Blog / Capital de tercer orden

La reinvención de febrero

Por Eduardo Laporte 11 febrero, 2020 - 9:03

Para mí siempre fue el mes más antipático del calendario, hasta que descubrí cómo darle la vuelta. 

Luces de febrero en un barrio de las afueras de Madrid. Foto E. L.
Luces de febrero en un barrio de las afueras de Madrid. Foto E. L.

Todos los meses tenían encanto para mí, excepto febrero. Lo asocio a totalitarismo, a nuevos viejos ministerios, a grisitud del individuo aplastado ante el sistema, el que sea. También a procesos víricos, bacterianos —nunca sabré cuál es cuál— que se metamorfosean en diversas pejigueras ora en la garganta, ora los pulmones, ora en una nariz que no descansa hasta ha liberado un pantano franquista de mocos.

Febrero como mes de ferias en las que no se te ha perdido nada, la del turismo, la del vino, la del arte, la ferias de las ferias, la feria de los monos de feria, la feria de las vanidades, la feria de las navidades, la feria del pulpo a feira en sexta-feira, viva Portugal y el Iberolux; si hay una feria de eso voy de cabeza, Oporto, Lisboa, qué hermosas sois. Porque puede que me encuentre entre los españoles en edad activa que menos ferias han pisado en su vida. Ni de libros ni de libris, ni de ex libris (también, por seguir con las clasificaciones absurdas, mi gasto en farmacias, excepto por alguna gripe de las citadas, es prácticamente nulo; me honra contribuir lo mínimo posible al pirateo de los laboratorios y que dure).

Febrero me dejaba frío, no por su inserción en el curso invernal, sino por no tener más fiestas que unos carnavales grotescos y extemporáneos hasta que descubrí su relación con el calendario cristiano. Entonces dejaron de parecerme grotescos y extemporáneos y descubrí que además tenían su razón de ser. Porque a partir de los cuarenta, con todo ese kilometraje de jaranas que llevamos a las espaldas, hay que empezar a seleccionar las cosas que uno celebra. La misma dosificación que el vino, bueno y sin atracones.

El carnaval viene a ser una especie de despiporre pantagruélico y desvergonzado como contrapunto idóneo ante lo que se avecina. Tras los meses de invierno en que se permitía un consumo desmedido de grasas y carbohidratos por aquello de superar los rigores, se impone ahora una moderación, unas semanas, cuarenta días, que los cristianos más puristas vivirán en su sentido profundo de ayuno, abstinencia, limosna y oración. Habría mucho que hablar sobre la confusión entre moderación y mortificación, pero la Cuaresma, ahora sí, vendría a ofrecer un tiempo de salud, verduras y un domesticar al gordo que llevamos dentro (o fuera). Las cosas que se hacen con alegría no cuestan esfuerzo; tenía razón el de ‘Dejar de fumar es fácil si sabes cómo’.

La Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza, día del entierro de la Sardina, que este año cae el 26 de febrero en todas partes menos en Murcia, donde, si nadie lo remedia, se celebrará este año el 18 de abril. Aquel día, y no me refiero al murciano, tiene todo el sentido del mundo cogerse una cogorza de tomo y lomo. No porque luego haya que entregarse a un régimen de privaciones y sacrificios, sino para celebrar el nuevo tiempo venidero en el que podremos por fin prescindir de los compromisos quitatiempos, adelgazacarteras y quemahígados. Bienvenido ese momento en que uno podrá leer en su casa, al final del día, sin remordimientos por no haber acudido a tal presentación de libro, a la cena con X, al cumpleaños de Y. Lo siento si naciste entre el 26 de febrero y el 13 de abril (en puridad la Cuaresma acaba el Jueves Santo, pero lo suyo es alargarla hasta el Domingo de Resurrección o incluso al Lunes de pascua). ¿Y la escalera sanferminera? Se suprime el 3 de marzo y el 4 de abril y aquí no ha pasado ná.  

¿Salirse de la vida? Sí, para luego volver a ella con más fuerza. Como volvemos al día tras el descanso de la noche, a la música, a la palabra, tras el silencio de la meditación. Le puedes llamar Forty Days of Healthy and Inner Life si te gusta más o si te parece carca la asociación cristiano-católica. Una vez venzamos el sectarismo de anular una cosa por su procedencia, al margen de las bondades de su mensaje, de su práctica, la Cuaresma se pondrá de moda.

Ahora sólo me queda comunicar al universo mundo que no cuenten mucho conmigo para sus desmanes etílicos. Tengo un par de semanas aún para comunicar esa desaparición con billete de vuelta. Me relamo sólo de pensarlo. Me gusta febrero.

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