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Blog / El Perolas

Gracias abuelas

Por Carlos Marañón 02 junio, 2017 - 9:57

Comienza el calor y, el tiempo veraniego empieza a asomar, la rutina empieza a diluirse y la dictadura del reloj empieza a dejar nuestras vidas.

Dos mujeres en una imagen de archivo
Dos mujeres en una imagen de archivo

Momento en el que aparece una figura fundamental en los tiempos que nos esta tocando vivir, la de las abuelas, la de nuestras madres o nuestras suegras que, de ser una ayuda en otros lustros, han pasado a ser elemento fundamental en la vida de sus nietos y de sus hijos. Abnegadas cumplidoras con una sonrisa al recoger a los niños en el colegio, a la hora de llevarlos al parque, a la piscina, a los patos o lo que sea menester hasta que sus padres regresen del trabajo, preparando meriendas, comidas y, un sinfín de ayudas que son vitales en cualquier familia.

Y, llegado el fin de semana, recibimos como agua de Mayo una llamada telefónica; desde ese móvil que les ha tocado aprender a manejar por exigencia tecnológica, para ver si este Domingo vendréis a comer a casa.

Paella de domingo, cordero asado de día de fiesta, cochinillo, croquetas, chilindrón, caldereta de pescado, chipirones en su tinta, ensaladilla rusa, codornices en salsa, garbanzos con todos sus aditamentos, langostinos en el horno, merluzas en salsa verde, ajoarrieros, mejillones con tomate, canelones, chistorra de esa que tanto te gusta, sopa de pescado, tarta de manzana, bizcocho, natillas, flan, tocino de cielo...una eterna lista que con gusto, mimo y saber hacer nos ha deleitado desde pequeñitos; logrando que en el tuétano se nos incruste la afición por esto del comer, beber y guisar.

Vaya un sincero homenaje y unas profundas gracias a todos esos platos, platillos, entremeses, sopas, guisos, carnes, pescados, aves, postres y demás viandas perjeñadas desde los fogones de las casas de tantas madres y suegras. Viandas que en muchos casos no había y tenían que "inventar", perolas que se estiraban hasta el infinito y días de fiesta con todos congregrados alrededor de una mesa, cortando el pan con la mano, abriendo vino y celebrando la vida en torno a los guisos de madre y abuela. Infinitas gracias, que siempre serán pocas, por todo ello. Sobra añadir nada más, salivar, recordar y sonreír. ¿Me pasas el pan?

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