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El AVE a Pamplona y a las Vascongadas

Por Javier Aliaga 09 Febrero, 2018 - 10:01

El autor presenta el origen de la ciudad de Pamplona enclavada en tierra de vascones, aclarando ciertos términos próximos al vasquismo, habitualmente tergiversados. 

Mapa de los pueblos prerromanos. Los vascones ocupaban la provincia de Navarra que se extendía al este, no al oeste (Fuente: “Los vascones” de Matías Múgica).
Mapa de los pueblos prerromanos. Los vascones ocupaban la provincia de Navarra que se extendía al este, no al oeste (Fuente: “Los vascones” de Matías Múgica).

Para los físicos la luz ha dado lugar, a lo largo de los siglos, a múltiples teorías. A finales del siglo XVII, Huygens, para explicar los fenómenos de la interferencia y la difracción, propuso la teoría ondulatoria. Pocos años más tarde, en 1704, Newton formuló la teoría corpuscular que se impuso a la ondulatoria. En el siglo XIX, la comunidad científica -primero Young y luego de Foucault-, retomó la teoría ondulatoria de Huygens. Finalmente en 1924, el físico francés Louis de Broglie, basándose en los experimentos de Planck y Einstein, dio con la solución «A cada partícula le corresponde una onda asociada»; dicho de otro modo, la luz tiene un comportamiento dual onda-partícula.

Esta introducción viene a cuento ya que los orígenes de la luz y los de Pamplona, han dado lugar a todo tipo de polémicas. En el caso de Pamplona se manipula por intereses políticos; unos niegan su origen romano incidiendo en el vascón, mientras otros no ven más que su origen romano. Sin embargo, difícilmente se puede entender la historia de Pamplona, sin la dualidad vascona-romana.

Todas las interpretaciones, las de un lado y las de otro, coinciden en que Pamplona fue fundada en el año 74 a. de C. por el general Pompeyo el Grande, a la que dio su nombre Pompaelo –que derivó más tarde en Pampilona-. La disparidad surge por parte de los vascófilos que apoyan la tesis de que la ciudad romana se edificó sobre una ciudad vascona llamada Iruña; sin embargo, no se han encontrado evidencias que lo certifiquen. Al respecto, es preciso saber que los romanos, rigurosos en su protocolo, no cambiaban el nombre de las ciudades que conquistaban o romanizaban. Por tanto, lo más lógico es que Pompaelo fue fundada próxima a un asentamiento vascón.

El geógrafo Estrabón dejó escrito en el siglo I a. de C.: «Pasada la Jacetania, hacia el norte, se encuentra la tribu de los vascones, donde hay una ciudad llamada Pompelon, que es como decir Pompeyópolis [ciudad de Pompeyo]». En el siglo pasado, el artajonés Jimeno Jurío, ferviente partidario de la existencia del poblado vascón, escribió en su “Historia de Pamplona”: «Pompailon, Pompaelo, Pompelona, Pompelone, Pompelune. Formas de una declinación sustantival, mediocre e incompleta».

La sempiterna controversia surge porque todas las palabras que comienzan por “vasc” no son sinónimo de vasco; “vascular” o “vascularización” son ejemplos evidentes. Sin embargo, en otros casos, los vascófilos no dejan opción para la diferencia entre términos radicalmente diferentes: vascón, vascongado, Vasconia, vasco o País Vasco. A esto añadiremos la grafía de los euskaros de Campión, como: baskón, baskongado, Baskonia, basko y país basko.

Los geógrafos griegos Estrabón y Ptolomeo demarcaron los límites del pueblo prerromano de los vascones, que, en esencia, ocupaban lo que es Navarra, extendiéndose al oeste hasta las actuales provincias de Huesca y Zaragoza. Esto lo deja claro Campión: «Los baskones son los progenitores y predecesores de los actuales nabarros». Además de Pamplona, otras ciudades vasconas romanizadas de la actual Navarra fueron: Andelos (Muruzábal de Andión en Mendigorría), Cascantum (Cascante), Gracurris (Alfaro) y Cara (Santacara). También fueron ciudades vasconas en La Rioja, Calahorra (Calagurris) y en Huesca, Jaca (lakka).

