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Hemingway se alojó en un AirBnB

Por Eduardo Laporte 04 diciembre, 2019 - 10:19

Miguel Izu toma el relevo de José María Iribarren con su ‘Hemingway en los Sanfermines’: Una obra de gran rigor documental que arrumba algunos mitos casi fosilizados

La escultura de Ernest Hemingway luce el tradicional "pañuelico" de San Fermín en el popular Café Iruña de la Plaza del Castillo de Pamplona. EFE/Villar López
La escultura de Ernest Hemingway luce el tradicional "pañuelico" de San Fermín en el popular Café Iruña de la Plaza del Castillo de Pamplona. EFE/Villar López

En los manuales de marketing de las universidades más descollantes debería estudiarse el caso del hotel La Perla y su habilidad para rentabilizar la única noche que pasó Hemingway entre sus paredes. Una única estancia, y ni siquiera durante las fiestas sanfermineras, que sin embargo le han proporcionado durante décadas la vitola de hotel de Hemingway, como sí lo fue el Ambos Mundo de la calle Obispo de La Habana o el hotel Quintana, en la otra esquina de la entonces plaza de la Constitución, en el que pasó sus estadías el autor de ‘Fiesta’ por ser lugar más barato y habitual de toreros y aficionados.

Leyenda hiperlocal —y sin embargo universal— que se dedica a desfacer, así como otras tantas, con documentado empeño el autor navarro Miguel Izu en su reciente ‘Hemingway en los Sanfermines’, que Ediciones Eunate publica haciendo un guiño al clásico ‘Hemingway y los Sanfermines’, de Iribarren, de cuya primera edición se cumplirá medio siglo este 2020.

Porque la verdad está en los libros de registro. Uno podrá discutir sobre si es mejor la tortilla de patatas con cebolla o sin cebolla, pero los datos son a veces tozudos. Como el de que la única vez que Hemingway y señora (Hadley Richardon, 1891-1979) se hospedaron en el famoso hotel de la plaza del Castillo fue la noche del 26 de junio de 1924, un año después de su primera visita a la ciudad. Fecha que coincide con la del estallido de los Encuentros de Pamplona de 1972 y que propongo añadir al ya apretado calendario presanferminero: 26 de junio, la noche de Hem.

(Ignoro si el hotel la Perla, cuyo gerente por cierto es un gran lector, me cuentan, celebra ya algún evento en dicha fecha; no sería mala idea para añadir más clientes de acreditada solvencia a sumar a los que se dejan unos 1.400 euros la noche por dormir en sábanas de «algodón de hilo egipcio» durante las fiestas, seducidos por una leyenda que tiene más fuerza que los datos).

Es cierto que la idea inicial del matrimonio Hemingway era alojarse en La Perla, gestiones que iniciaron dos semanas antes de su llegada a la ciudad el 6 de julio de 1923, por la noche. Pero la oferta de la patrona, Ignacia Erro, les pareció demasiado elevada, y acabaron aceptando la propuesta alternativa de alojarse «en un piso particular en el número 5 de la calle Hilarión Eslava, encima de la droguería y farmacia de Manuel Negrillos, un negocio, que, milagrosamente, sigue hoy existiendo en el mismo lugar», apunta Izu. Ignoro también si existe alguna placa que recuerde el dato, pero no sería mala idea tampoco. Como en el número 7 de la calle San Fermín, tiene gracia la cosa, donde también se instaló Hemingway años más tarde, si no me equivoco.

O sea que el autor de ‘¿Por quién doblan las campanas?’ (qué gran libro) durmió en una suerte de AirBnB de la época, economía colaborativa del periodo de entreguerras y sólo una noche en La Perla, un año más tarde, en la estancia más breve y fructífera jamás explotada por la hostelería. Porque tampoco se alojaría, insistamos, durante los años cincuenta, época en que sí dormiría en el hotel Ayestarán de Lekunberri. ¿Y que qué hacía Hemingway en junio de 1924 en Pamplona? Pues reservar habitaciones en dicho hotel, para él y sus amigos, y ahorrarse los problemas del ‘last minute’ del año anterior, aunque luego se decidieran por el Quintana. También, comprar entradas para la feria, para la que hubo de guardar la correspondiente fila en la Casa de la Misecordia, a.k.a. La Meca.

Estos hechos no serán nuevos para los ‘connaisseurs’, pero hace bien Izu en volver sobre ellos y de la forma más implacable posible: con la fuerza del dato.

EL TIRÓN DE LOS SANFERMINES

Hemingway en los Sanfermines’ se vale del escritor de Oak Park para analizar también el fenómeno de unas fiestas cuyo atractivo era fuerte ‘per se’ antes de la publicación de ‘Fiesta’. Izu contribuye también a desmentir la idea de que sin Hemingway la fiesta no se habría internacionalizado. El mismo 1923, en que el entonces lampiño escritor se cree el único guiri de la ciudad, la prensa local habla de «incesante llegar de forasteros que no sabemos dónde demonio se van a meter. De elemento americano, sobre todo, y de Francia, han venido en proporciones extraordinarias». El personal local se quejaba ya de la masificación: nace la turistificación.

Son unas fiestas que no ocultan ya su carácter dionisiaco con el atractivo taurino, combinado con un elemento culto-liberal con figuras de renombres internacional como Sarasate, que atraen cada vez a más gente. El violinista, que tenía casa en Biarritz, acudió desde 1876 a 1908 a dar sus recitales en San Fermín, aportando su notoriedad a unos festejos que eran ya pura pólvora cuya mecha chupinacil sí prendieron Hemingway y su carisma, que aún pervive.

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