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Alsasua: no piden ‘justizia’ sino más fascismo

Por Eduardo Laporte 16 Abril, 2018 - 23:16

La manifestación del sábado en Pamplona, con apoyo del Gobierno cuatripartito, evidencia la seducción que el discurso terroristoide conserva en parte de la sociedad navarra

Manifestación en apoyo de los detenidos en Alsasua en 2016 por agredir a dos guardias civiles y sus parejas convocada por los familiares de los jóvenes y el colectivo Altsasukoak. LASAOSA
Manifestación en apoyo de los detenidos en Alsasua en 2016 por agredir a dos guardias civiles y sus parejas convocada por los familiares de los jóvenes y el colectivo Altsasukoak. LASAOSA

Hay una España que cree, con contumacia, que la letra con sangre entra. Es el origen, así resumiendo, de todos nuestros males. Franco llegó a pensar que podría acabar con todo elemento subversivo como quien elimina la mala hierba de la fachada del pazo de Meirás.

Yo no entiendo de jueces ni leyes ni de los funcionamientos internos de instituciones como la Audiencia Nacional, encargada de juzgar a los supuestos, hasta la fecha, agresores de Alsasua.

Como no sé de estas cosas, no te puedo decir si ha habido una decisión deliberada, que sería una suerte de prevaricación, entiendo, para dilatar la prisión preventiva de esos presuntos desgraciados hasta más de 500 días.

Se retrasa así la condena, generando una nueva, la del monstruo de la incertidumbre. Que nadie se sorprenda si luego se ve saña judicial, alevosía penitenciaria y al famoso “Estado opresor” por fin manifestándose cual cara de Bélmez.

Cree así, o eso siento yo, desde mi ignorancia, esa cierta España, que con esas medidas punitivas, supuestamente ejemplarizantes, acogotantes, se le acabará la rabia al perro infectado.

Lo mismo cree esa cierta España rajoyana con la aplicación del 155 como panacea territorial que lo resuelve todo como el KH-7 hace la grasa. Como si un artículo de la Constitución, aborrecida por buena parte de Cataluña, fuera a convencer al homo indepedientis de las bondades de formar parte de Estado del que reniegan.

¿Y por qué reniegan? Pues quizá porque ese Estado es incapaz de dar su brazo a torcer y se dedica a enchironar forzando los límites de la «ambigua» Constitución. El 155 se mantiene, pero el problema, la división, se agrava. Se actualiza el venceréis pero no convenceréis y el animal separatista sigue creciendo. (Y el constitucionalista, en lo que es una carrera por la polarización que no hay ya quien la pare: quizá esa sea la estrategia latente del rajoyismo).

Ayer comenzó el juicio por los acusados de la paliza a los guardiaciviles de Alsasua. Unamuno se llama el primer interrogado; El Guionista es cruel. El cuatripartito navarro les apoya y dice que la mani del sábado fue «ejemplar» e «histórica».

Error moral, en mi opinión. Como estrategia electoral, a un año de la cita con las urnas, quizá también. El sábado, decíamos, una manifestación multitudinaria pidió «justizia» para los acusados.

Me gustaría pensar que esa parte de la sociedad navarra se indigna ante lo que se podría considerar, técnicamente, una injusticia: la desesperante dilación del juicio. Sin embargo, ¿por qué no se manifiestan contra otros presos en igualdad de condiciones, acusados no ya de un presunto ataque a la autoridad, sino de una presunta violación en grupo, como son los de La Manada?

Porque no se busca tanto la justicia, o justizia, como defender a los suyos, a los perpetuadores de la vía antidemocrática, la vía de la extorsión, del fascismo de la noche de los cristales rotos (o ese caballo pintado de ‘La vida es bella) del ‘Alde Hementik’ (fuera de aquí).

Porque lo de la «típica bronca de bar» es tan cierto como que los de La Manada son, yo qué sé, la encarnación del nuevo dandi de Brummell.

Para muchos alsasuarras, los miembros de la GC no son personas, sino txakurrak que merecen morir o al menos vivir lejos. Que un gobierno cuatripartito no se desmarque de todo eso me parece un peligroso, terrorífico e irresponsable juego electoral que deberíamos condenar los que no estuvimos, ni estaremos, en manifestaciones como las del pasado sábado.

Por otra parte, manifestarse a dos días del comienzo del juicio, sólo puede entenderse como un intento de presionar a los jueces, así como de mostrar fortaleza político-tribal de cara a 2019. O pedir, más que ‘justizia’, clemencia. Que sean delitos de odio o de terrorismo tendrá que decidirlo los jueces.

La palabra terrorismo deja claro su significado: conseguir fines políticos con la violencia, con el terror. Lo que pasó el 15 de octubre de 2016 fue bastante más que una «pelea de bar». Es un coletazo de los últimos cuarenta años.

‘JUSTIZIA' CUANDO CONVIENE

Sí, creo que es injusto tener más de 500 días en la cárcel a nadie antes de ser juzgado. Sea por supuesta amedrentación fascista a quien se considera enemigo político (Guardia Civil), sea por supuestos delitos sexuales (La Manada).

Pero el telón de fondo del sábado, no nos engañemos, era el apoyo, la complicidad, hacia esa vía que deberíamos superar de una vez por todas. La de la de la dialéctica de las pistolas (o puños si éstas escasean), que dijo José Antonio Primo de Rivera en el discurso de fundación de Falange Española.

Es muy perversa la defensa de una democracia, cuando queremos, y luego el mirar para otro lado para cuando queremos. ¿Dónde está el colectivo feminista en casos, pensemos en Emakunde, en casos como este, cuando se habla de la presunta agresión de dos mujeres, dos, parejas de las víctimas, que no tenían más ‘delito’ que estar casados con sendos guardiaciviles?

¿La sororidad era esto? Una de las mujeres de los agredidos ha padecido serios capítulos de ansiedad: sus padres viven en Alsasua y se cruzan con los supuestos agresores cada día.

Pero los jueces de la Audiencia Nacional la cagan dando argumentos al músculo terroristoide, que lo que quiere es más carnaza para un discurso victimista, para un relato de agravios que la peña compra.

Porque es más fácil y más tentador alinearse con el mal que su contrario, sobre todo cuando hay un discurso dirigista, institucional incluso, que te anima a ello. Lo decía una amiga bilbaína en redes, cayendo en el error de asumir la parte por el todo, pero no tanto en el diagnóstico: «La manifestación de ayer (por el sábado) convierte a los navarros en una sociedad moralmente fallida».

La batasunización de la sociedad española es un hecho, decía, también. ¿Por qué? Porque se han hecho con el relato. A los demás nos asiste la verdad, se consolaba. Pero, ¿puntúa hoy la verdad, la dignidad?

En una sociedad enferma, intoxicada, me temo que no. Porque, así como el mayor mérito del diablo fue hacernos creer que no existía, la principal felonía del criminal es pensar que lo que hace no es ya banal sino moralmente correcto. Que les juzguen, a todos, antes de que llegue el juicio paralelo. Ups, ya es tarde.

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