Blog / Capital de tercer orden

Albert Rivera te sacará a pasear al perro

Por Eduardo Laporte 05 noviembre, 2019 - 9:41

En un debate más sosegado que otros años, el líder de Ciudadanos trató de desmarcarse ofreciendo un lado más humano y personalista. Busca tocar la fibra sensible del electorado, aunque no está claro que lo consiga.

El próximo 15 de noviembre, Albert Rivera cumplirá 40 años. Es de los tardanos de su quinta, esos que cumplían cuando ya había pasado el verano, los jóvenes dentro de los viejos. Quizá quiso darle la vuelta a ese detalle biográfico y por eso ahora parece el viejo dentro de los jóvenes. O de los viejóvenes. De posar en pelotas a postularse como «presidente de las familias».

En un debate tirando a plano —que dejé a medias, hay algo masoquista en contemplar ese espectáculo propagandístico—, el político catalán e hijo de malagueña nos sorprendió con ese título autoconcedido. Con idea de tocar la fibra a ese votante que sabe que se le escapa, trató de ir más al corazón que a su cabeza, como con el perrito Lucas que huele a leche. Su problema es el #Setenota. Se aprecia la estrategia, el cálculo y, Rivera, como buen liberal amigo de los análisis dafo y los libros de liderazgo para dummies, se cree que la peña es tonta. Pero la peña en general y el electorado en particular es más lista de lo que creemos. Excepto en Cataluña, al menos.

Y como la peña no es tonta, lo que acaba viendo es a un mercachifle vendemotos más que a un candidato a la presidencia del Gobierno de España. Un tipo que se pone una camiseta de Liberales Ibéricos, dándole la vuelta a la pullita de Sánchez, creyéndose así más listo que nadie, como en su día con lo de Naranjito, en ese rizar el rizo de la inteligencia que es un error. Todo es más simple, Albert. Y #setenota.

Como cuando saca, en un secreto homenaje a aquel Arangüena de ‘Lo + Plus’ (hoy relegado a la radio nocturna, pobrecillo), que si un adoquín de la semana tragicómica de Barna, un pliego de cordel con las cesiones del PP a Cataluña o un gráfico con señoras embarazadas.

Dijo que lo más importante en su vida es su hija y ahí sí sonó sincero. Claro que meter a tu niña en un debate electoral no deja de ser raro. Como tenía algo de raro lo de «presidente de las familias». Al margen de la bondad o no de la medida (propone un cheque de 1200 euros anual a las familias con dos hijos y de 2400 a las de más de dos, así como que dos hijos sean ya familia numerosa), dio pie a una imagen cuando menos inquietante. La de un Albert Rivera relegado, en un hipotético gobierno del PP, a ministro de la Familia, cartera así como muy de las esencias de Génova, y que se lo tomara tan en serio que fuera casa por casa a ganarse el sueldo.

Como esos españoles que levantaron Cataluña, su madre entre ellos, él se ofrecería a pasearte el perro, se llame Lucas o Foxy, a sacarte el lavavajillas, a poner la última lavadora del día, a arreglarte ese desconchado con un poco de aguaplast. Albert, el ministro de los españoles que madrugan. Porque también te prepararía el desayuno y llevaría a los peques al jardín de infancia.

Pobre Albert, cumplirá 40 años sin haber alcanzado su sueño de haber pisado el felpudo de Moncloa en calidad de inquilino por al menos cuatro años. Estuvo cerca, más que nunca, pero se le jodió el Perú en la primavera de 2018 y desde entonces anda desnortado.

En lo que vi del debate, me pareció el que más ganas le echaba. Sabe que quizá sea su última chance de seguir en la arena política siendo una alternativa seria, y de lejos asoma el fantasma de tener que reconstruir la vida a partir de los 40. El miedo de acabar siendo víctima de una reinvención inefable, como aquella del descabalado Alfredo Urdaci y su época de los monólogos, para luego montar una agencia de comunicación y ser un español más. ¿Qué haría Rivera fuera de los focos de la política? ¿Cómo se lleva vida de expresidente sin haber sido presidente?

A mí el tipo no me cae mal, aunque como político le aconsejaría que recuperara un perfil más fino y no ese empecinamiento en controlar los problemas (Cataluña) por la vía más férrea. Se le escapa ahí un ramalazo feo y suena redundante en su espacio político. Cumplirá 40 años con una previsible situación política y escañística delicada. Quizá entonces se arrepienta de esos noes a Sánchez y descubra que aún puede reconducir su carrera política, antes de que acabe presentando un reality show en internet con aquella pareja de pesadilla de las hipotecas a plazo fijo como estrellas invitadas.

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