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Javier Núñez, ganadero de La Palmosilla triunfador en Pamplona: "No hay otra fiesta como San Fermín"

El ganadero de Tarifa estudió en Pamplona y debutó en la Feria del Toro en 2019 con un éxito arrollador. Visitó la ciudad estos días para participar en la presentación de un libro.

Javier Núñez, ganadero de La Palmosilla, posa en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona subido al vallado del encierro. PABLO LASAOSA
Javier Núñez, ganadero de La Palmosilla, posa en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona subido al vallado del encierro. PABLO LASAOSA  

Cuando la Comisión Taurina de la Casa Misericordia de Pamplona anunció el debut de “La Palmosilla” en la Feria del Toro, allá por diciembre de 2018, ni ellos mismos imaginaban el chaparrón que se les venía encima. “¿La Palmosilla?”, se preguntaban los pamploneses, “¿dónde queda eso?”.

Peor que el desconocimiento del gran público fue el rechazo de la afición, que no consideraba a esta ganadería tarifeña lo suficientemente “digna” para entrar en una feria como la de San Fermín. Pero, en ocasiones, el destino es caprichoso y muy suyo. Si no, que se lo digan a Javier Núñez, el ganadero, que ha pasado de sufrir la incredulidad general a poner en boca de toda la afición el nombre de su divisa.

Porque, además, el triunfo de La Palmosilla el pasado 13 de julio en Pamplona fue doble. Sus toros no solo dieron alegrías en el ruedo, sino que además protagonizaron el primer encierro con toros por delante de cabestros de las fiestas. Preguntado por esto, Javier Núñez, que visita Pamplona para participar en la presentación del libro “Toro y Tauromaquia. Vivencias”, habla del entrenamiento a los toros en el campo: “El primero en hacerlo fue Justo Hernández, un gran ganadero, que debido a su afición a los galgos comprendió en los años 90 que el toro también debía ejercitarse para hacer frente a la lidia a la que se le somete. El toro es un animal fuerte, pero vago. Si al toro le das su comida y un poco de tranquilidad apenas se va a mover, se quedará tumbado. Entrenar exhaustivamente todo el año fatiga a los animales, por eso yo comienzo a moverlos en torno a dos meses antes del embarque para que cojan forma. El corredero de mi casa tiene una longitud similar a la del encierro, unos 800 metros, y en él los toros dan cuatro vueltas, es decir, 3200 metros en total. La primera, es una vuelta de calentamiento, de intensidad normal, mientras que las dos siguientes se realizan a sprint. En la última bajamos el ritmo y cuando acabamos, mido el tiempo de recuperación de los animales, cuándo cierran la boca… Cuando empecé con la corrida de Pamplona, la recuperación era de 25-30 minutos, en el último entrenamiento de 5”.

Suena asombroso, pero antes de continuar debemos conocer el origen de La Palmosilla.

Su ganadería tiene procedencia Núñez del Cuvillo y Juan Pedro Domecq.

Nosotros somos Núñez de apellido y en la ganadería en la que me he criado es la de Carlos Núñez, tío de mi padre. Lo que pasa es que a la hora de formar la ganadería, la de mis tíos estaba en declive y no era demandada. Así que mi padre, con un gran acierto y la ayuda inestimable de Juan Pedro Domecq Solís, decide dar el paso y formar la ganadería con vacas y sementales de Juan Pedro y de mi tío Joaquín (Núñez del Cuvillo). La de mi tío es una amalgama de muchas ganaderías y a mí lo que más me gustaba de ella era lo que venía de Osborne, que es lo que compramos predominantemente, junto a alguna cosita de Maribel Ybarra y lo de Juan Pedro en 1996. Pasados 23 años, con nuestras mezclas una rama ha ido absorbiendo a la otra. Lo de Osborne es una ganadería muy cerrada, en la que el toro bueno está muy cogido con alfileres y esta absorción hace que este sea el último año que tengo animales puros de la rama Osborne y como consecuencia el pelo ensabanado, característico en mi casa, está desapareciendo. Sin embargo, al cruzar están apareciendo nuevas capas. La ganadería es algo muy lento. Los primeros años, lo que estás lidiando es lo que los animales traen en la barriga, la selección anterior, ya que son animales comprados a otros ganaderos. Entonces, se tarda tiempo en marcarle tu impronta, en darle personalidad, lo cual es para mí fundamental. En todo este proceso también se cometen errores. El otro día leí la frase “los toros dicen en la plaza las mentiras que los ganaderos nos creemos en los tentaderos” y es muy cierto. Cuando empiezas a preparar los toros, la falta de poder en el animal tapa muchos defectos, aunque el animal desarrolle más lo bueno que lo malo. Cuando coge fuerza, ya no tiene tan buen fondo porque abusa de esa fuerza que ahora tiene y comienza a sacar cosas malas. Esto te lleva a dar un paso en la selección, yo solo puedo dejar lo que sea excepcional y la ganadería está ahora en ese momento. Estoy limpiando continuamente, porque el toro con poder puede sacar lo malo, y se tarda tiempo, pero menos del que la gente cree. Decían que “el ignorante afirma y el sabio duda” y cuanto más conozco la ganadería, más dudo porque veo que tengo más variables que la puramente genética: sanidad, alimentación, entrenamiento e incluso el estrés del animal al desplazarlo o el suelo que el toro pisa, que ya no está en mis manos. A mí me llamó la atención los pocos toros que en el encierro se parten las manos con el adoquín, porque ten en cuenta que en el campo los toros pisan tierra y aquí, el suelo es duro.

