Blog / El visillo parlamentario

Parlamento invisible

Por Guzmán Garmendia 16 Diciembre, 2016 - 9:25

La decisión tomada por la Mesa desautoriza de pleno las demagógicas intenciones de transparencia de la Presidenta, de nombre Ainhoa Aznárez.

Pleno en el Parlamento de Navarra. MIGUEL OSÉS
Pleno en el Parlamento de Navarra. MIGUEL OSÉS

Hace tan solo una semana desde que se presentara en el Parlamento de Navarra el barómetro de opinión conocido como el ‘Navarrómetro’, en el que entre otros análisis, se mostraba el grado de conocimiento del órgano legislativo de nuestra Comunidad Foral, arrojando un raquítico 35,7% de la población navarra conocedora de la actividad de la cámara, junto a un escuálido 14,6% que conocía a la Presidenta de nuestra institución.

Ese mismo día, con el agravante de ‘puentismo’, la desconocida ocupante del más alto escalón del hemiciclo foral, firmaba un acuerdo en el que se trata de regular  la concesión de credenciales a los representantes gráficos y literarios de los distintos medios, cuestión básica y lógica, si no fuera porque aprovechando la coyuntura se añadieron dos puntos que suman oscurantismo a la labor legislativa y ordinaria que se viene desarrollando entre las paradas del antiguo palacio de justicia, despejando la nebulosa realidad de la gestión por mucho que traten de vendernos las acciones de ‘Parlamento Abierto’ u otras capas de falsa transparencia.

Dicho escrito, que se nos ha hecho llegar al resto de parlamentarios y personal implicado a la semana de su firma, establece en su punto cuarto que ‘el personal de la Cámara, asistentes de los Grupos Parlamentarios, así como los Parlamentarios y las Parlamentarias Forales, deberán solicitar autorización a la Presidencia del Parlamento para la toma de fotografías o imágenes de las sesiones’, lo que desautoriza de pleno las demagógicas intenciones de transparencia de la Presidenta, de nombre Ainhoa Aznárez -en atención al 85,4% de los navarros que desconocen este dato-.

Siendo grave tratar de impedir la toma de imágenes en el Parlamento de Navarra por aquellos representantes que han sido elegidos en las urnas por los navarros y navarras, así como por el personal que trabajan codo con codo con todos ellos, más hiriente, al menos para los que de verdad creemos que es fundamental acercar las instituciones a la gente, es leer con desolación el punto cinco de la tenebrosa misiva, que reza en toda su extensión que  ‘las personas invitadas a asistir a las sesiones del Pleno en la tribuna de público no podrán realizar fotografías ni grabaciones de audio o vídeo, salvo que hayan sido expresamente autorizadas por la Presidencia de la Cámara. Esta prohibición figurará expresamente en la información previa que se facilita a los invitados a asistir a las sesiones y en el formulario de solicitud de asistencia a las sesiones del Pleno de la Cámara de la página web’.

Me consta que otras cámaras tienen implementadas estas medidas, circunstancia que en nada debe consolarnos, tratándose de la misma aberración que suscita en los tiempos de participación, colaboración y salto tecnológico en el que movemos, que han abierto las puertas a cooperación constante con la ciudadanía, una reivindicación que ha pasado a ser una realidad, por mucho que se empeñen en lo contrario precisamente los que se han aprovechado de esas corrientes para ocupar cómodos sillones y sus más altas remuneraciones personales. Servirse de la normativa informativa para recortar la libre expresión de los que nos visitan en sede parlamentaria, demuestra el ridículo desconocimiento de la realidad de quienes imponen esta normativa.

El horror que produce esta violación de los principios básicos del ‘Buen Gobierno y la Transparencia’ que deben de tutelar la gestión de un órgano de representatividad, en el que los ciudadanos tienen que ser partícipes y protagonistas, solo es comparable con la campaña publicitaria que en dirección contraria lleva ejerciendo el Parlamento de Navarra desde que su anónima máxima representante se vio aupada a un lugar del que desconoce su relevancia, haciendo a la institución invisible, y lo que es peor, convirtiéndola en algo turbio y sombrío.

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