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Blog / El espejo de la historia

500 años de la herida de san Ignacio

Por Javier Aliaga 20 mayo, 2021 - 9:11

Este 20 de mayo se conmemora el 500 aniversario de la herida de san Ignacio en Pamplona, un suceso que cambió el rumbo de la Iglesia y que la ciudad rememora desde 1950 con un monumento que ha sufrido múltiples agresiones. 

Estatua de Ignacio de Loyola en la avenida de San Ignacio de Pamplona. PABLO LASAOSA
Estatua de Ignacio de Loyola en la avenida de San Ignacio de Pamplona. PABLO LASAOSA

Hace 500 años, el 20 de mayo, el pequeño de los Loyola, Íñigo López, defendiendo el sitio del castillo de Santiago de Pamplona, cayó gravemente herido al interponer la pierna en la trayectoria de una bala de lombarda. Para los jesuitas, fieles al calendario litúrgico, la celebración de este suceso será el próximo 24 de mayo, lunes de Pentecostés.

Fecha arriba, fecha abajo, lo que importa es que la larga convalecencia de aquella herida cambió el rumbo de su disoluta vida, evolucionando espiritualmente; peregrinó, viajó, estudió, se ordenó sacerdote y culminó su obra religiosa en 1534 con la fundación de la Compañía de Jesús. Los jesuitas, hijos espirituales de san Ignacio, fueron los paladines de la Contrarreforma en el Concilio de Trento, firmes opositores a la propagación de la doctrina protestante.

Sea como reconocimiento al santo, o como desagravio de lo ocurrido en 1521, Pamplona siempre ha estado vinculada a la orden ignaciana. La instauración del primer colegio data de 1580, cuya calle pasó a denominarse en 1646de la Compañía de los Padres Jesuitas”. Con el tiempo se simplificó a calle Compañía, tal como la conocemos en la actualidad. Adicionalmente, son muchas las referencias locales al santo: la capilla, la basílica, la placa en la acera y la avenida.

Como un homenaje más, el Ayuntamiento encargó un monumento al escultor navarro Aureo Rebolé que realizó una copia, en argamasa y piedra artificial, de un conjunto escultórico en bronce ubicado en el Santuario de Loyola, obra del catalán Flostals. Inaugurado solemnemente el 8 de octubre de 1950, en cuyo pedestal figuraba la inscripción de la discordia:

SOLDADO Y COMBATIENTE DE ESPAÑA IÑIGO DE LOYOLA CAYÓ DEFENDIENDO EL CASTILLO DE LA CIUDAD DE PAMPLONA EN EL DÍA 20 DE MAYO DE 1521”.

En general el nacionalismo vasco es pertinaz en la reinterpretación de la historia para no reconocer que durante siglos las Vascongadas han sido fieles a la Corona de Castilla y que participaron activamente en la Conquista de Navarra. La evidencia más clara es que el guipuzcoano más universal de todos los tiempos, cayó herido en 1521 en Pamplona, defendiendo la ciudadela en el bando del ejército español de Carlos I.

Las distintas facciones nacionalistas ven la figura de san Ignacio de modo contrapuesto. Por una parte, los hermanos Arana Goiri, Sabino y Luis, fundadores del PNV, profesaron una obstinada devoción al fundador de los jesuitas, reflejo del integrismo que practicaban circunscrito al triangulo: catolicismo, racismo y vizcainismo. El partido, rompiendo con su línea fundacional, en la asamblea de Pamplona de 1977, se declaró aconfesional; con todo, siguen reverenciando ostensiblemente al patrón de Guipúzcoa y Vizcaya.

En la parte opuesta, el abertzalismo exacerbado, que para imponer su relato utiliza ese vandalismo callejero que le caracteriza, se ha ensañado con la obra de Rebolé en numerosas ocasiones. En el primer atentado de enero de 1986, arrancaron el torso y una de las cabezas del grupo, y pintarrajearon la cabeza representativa de López de Loyola.

En junio de 1991, en un nuevo acto vandálico, además de decapitar la figura de santo yaciente, le arrancaron los pies. Al año siguiente, como consecuencia de una agresión, extirparon los palos de la camilla. En 1994, en otro ataque amputaron la mano de un camillero. Finalmente en 2002 decapitaron a uno de los portadores de la parihuela.

Para acabar con aquella pesadilla, la Comisión del Centenario de la Basílica de San Ignacio promovió el cambió del frágil material del monumento de Rebolé por la solidez del bronce; el cual se inauguró el 29 de julio de 2005, réplica del original de Flostals. Para evitar despertar la cólera nacionalista lleva una lacónica inscripción: “SAN IGNACIO DE LOYOLA 20-V-1521”.

De todo ello extraemos dos conclusiones. La primera, fue en Pamplona donde cayó herido el que sería fundador de la orden jesuítica; y por tanto, la ciudad tiene derecho a erigir un monumento de un hecho que cambió el devenir de la Iglesia.

Y segunda, la insípida inscripción actual no deja de ser una concesión a las iracundas hordas abertzales; moleste o no, lo cierto es que Íñigo López, como otros vascongados, se enroló en el ejército español como combatiente contra el ejército comandado por el francés Asparros.

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