Blog / El espejo de la historia

¿Problema catalán o español?

Por Javier Aliaga 24 septiembre, 2017 - 10:45

Tan sólo habían transcurrido 15 días de la proclamación de la II República, cuando Gaziel publicó un artículo titulado “El problema español por excelencia”, en su mayor parte mantiene la actualidad.  

Una imagen del exdirector de La Vanguardia, Agustí Calvet, sobre la obra de Antoni Tàpies de la bandera catalana.
Una imagen del exdirector de La Vanguardia, Agustí Calvet, sobre la obra de Antoni Tàpies de la bandera catalana.

Hoy con la logística del referéndum del 1-O prácticamente neutralizada y sin subestimar «la fuerza del pueblo de Cataluña» que recientemente ha aludido Puigdemont, queda en entredicho la celebración de un plebiscito garante de equidad. Hasta llegar a esta situación, durante meses, el tema ha sido insistentemente abordado por tertulianos, comentaristas y editorialistas; todos ellos han opinado y debatido reiteradamente sobre el llamado “problema catalán”. Tanta disquisición me ha recordado el artículo de Gaziel titulado “El problema español por excelencia”, que rememoro para su reflexión.

Agustí Calvet, que escribió con el seudónimo Gaziel, es uno de los periodistas más prestigiosos del siglo XX, le tocó vivir la convulsa Cataluña de la II República como director de La Vanguardia. El artículo al que hago referencia se publicó en el ejemplar de este rotativo del 1 de mayo de 1931. Por tanto, habían transcurrido 15 días de dos sucesos que se simultanearon en el tiempo: el primero, en la Puerta del Sol de Madrid con la proclamación de II República; y el segundo, en la Plaza Sant Jaume de Barcelona, donde Macià promulgó la «República Catalana com Estat integrant de la Federació ibèrica», generando el primer gran problema de la recién estrenada república. Obsérvese que la proclama de Macià está lejos de la reivindicación de la república catalana independiente del siglo XXI.  

En aquel escenario, que escandalizó a las fuerzas republicanas, Gaziel aventuró el origen del cambio de régimen: «Si me preguntasen cuál ha sido, a mi juicio, la causa principal de la caída de la Monarquía, con la mano puesta sobre el corazón contestaría sin vacilar: Cataluña. Con sus continuas convulsiones Cataluña ha ido minando el régimen, hasta ponerlo en trance de que lo derribasen.» Seguidamente, auguró un maleficio: «Y si el profundo malestar que la agita no cesa, derribará la República, mucho más prontamente, y dará al traste con cualquier otro régimen, sea el que sea.»

El advenimiento de la II República propiciaba el objetivo anhelado, que era la “autonomía”, nada que ver con el secesionismo actual: «[…]desde dos puntos distintos y opuestos, aunque complementarios: desde Barcelona y desde Madrid, los dos polos constantes del sistema hispánico[...] Significa que el pueblo catalán […]cree llegada la coyuntura propicia para satisfacer sus indestructibles ansias de autonomía, gracias a una estructuración más racional y justa del Estado español»

Préstese atención que el movimiento catalán es denominado por el periodista como “separatismo”, en contraste con el actual independentismo: «Pero el separatismo, en cambio, no tiene en Cataluña medio alguno para encontrar soluciones duraderas. Él, por sí solo, no puede solucionar nada. Es impotente. […] el separatismo catalán no sólo carece de fuerza para imponerse a España, sino que ni siquiera la tiene para imponerse a Cataluña.»

Posteriormente, Gaziel pronostica un enfrentamiento fratricida, ya no sólo con el resto de España, sino dentro de la propia Cataluña. Algo que estamos viviendo estos días con una intensidad inusitada en las calles catalanas. «El día que por desgracia este viejo pleito quedase catastróficamente planteado en forma de una lucha abierta entre el separatismo catalán y el resto de España, a las fuerzas que el resto de España mandaría contra el separatismo catalán había de juntarse fatalmente, en un redoblado fratricidio, una parte muy considerable de la misma población de Cataluña. Consecuencia: los catalanes no podemos aspirar a más autonomía que la que consigamos a las buenas, por vías de razón y de cordialidad, no por caminos de odio y violencia.» Desafortunadamente la historia no da la razón a Gaziel, pues el secesionismo se ha servido descaradamente de un régimen autonómico para establecer una desconexión sistémica con el Estado.

En lo que sí atina Calvet es en el análisis de un error perpetuado, que no ha variado en los 86 años desde que escribió su artículo: «Para comprenderlo bien, ante todo convendría desterrar para siempre: la denominación falsa y falaz que desde antiguo hemos venido dando, yo no sé por qué, a este problema, llamándolo, con una impropiedad abominable,el problema catalán” […]no es tal, ni lo ha sido jamás, sino que es en realidad "el problema español por excelencia”, un problema constitucional crónico, que viene arrastrándose desde el siglo XVI, y que nos fue planteado no sólo a los catalanes, sino a los españoles todos, por la estructura artificiosa que impusieron a España el cesarismo y el uniformismo personalismo de unas dinastías extranjeras.»

«[…] Cataluña ha sido la parte de España más perjudicada, aunque la dolencia abarcó al país entero; y fue designado así, por la misma razón de economía expresiva que a un hombre afectado de una grave torcedura de la columna vertebral, con múltiples y graves complicaciones en todo su organismo, lo llamamos simplemente un jorobado, como si no tuviese más defecto que el que salta a la vista. Cataluña es la joroba de España; pero la lacra constitucional atañe al país entero.»

«[…]viéndolo localizado en Madrid desde el punto de vista de Barcelona, el problema de Cataluña se nos aparecerá transformado en “el problema de Castilla” […]Ambas eran dos vistas parciales, fragmentarias, y por lo tanto falsas, de un solo tema general que no es catalán, ni castellano, ni gallego, ni vasco, sino el primer problema constitucional de España y aun de la Península Ibérica[…]los demás españoles, y en especial Castilla, y sobre todo Madrid, no tendrán tampoco más paz, ni sosiego, ni bienestar, ni progreso político que los obtenidos mediante la satisfacción de Cataluña […]en realidad no es otra cosa que la gravísima enfermedad que desde hace siglos corroe el cuerpo de España entera.»

En la situación que estamos viviendo, parece que a los españoles nos persiguen los mismos males estructurales del comienzo de la II República, que desgraciadamente el Estado de las autonomías no ha sabido sanar.

Si el lector quiere acceder al artículo completo de Gaziel, puede leerlo aquí, en la hemeroteca de La Vanguardia.

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