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¡Que vienen los socialistas!

Por Eduardo Laporte 23 Abril, 2019 - 10:27

Hay películas que parece que se rodaron para ser vistas décadas después, como esta joyita cómica de Mariano Ozores

Fragmento del cartel de la película ¡Qué vienen los socialistas!
Fragmento del cartel de la película ¡Qué vienen los socialistas!

FlixOlé es una mina de descubrimientos y Enrique Cerezo debería pagarme por toda la publi gratuita que le hago. Me confieso cada vez más adicto a cierto cine español, como las últimas de Berlanga o esas películas entre sociales y existencialistas en pleno franquismo de las que se ha escrito demasiado poco: ‘El arte de vivir’ o ‘Llegar a más’.

Cómico-casposilla pero con una oblicua chicha de denuncia y de retrato de la (pícara) sociedad española es ‘Que vienen los socialistas’. Prodigiosa la capacidad del director para pronosticar el futuro político, pues la película se estrenó un 1 de octubre de 1982, a menos de un mes de aquellas históricas y socialistas y felipistas elecciones generales. Hay quien podría hablar de profecía autocumplida, pero me temo que el cine no llega a tanto.

Aunque dar por sentado un hecho, como el de que vienen los socialistas, puede ayudar a corroborarlo. Porque a veces se intuye el desarrollo de esa temporada de Juego de Tronos sin fin que es la vida, la historia, y además las encuestas, como se cuenta en la peli, ya avisaban de que tocaba nueva era política. Dicho esto, TVE se negó a darle publicidad al estrenarse en campaña electoral. 

Son esas encuestas las que ponen en jaque a las fuerzas vivas, caricaturizadas en la película, de una localidad española que podría ser cualquiera, lo que genera un desfile de peloteos, regalitos y prebendas varias dirigidas al candidato socialista (que encarna José Sacristán).

Pluriempleado en un taller mecánico y en una autoescuela, recibe visitas de los peces gordos del pueblo, como el del personaje de Antonio Ozores, con su rancio abolengo, que le pide formación extra a pesar de tener el carné de conducir. «Es que han sacado un montón de señales nuevas y no hay quien se aclare. ¿Le parecen bien 20.000 pesetas por darme clases? Al mes no, a la semana». Y luego le pregunta si le gustan las cenas caras, el marisco, y que tiene unos bígaros muy amables que sacan la cabeza, sonríen y después se meten otra vez. Ay, qué amable es usted, “colega”. Después irá a dorarle la píldora el delegado de la casa SEAT en la provincia. Le regala un cochazo. Sacristán se va a casar y todo son facilidades: en la inmobiliaria, en la tienda de decoración, en la iglesia. Todos quieren camelarse al socialista, porque vienen los socialistas y nos quieren gobernar. Y los poderosos, como le dice Ozores a su mujer, quieren seguir «con esta vida muelle».


Para ello no tienen reparo en declararse partidarios del «pueblo», aunque reconozcan que sólo calibran el tamaño de sus fincas si es encima de un globo aerostático. Pensemos por un momento en la Andalucía que ve a finales de 2018 que se van los socialistas y que vienen los populares. Pensemos en ese ‘establishment’ progre-andaluz generando el movimiento sexy de adular de pronto a los cofrades mayores de la basílica de la Macarena, do está enterrado por cierto Queipo de Llano, el defensor del «golpe militar necesario». Un rojerío institucional que se suscribe de pronto a ‘ABC’, se abona a los toros y se asegura la caseta más esencialista de la Feria de Abril.

En 2019, las encuestas colocan a los socialistas de nuevo en el poder, tras el ensayo previo del gobierno posmoción, y toda una España poderosa, que si antes tenía fincas y concesionarios hoy posee grupos de comunicación y ‘holdings’ de la construcción, acude silente y discreta al besamanos de Sánchez, que sólo desea mantener su perfil bajo mientras dice sí a unos y ofrece esperanzadoras largas a otros.

No han cambiado mucho las cosas desde la peli de Ozores. Una escena muestra una reunión entre los socios del Casino en la que uno de esos señorazos anima a fomentar «la mayoría natural», en lo que entiende será la tónica futura: «Que haya dos grandes opciones, la izquierda y la derecha, y nos vayamos alternando en el poder».

La democracia era esto.

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