de 1981. En el colmo de la desvergüenza, el editor lo sustituyó por otro titulado “Consecuencias de la conquista” en el cual contradice al historiador francés: «La anexión a España… pudo estimarse en los primeros tiempos de ella como mero cambio de dinastía, como usurpación de corona que no altera la esencia de las cosas (tal es la equivocada opinión del admirable Boissonnade); pero con ella perdió Navarra su personalidad internacional pública y bajó a la categoría subordinada de nación que sólo puede moverse ya dentro del derecho internacional privado». Tanta desfachatez nos retrotrae a la época de la censura franquista.

El desmán a la obra de Boissonnade finalizó cuando la Institución Príncipe de Viana del Gobierno de Navarra, encargó a la catedrática Eloísa Ramírez una nueva traducción, que finalmente vio la luz en 2005, respetando el título original “Historia de la incorporación de Navarra a Castilla”. De todos modos, la nueva edición no fue bien recibida en la órbita abertzale, muy cómoda con la edición manipulada, como reconoce Pescador: «no se entiende que desde el gobierno de Navarra se encargue la edición de un libro como el de Boissonnade, muy importante pero del que ya existían hasta tres ediciones [?] en castellano».

Con miras a la conmemoración del V centenario, el abertzalismo, que tradicionalmente había hecho de la conquista el argumento nuclear de su tesis histórica independentista, lanzó una ofensiva mediática. Su objetivo era doble: por un lado, deslegitimar la incorporación de Navarra a Castilla; y por otro, potenciar el adoctrinamiento de las nuevas generaciones.

Como fruto de la campaña bibliográfica, podemos encontrar unos 66 títulos -publicados desde el año 2000-, con el leitmotiv 1512 en las estanterías de las bibliotecas del Gobierno Foral. De los cuales más del 65% son abiertamente proclives a la ilegitimidad de la conquista (10 de ellos en euskera). De estas publicaciones las más radicales, como las de “1512-2012 Nafarroa Bizirik”, desarrollan un mismo argumentario, cuyo punto de partida es el rechazo a la historiografía tradicional bajo la premisa: «Son los vencedores quienes escriben la historia». No sé si entienden por manipulación algo parecido a la versión de Otatzu, pero aseveran: «Las manipulaciones de la historia por parte del poder han sido y son habituales. Nuestra historia no ha sido una excepción; ha sido escrita por quienes nos vencieron, o por aquellos que colaboraron en el sometimiento».

Del grupo, uno de los autores más prolíficos, Esarte, matiza: «La historia oficial ha sido y sigue siendo elaborada con criterios ajenos a los intereses populares, por lo que es necesario dar a conocer la versión de los sometidos para la imprescindible defensa de nuestra identidad como país y nación vascona… es necesario contar la historia desde el punto de vista de los que perdieron, de los que fueron conquistados y sufrieron un proceso de sometimiento».

No reivindican la dinastía de los Foix-Albert por convencimiento antimonárquico; apelan a la memoria, al encaje histórico de Euskal Herria en Navarra, anhelando un estado vasco independiente: «Han querido borrar de nuestra memoria colectiva que fuimos un estado independiente, llámese reino de Pamplona o de Navarra. Fue el estado del país del euskara, de Euskal Herria, destruido deliberadamente por las monarquías española y francesa». En todo este batiburrillo histórico, limitan el papel que desempeñaron los vascongados (alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos) a mesnaderos «en la conquista de 1512 junto a los españoles… sólo es la expresión de la destrucción del estado y de la colonización que sufrieron estos territorios tras ser arrebatados siglos antes por Castilla al reino navarro».

El autor que preferentemente proyecta toda esta ideología al público juvenil/infantil, es el Excmo. Sr. Alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, en tándem con Martín Altzueta que aporta dibujos tipo cómic; sus libros están claramente orientados al adoctrinamiento. Abusa de los términos “España” y “españoles” en sustitución de “Castilla” y “castellanos” para fomentar la hispanofobia; utiliza un tono maniqueo: los malos son encarnados por los “españoles”, al frente de ellos está Fernando el Católico, al que denominan “el Falsario”, apoyados por los “traidores” beaumonteses.

Sin embargo, donde el abertzalismo da el do de pecho, es enfatizando el carácter violento de aquellos acontecimientos, «fue claramente una conquista a sangre y fuego». En ello, Asirón encuentra la raíz del «problema vasco»: «en el violento sometimiento de los territorios del Reino de Navarra a lo largo de sus sucesivas conquistas». Esgrimen repetidamente la frase de la historiadora Huici: «intentar en el siglo XX seguir justificando aquello es, de algún modo, defender la violencia», omitiendo que en el renglón precedente, escribió: «No se puede juzgar un hecho de 1512 con mentalidad de hoy» que es precisamente lo que hacen sin recato ni pudor.

Porque toda esta insistente denuncia de violencia, suena a hueco, a falso pacifismo que para constatarlo no tenemos que remontarnos a siglos, ni a años, ni siquiera a meses; tan sólo hace unos días, cuando el Ayuntamiento de Zarauz ha rendido homenaje a Iruretagoiena, concejal del PP asesinado por ETA hace 20 años, con una declaración institucional conjunta, el grupo EH Bildu se ha desmarcado de la firma. Cuesta creer que aquellos que rehúsan condenar la violencia reciente, la de ETA, se muestren tan intolerantes con la violencia de hace 500 años. Ejercicio desmedido de cinismo.

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