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Politicuchos vendiendo tiramisú

Por Carlos Marañón 15 junio, 2020 - 10:08

Nos venden el tiramisú de bizcocho duro y queso de tarrina como si de un verdadero tiramisú se tratase. 

Un plato de tiramisú.
Un plato de tiramisú.

Huevos, bizcocho, café y cacao en polvo son los ingredientes del tiramisú, postre Italiano por excelencia. Posteriormente se le añadió queso mascarpone para aligerarlo y darle ese punto de sutileza.

Es uno de los postres más difíciles de realizar con maestría. Como punto de partida, hacen falta ingredientes de calidad. Unos buenos bizcochos de soletilla, aéreos, sutiles, sin excesivo azúcar y perfectamente horneados.  Sin ningún punto crujiente. Nubes en estado dulce.

Bizcochos que mojaremos con un buen café, un buen expreso Italiano, sin amargor, afrutado y con un profundo aroma. Mojaremos lo justo los bizcochos con café, para evitar que absorban humedad una vez colocados en el tiramisú. Pero, sin pasarnos, para que tengan la suficiente consistencia como para servir de base sobre la que se sustente el postre.

Y llega la parte más delicada, el sabayón. Levantar las yemas de huevo con azúcar  a base de batir y batir. Trabajarlas sin sobrepasar los 60 grados para evitar la coagulación de la proteína. Arrancar a temperatura ambiente para poco a poco ir subiendo la temperatura a baño María hasta conseguir que se esponjen.

Un sabayón al que añadiremos claras a punto de nieve además de un buen queso mascarpone, previamente esponjado con mimo  y cuidado para no estropearlo.

Solo en ese momento se disfruta del montaje del postre, una capa de bizcocho, mojado con el café mientras nos deleitamos de sus aromas, la crema, otra capa de bizcochos con café... para terminar espolvoreando un cacao en polvo amargo que le dé ese contrapunto para hacerlo perfecto.

Ya solo queda refrigerar durante el tiempo necesario y meter la cuchara para deleitarse de manera única.

Pero, claro, si tiras de café soluble, de bizcochos secos, lo untas con una tarrina de mascarpone del súper al que le has metido dos yemas de huevo y un poco de azúcar para cerrar la faena con el soluble de cacao del desayuno, tiramisú, lo que se llama tiramisú, no sale.

Y es lo que nos está pasando en estos momentos de pandemia con todos nuestros políticos. Porque son políticos y malos gestores. Nos venden el tiramisú de bizcocho duro y queso de tarrina como si de un verdadero tiramisú se tratase. Entre partidismos que nos dicen que es mejor más café que crema, o que su mascarpone de tarrina es memorable, vendedores de soluble de desayuno como si fuese cacao amargo en polvo y clientes que lo aceptan olvidándose del verdadero tiramisú.

Pero, si vendes tiramisú del chungo como si fuese Italiano, el cliente se enfada  y mucho. Sobre todo si lo cobras a precio del bueno. Porque una cifra de veinte mil muertos no es vender chungo a precio caro, es mucho más.

Porque ahora lo que toca no es quejarse de la porquería de tiramisú que nos están vendiendo. Lo que toca es exigir es que si solo tenemos soluble de cacao y bizcochos duros no nos da para tiramisú pero si para untarlos y merendar. Menos vendehúmos y más pragmatismo.

Y me parece que no soy el único, tiempo habrá de tiramisú. Hoy la faena esta en untar el bizcocho tieso en la tarrina de mascarpone y mojar en el soluble de cacao. Y como no esperas tiramisú, ni tan mal.

Así que ya vale de tanto tiramisú para todos y mucho menos reclamar que lo hago mejor que tú. Porque habrá que ver qué podemos hacer con lo que tenemos en la nevera.

Porque tiramisús inolvidables de cuchara y gozar, pocos y muy de vez en cuando.

Es hora de otras cosas, no de tiramisú.

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