Blog / Capital de tercer orden

La gran novela negra navarra está por escribir

Por Eduardo Laporte 08 noviembre, 2016 - 7:51

La cantera de autores del género negro progresa adecuadamente en Foralia, pero está por cubrir aún la vacante que convierta Pamplona en un potente escenario literario.

Una Praga que podría recordar, por qué no, a cierta Pamplona de Taconeras truculentas. JOSEF SUDEK
Una Praga que podría recordar, por qué no, a cierta Pamplona de Taconeras truculentas. JOSEF SUDEK

Por las clásicas pejigueras que si Correos que si esto y lo otro, aún no he podido leer la última novela de Carlos Bassas, Mal trago, que acaba de sacar Alréves. Director del festival Pamplona negra,  el prolífico escritor vuelve con otra entrega del color del sobaco de un grillo africano, ambientada en la ciudad imaginaria de Ofidia que no sé decirte si es un remedo pamplonés o qué, por no haberle hincado el diente aún.

Dicen aquí que es más un homenaje a sus raíces (Bassas lleva desde 1992 en Pamplona, pero es de origen catalán), a la "novela negra mediterránea", así que intuyo algo más a lo Montalbán, con un protagonista, Herodoto Corominas, que no suena muy de haber pasado por una ikastola de Barañain. Aunque el escritor dejó dicho que Ofidia es más su ciudad, Pamplona, que ninguna otra. ¿Será Bassas quien ostente, en el futuro, tan escurridizo título?

No estaría mal eso de Foralia, que ignoro si alguien ha empleado ya, como filtro literario de un territorio más real, una Pamplona y su extensión. Lo de La Comarca ya lo pilló Tolkien. Sánchez-Ostiz hablaba de Umbría para su particular visión de la ciudad, o de Humberri para esos territorios que ahora se evocan en premios Planeta en un género que puede ser de intriga y policíaco, pero que no es novela negra, me apresto a apostillar.

Yo, hoy, hablaría de Pamplona. Como hace Gonzalo Garrido en sus series negras con un Bilbao de fondo que se llama Bilbao. A la chita callando, o más bien callando poco, porque Garrido maneja con arte el siempre delicado asunto de la autopromoción, este escritor tardío va consiguiendo hacerse fuerte en esa plaza. ¿Hay ciudades más interesantes que otras? Me gustó recorrer en Las flores de Baudelaire el Bilbao de principios del siglo XX, ese que empieza a sacar pecho a y aspirar poco menos que a ser la capital del mundo (así se llama su reciente novela, en clave paródica) gracias a la fortuna que les deparó el mineral hierro.

Quizá el reto, literario y de más órdenes, sea lograr esa universalidad en una ciudad más tenue como Pamplona. Ramiro Pinilla lo logró con gracia en Sólo un muerto más, con Getxo como irónico escenario del crimen. Y Paco Bescós con Calahorra, nada menos. Ahí está San Fermín como filón, a una mala. Porque en esos días la ciudad se coloca en el foco y, aunque sea sólo en la liga de las fiestas, también se convierte en la capital del mundo. Candidatos para lograrlo no faltan. Carlos Erice, por citar uno solo. Pues ahora voy y cito a Margarita Leoz, cuya pluma inquietante también podría concebir todo un universo oscuro y navarroide.

¿QUIÉN MATÓ A WILSON YANZA?

Pido perdón a quien le pueda molestar que emplee una noticia luctuosa y dolorosa para hablar de literatura. Pero, nos guste o no, todos somos pasto de salir en las noticias. El asesinato o el homicidio, lo queramos o no, y aquí tenemos un tema interesante de debate, te convierte en una figura pública. De alguna manera, en cuanto que vivimos en sociedad, somos todos públicos. Y quizá sea bueno que asumamos también esa potencial condición, que va más allá de pagar nuestros impuestos.

Residente en Navarra desde hace 14 años pero de origen ecuatoriano, Wilson Yanza salió un miércoles de casa, en Tudela, para no volver. Su mujer denunció su desaparición y la respuesta a la pregunta sobre su paradero llegó de la peor forma posible: con una comunicación no ya de su muerte, sino de su probable asesinato. Encontraron el cuerpo, semisumergido, con signos de violencia, junto al medidor del caudal del río de la Confederación Hidrográfico del Ebro, a algo más de un kilómetro de Castejón.

¿Cómo llegó hasta ahí? Los familiares han declarado que salió sin coche, por lo que no entienden cómo recorrió los 18 kilómetros que separan una localidad de otra. A Yanza, que también estuvo al cargo de una tienda de productos latinos en San Jorge, Pamplona, lo llamaban ‘El Colombiano’, por tener muchos amigos de aquel país. Descanse en paz.

Como la revelación que vivió Truman Capote al leer el recorte sobre el crimen del pueblecito de Kansas, hay ciertos casos que invitan a ahondar más en ellos. Todo escritor, y en el citado caso especialmente, tiene algo de vampiro. Pero las buenas historias se fabrican con el barro de lo real. Shakespeare lo sabía y eso y no otra cosa hacía. Recrear.

Claro que siempre tiene que haber unos interrogantes que aclarar. Y los menos importantes suelen ser los relativos a la trama.

¿Quién escribirá la gran novela negra navarra? ¿Quién convertirá a Pamplona en todo un castillo de ficción donde los crímenes más abyectos no sean sólo posibles sino verosímiles? Si ese autor, si esa sagaz escritora, existe, que me lo soplen que yo aún no me he enterado.  

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