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Navarra Suma, mayoría absoluta

Por Eduardo Laporte 21 Mayo, 2019 - 8:50

En un escenario de política-ficción, imaginamos algunas de las medidas que un UPN & Friends crecido electoralmente llevarían a cabo

Javier Esparza y Enrique Maya intervienen en el acto central de campaña de Navarra Suma. PABLO LASAOSA 17
Javier Esparza y Enrique Maya intervienen en el acto central de campaña de Navarra Suma. PABLO LASAOSA 17

27 de mayo, Navarra, la Navarra con tres errres, Navarrra, amanece henchida. Almuercico con huevos fritos, chistorra, tintico y pacharán para celebrar la mayoría absoluta en casa del nuevo alcalde, Enrique Maya, que explica al nuevo presidente, José Javier Esparza, de qué va la cosa de mandar.

En ese almuerzo inaugural y a puerta cerrada, la nueva bicefalia regionalista tomará, al calor del zumo de uva, algunas de las decisiones que marcaran su legislatura. Navarra pasará a llamarse Foralia, en un deseo de recuperar el elemento diferencial fundacional así como a un aviso a los socios de Ciudadanos.

El anuncio se hará desde el solar de las futuras Torres Mayonas, en Salesianos, proyecto que no sólo se llevará a cabo sino que se ampliará considerablemente, con la ayuda del exmarido de la exalcaldesa y expresidenta, metida ahora a Supervisora de Asuntos Varios. La zona pasará a conocerse entre la gente como La Pequeña Dubái o Dubaitxiki. Locales como La Olla o el Rodero incorporarán apartados privados a sus salones para recibir a distintos magnates árabes que querrán invertir en la ciudad. El Arga será testigo de distintas prospecciones petrolíferas. La Rocha acogerá un parque tecnológico de desarrollo de baterías de litio. El chándal de los domingos de Asun y Satur se cambiará por el vestido y el traje y corbata de Zara Vip.

Porque Foralia debe recuperar su espíritu de viejo reyno. Lo primero será construir un muro, de Alsasua a Burgui, que marque la frontera, que no muga, entre Foralia y Euskadi. Construida con madera de almadía, el Muro de la Libertad no impedirá el tráfico de ciudadanos de Euskadi a Foralia, pero sí exigirá el pago de un impuesto, el foraleko, que irá destinado a la creación monumental más señera del gobierno hipernavarrista: una escultura de San Fermín a tamaño descomunal que se podrá divisar desde Cortes a Vera de Bidasoa, con un capotico bordado en oro y brillantes, así como un báculo de aleación del que se desprenderán haces de luz que iluminarán Foralia entera cada 7 de julio. La tómbola de Cáritas, con un generoso patrocinio del tándem Esparza-Maya, incluirá en sus boletos un premio directo de acceso a la mitra santa, de cien metros de diámetro, habilitada como mirador orientado a Olite. Porque tanto Olite como el castillo de Javier no sólo serán dos puntos de peregrinación anual y masiva dentro de Foralia, sino residencias oficiales de Esparza y Maya, respectivamente. Sí, vuelve el coche oficial sin postureos de austeridad.

EUSKERA Y SANFERMINES

Recuperar el espíritu primigenio de las fiestas será otras de las prioridades de la Agenda Foral, tras años de escalada dionisíaca y desfases de más, punto en el que hay cierto consenso. En lo que no se producirá tanto consenso es en limitar los Sanfermines a una feria taurina, la más importante de España, salpimentada tan sólo por almuerzos tras el encierro, aperitivos en la plaza del Castillo, finos en el apartado, comidas callejeras y por la noche un paseo familiar para ver los fuegos al estilo donostiarra de helado de Nalia y chaquetica. El lema oficial, tumbada la pantomima de los carteles populares, será: «Sanfermines, la fiesta de toros».

Como actividades culturales, se programarán homenajes a Pedro Osinaga en el Gayarre, conciertos de jotas en el Navarra Arena, así como actividades «de refuerzo del castellano y las lenguas propias», para «los más chiquis» a cargo de Gorgorito, que hará sus pinitos en romance navarro.

Porque el euskera, o su oposición a la misma, será otro elemento que definirá las políticas del tripartito gobernante de Navarra Suma. Lo primera medida será apartar la lengua de las instituciones públicas y crear en cambio una Escuela de Lengua Vascuence, con financiación foral, que impartirá las clases en inglés.

Por último, en Foralia se fomentarán las inversiones, la atracción de grandes capitales, hasta convertir a la región en la Baviera del norte, con el mayor número de plantas de automoción de toda Europa. La antigua Navarra se convertirá poco a poco en un gran concesionario, en lo que ayudará el tren de alta velocidad Pamplona-Hamburgo, con estación en Echavacoiz. Desde las Torres Mayonas se firmarán contratos con diversos fabricantes, en una comunidad que generará una nueva sociedad: los ricos del motor y el resto (pobres, mayormente). Se producirá entonces la enésima fuga de cerebros que hará bueno el lema de san Francisco Javier, «Id por todo el mundo», en una Foralia tan rica como aburrida y desigual. Pero las legislaturas exitosas se sucederán, puesto que las arcas forales se inmiscuirán en Osasuna hasta el punto de llevarla a su primera final de Champions, contra el Manchester City de Guardiola.

Una tarjeta roja, rojilla, en el último minuto, se traducirá en penalti y expulsión del jugador osasunista. La dolorosa derrota, en el parisino Parque de los Príncipes, generará un tímido movimiento de repulsa hacia Foralia, aunque el solo recuerdo de los años del cuatrivaskito callará las bocas de los más díscolos.

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