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Blog / Capital de tercer orden

Osasuna: una visión

Por Eduardo Laporte 31 mayo, 2016 - 12:15

El equipo rojillo tiene el don de poner las cosas lo más difícil posibles pero también el de hacernos creer en los milagros

César Palacios, exjugador de Osasuna, durante la celebración de un gol.
César Palacios, exjugador de Osasuna, durante la celebración de un gol en el partido ante el Levante de la temporada 96-97.

Cristiano Ronaldo dijo, a toro pasado, y esto vale menos, que tuvo «una visión» y que por eso pidió a Zidane tirar el último penalti. Pena máxima si no lo metes, el sueldo de estos megaforrados futbolistas quizá se justifique solo con aguantar la presión infinita de ese momento decisivo.

El fallo de Juanfran le obsesionará de por vida. En el último estertor, no saldrá de sus mortecinos labios un «Rosebud» como al ciudadano Kane sino uno «San Siro», escenario fatal en que su no-penalti trajo el «fracaso», Simeone dixit, de su equipo rojiblanco.

A Juanfran yo le recomendaría eso que dice Pablo d’Ors en ‘Biografía del silencio’: «Lo que pasa es lo mejor que podría haber pasado». Esto es muy fácil decirlo, a toro pasado también, pero también sirve de consuelo. No es descabellado pensar en que Juanfran mete el penalti, el Atlético de Madrid gana su primera Champions y los jugadores se meten entre pecho y espalda el famoso palé de champán que llegó al vestuario ávido de celebración. Juanfran está exultante, se encarama a alguna estatua milanesa para demostrar su contento y se pega una fulminante hostia que acaba con su cabeza y aún joven vida destrozadas. ¿Lo que pasa es lo que mejor que podría haber pasado? Alguien dirá que es el consuelo del perdedor, pero a mí me sirve para no hacer sangre excesiva con uno mismo.

Si yo fuera Enrique Martín diría algo parecido en la rueda de prensa del próximo sábado en Oviedo, si se diera el caso de que Osasuna no lograra colarse en los puestos de promoción. Quizá algún aficionado o periodista apasionado recibiera ese mensaje como una provocación, pero es cierto que quizá el equipo no esté del todo forjado para dar el salto a Primera en las mejores condiciones. No tengo ni idea. Sigo a Osasuna cada domingo, pero leo su actualidad en diagonal. Hace tiempo que dejé de conocer sus alineaciones y tampoco escruto la clasificación como antaño. Hago como uno de esos padres que está al tanto de las andanzas de su hijo, pero sin preguntar demasiado, lo que no está reñido con el amor incondicional. Depositando, también una confianza casi ciega.

SUEÑOS QUE SE CUMPLEN

Tras ganar su primera Liga de Campeones como entrenador, Zidane dijo algo así como que era un sueño que sabía que algún día podía cumplir, porque en su ambición íntima estaba conseguir cosas grandes. A veces, el éxito no es sino la confirmación del mejor guión que uno redactó en sus planes secretos. Lograrlo es lo que toca, no conseguirlo un revés que no procede y que suena poco menos que inverosímil.

Algo parecido sentimos aquellos aficionados que acudimos al Osasuna-Levante de la temporada 96-97, uno cero gol de Palacios, del que este martes se cumplen precisamente 19 años. El actual entrenador, Enrique Martín Monreal, ya había abonado el terreno de la gesta a la espera de ese broche final que nos supo a gloria a todos pero también a confirmación de una visión que ya masticábamos.

De lo contrario, quizá no hubiéramos bajado a El Sadar, para atar los pañuelicos de San Fermín a la portería de la zona de Indar Gorri donde vimos el partido aquella vez. Asombroso el poder de un equipo de fútbol para colocar la política en segundo o tercer plano. No funcionarían proyectos de ideologizar de manera maniquea el corazón rojillo, como se ha hecho de manera simplona por cierto en Can Barça. Por eso Osasuna sí es más que un club, aunque estamos en Segunda y no hayamos ganado un título en la vida.

MILAGROS POSIBLES

En el último partido de la temporada pasada, se necesitaba un punto para mantenerse en Segunda, pero el Sabadell lo puso complicado: dos goles y a remontar. Y Osasuna remontó, Enrique Martín mediante, y en el último minuto llegó el empate salvador. Escuché el partido en la radio, adormilado en el tren por una resaca de jagermeister en Salou, y el resultado final me pareció tan increíble como único posible.

Había tenido, esta vez también, una visión: la de que ese partido no se podía perder y que tampoco ese año nos hundiríamos en el abismo de la Segunda B, que podría significar incluso la disolución definitiva de la entidad. Una manera, por cierto, de complicarnos la existencia muy marca de la casa y con la que me identifico plenamente: no hay épica si uno no se lo pone antes un poco más difícil de la cuenta. Como encajando esos goles previos en Sabadell o perdiendo ante el Nástic o el Huesca en las últimas jornadas.

Es fácil reconocer una visión a toro pasado, y quizá el revelarlas antes de tiempo las invalide, pero me la voy a jugar. He tenido la visión de que el milagro Martín Monreal tiene que culminar con un ascenso a Primera, como se vaticinó tras el empate en Sabadell, y que este llegará tras la victoria en Oviedo, las carambolas posteriores y los triunfos correspondientes en la fase promocional. Si acierto, creeré en el Más Allá, en los milagros y en el poder inefable del capotico de San Fermín para con Osasuna. Si fallo, nadie se acordará de esta columna y seguiremos intentándolo, con o sin visiones de por medio. Pase lo que pase será lo mejor que podría haber pasado.

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