TRIBUNALES

Un camarero con ansiedad por los pedos y eructos de su jefe no consigue que se le reconozca dolencia profesional

El jurado advierte que el cuadro de ansiedad por el que se cogió la baja no tiene su origen exclusivo en esos problemas laborales. 

Dos camareros trabajan en un bar. ARCHIVO
Dos camareros trabajan en un bar. ARCHIVO  

El Juzgado de lo Social número 4 de Valladolid estima que el estado de ansiedad y depresión sufrido por un trabajador del sector de la hostelería, que la víctima achaca, entre otras muchas razones, a los pedos y eructos del encargado del establecimiento, debe encuadrarse en una enfermedad común, tal y como entiende la Seguridad Social y contrariamente a lo que venía reclamado el camarero, quien solicitaba el reconocimiento como dolencia profesional.

En su fallo, el referido juzgado advierte de que del cuadro de ansiedad por el que el acto causó baja el 29 de febrero de 2016 no tiene su origen exclusivamente en los supuestos problemas laborales a los que alude en su demanda, "que por otra parte no han quedado acreditados, sino también en problemas familiares y sentimentales".

De hecho, la sentencia, contra la que cabe recurso de suplicación ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, recuerda que "existían bajas previas derivadas de contingencias comunes por las mismas o similares patologías desde mayo de 2012", antes por tanto de que empezara a trabajar para la mercantil demanda.

SIN PRUEBAS DE ACOSO LABORAL

"Por todo lo cual, debemos concluir que las dolencias de la baja iniciada son consecuencia de enfermedad común, procediendo por todo ello a la desestimación de la demanda al no existir prueba de que exista un nexo causal entre las mismas y un posible acoso laboral o trato degradante no acreditado".

Así, se determina como responsable de la prestación económica de incapacidad temporal a la Mutua Maz y como responsable de la asistencia sanitaria al Sacyl.

La demanda había sido interpuesta por F.E.R.P, de origen colombiano pero nacionalizado español, quien tras lograr que se reconociera la improcedencia de su despido--ha sido indemnizado con cerca de 3.000 euros--se había propuesto ahora que la depresión que le llevó a causar baja en un céntrico restaurante de Valladolid, fruto de la conducta escatológica de su encargado y del supuesto incumplimiento de las condiciones laborales pactadas, obtuviera el reconocimiento de enfermedad profesional o accidente de trabajo.

Aunque los codemandados sostienen que la depresión del demandante no es achacable a estos hechos sino a su problemática relación familiar, tanto con su mujer como con sus suegros, a los que llegó a echar de casa, el extrabajador del restaurante, tal como expuso su letrado en la vista oral, alega precisamente que el enrarecimiento de su vida personal es consecuencia del maltrato sufrido en el centro de trabajo.


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