Mal que le pese a los nacionalistas vascos, las capitales que forman la actual Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV), no fueron ciudades vasconas, ni siquiera su territorio perteneció a la tribu de los vascones (véase detenidamente el mapa); éstas fueron habitadas por várdulos, caristios y autrigones. Tan sólo era vascona una estrecha franja de Guipúzcoa entre Oyarzun-Irún (Oiarso). Otro de los mitos es que el pueblo vascón fue oprimido por Roma, pero todo apunta a lo contrario; es decir, entre ellos hubo buena relación aliándose para luchar contra enemigos comunes: celtas e iberos. El respeto era mutuo, lo que explica que la lengua de los vascones se propagó entre várdulos y caristios.

Las provincias que forman la actual CAPV, en del siglo XIX, se denominaron vascongadas, y así se han conocido hasta el fin del franquismo. Es bueno saber que el término vascongado viene del latín vasconicātus que significa “hecho vascón”; o sea, fueron “vasconizadas”, en ningún momento fueron vasconas. Indudablemente los vascófilos abominan del gentilicio vascongado ya que delata su verdadero origen.

Al margen del recordado Banco de Vasconia -compañía de banca y seguros-, que nació en Pamplona, en 1901. Vasconia como concepto, es el más desfigurado de los términos “vasc” citados. Ingenuamente algunos lo asimilan a la tribu de los vascones, mientras que es de uso mayoritario su equiparación a Euskal Herria; un ente cultural y antropológico que encierra un objetivo descaradamente político. Téngase en cuenta: 1) como hemos visto, lo que hoy se entiende como Euskal Herria nada tiene que ver geográficamente con la tribu de los vascones de la época prerromana, adicionalmente Matías Múgica nos dice: «Los vascones no eran un pueblo muy homogéneo ni política, ni culturalmente»; 2) pasados siete siglos los reyes francos merovingios crearon el ducado de Vasconia en la Aquitania francesa, o Gascuña (duché de Gascogne, duché de Vasconie), que fue independiente un siglo, del año 660 al 768 ; y 3) el libro “Vasconia” de Federico Krutwig, editado en 1963, fue el catecismo de ETA, en el que se fundamenta la estrategia para liberar a Euskal Herria rompiendo con el nacionalismo tradicional del PNV.

Hasta ahora no he hablado de vascos, porque los auténticos vascos, fueron los oriundos de la sexta merindad de Navarra, la de Ultrapuertos o Baja Navarra. Innumerables son los ejemplos que refrendan esta aseveración; pero me voy a centrar en el historiador francés Prosper Boissonnade, del que hemos hablado en los dos artículos precedentes y en su obra la “Histoire de la réunion de la Navarre à la Castille”, publicada en 1893. Boissonnade utiliza repetidamente en su obra original el adjetivo basque: “les montagnards basques”,” la noblesse basque”,”des provinces basques”, “du pays basque”; en todos los casos se refiere al gentilicio «les Basques de la Basse-Navarre»

Por si nos cabe alguna duda, en la traducción de esta obra realizada por la catedrática de Historia Medieval, Eloísa Ramírez y publicada en el año 2005 (no confundir con las versiones abertzales manipuladas), la traductora hace reiteradas notas, como en la página 262: «Como ya se ha indicado en otras ocasiones, el autor utiliza el término “vascos” en el sentido habitual de las fuentes bajomedievales y modernas, de habitante de la Baja Navarra, o “tierra de vascos”».

El nacionalismo vasco, sin escuchar a razones, sordo como una tapia, suspira por la anexión de Navarra, que les permitirá ocultar la ilegítima apropiación de gentilicios navarros y dar carta de naturaleza histórica a su entelequia.

Según todo lo expuesto, podemos aseverar que el día que el AVE llegue a Bilbao, San Sebastián y Vitoria, quedarán unidas las tres capitales vascongadas; denominadas vascas, no por ser de origen vascón, sino por pertenecer a la CAPV.

En contraste, cuando el AVE llegue a Pamplona/Iruña, lo hará a la antigua ciudad romana asentada en territorio vascón, que será vasca de la misma naturaleza que sus vecinas, si, y sólo si, los navarros, rompen con su historia, y deciden, por referéndum, formar parte de la CAPV con arreglo a la disposición transitoria cuarta de la Constitución de 1978.

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