¿Qué es un toro bravo?

Para mí, un toro bravo es un animal que acepta la pelea donde más le cuesta, es decir, la embestida humillada, por ejemplo, es más brava que una a media altura. Intentar reducir la embestida de un toro es muy difícil porque tiene muchos matices. Si es muy bravo, se suele quedar corto porque tiene celo. A lo mejor, hace falta un puntito de mansedumbre queriendo irse para así tener más recorrido y un viaje más largo. Pero, sobre todo, lo que más define para mí la bravura de un animal es la entrega a lo que más le duele, que es embestir humillado, largo y por abajo, además de la duración de la embestida. Tampoco olvides los matices de los que antes te hablaba, no es lo mismo embestir con la cara plana que colocándola como si fuera un avión. Esos son los matices que diferencian a un toro bravo de un toro bravo con clase y buen estilo, que posibilita el gran toreo.

Si eso es el toro bravo, ¿quién es el torero?

El torero es un loco que vive por la pasión del gozo de torear. Torear es un placer. Sentir la embestida de un animal, que la vas dominando y te recreas en ella es un gozo personal tan grande que no lo cambias por nada. Yo alguna vez lo he sentido con una becerra, pero lo qué tiene que ser sentirlo con un toro…

Javier Núñez, ganadero de La Palmosilla, durante la entrevista concedida a este medio la semana pasada en Pamplona.PABLO LASAOSA

¿En plaza grande?

En la propia soledad. Al torero, cuando goza, le sobra todo. Le sobra el público, la música… Él se vacía con el animal. Hay toreros como Ojeda que les gusta torear solos, sin que nadie los vea. “No me hace falta nadie” dicen, es por el puro placer de torear. Si no fuera un placer, sería un trabajo y no tendrían esa vocación. Es un veneno que les mueve a seguir toreando. Dicen que nunca se acaba de hacer la faena perfecta y que es algo efímero, pero un muletazo bueno se te queda grabado siempre. Aparte están las connotaciones que tiene ser un oficio milenario en el siglo XXI, que está muy contestado. Parte de culpa la tienen los propios toreros, que se encierran en sí mismos y no son capaces de comunicar los valores que encierra el ponerse delante de un toro. El torero no puede renunciar a su faceta pública y es torero, también en la calle. En Sevilla se nota enseguida cuándo te cruzas a un matador de los de antes por su porte o su manera de andar. A raíz de José Tomás, que es el primer torero que realmente se encierra en sí mismo y le resulta porque se convierte en un mito, muchos matadores por imitación quieren seguir su estela y están muy equivocados en el sentido de que lo que le sirve a uno no va a ser válido para los demás. Muchos toreros renuncian a su faceta pública y lo hacen por comodidad. Un día hablé con Roca Rey sobre este tema hace dos años cuando él toreaba en Madrid. Tuvo una tarde dura, aunque cortó una oreja y, ¿sabes qué?, al salir de la plaza estuvo 45 minutos firmando autógrafos, haciéndose fotos y saludando a la gente después de haber matado dos toros en una tarde de gran tensión. Después nos preguntamos por qué la gente va a ver a Roca Rey. Aparte de por ser un fenómeno como torero, se muestra cercano a los demás y que está en la sociedad.

Cambiamos de tercio y Javier habla de Pamplona. “Ayer comentaba la importancia que tiene el encierro al crear afición y lo que se prepara la gente para los Sanfermines. Es una fiesta muy familiar. En el resto de España tienen una imagen más negativa de las fiestas de Pamplona, pero cuando la gente de fuera viene y lo conoce queda impresionada y con ganas de volver. Es la mejor fiesta del mundo, no hay otra fiesta como San Fermín”.

No sé si ha oído que Miguel Reta, ganadero de Casta Navarra, va a lidiar el año que viene en Francia, ¿qué opinión le merece la diversidad de encastes?

Es algo fundamental. Tenemos un patrimonio genético bestial. El problema del toro bravo es que es un animal español. Si fuera americano o inglés, esto no habría ni que discutirlo, tendríamos un banco público de ADN y de embriones de toro bravo, estudios genéticos del toro bravo. Pero, esta diversidad me parece maravillosa. Fíjate, que haya ganaderos que quieren luchar para hacer perdurar una determinada sangre que es muy residual e incluso está muy poco adaptada a la lidia de hoy es fantástico. En el ADN del toro tenemos dos genomas, el centroeuropeo y el africano, ya que el toro bravo llega a la Península por ambos lados. Esto, junto a la interacción del hombre, hace que el toro bravo, con el perro y el caballo, sea uno de los animales más seleccionados por la mano del hombre a lo largo de la historia. Por eso, perdiendo encastes estamos empobreciéndonos. Los encastes no se crean y quedan inamovibles, sino que evolucionan. Por ejemplo, dentro de 30 o 40 años, del encaste Domecq saldrán muchos encastes, porque ya dentro de las ganaderías de Domecq hay mucha diferencia. Otro ejemplo, el 95% de las ganaderías tenemos a Vistahermosa como tronco común. De hecho mi sexto abuelo, Pedro José Picavea Lesaca, navarro de Leiza, compra un tercio de la ganadería de Vistahermosa, trae algo de Navarra y el toro negro de Vistahermosa comienza a ser cárdeno. Entonces es Picavea Lesaca, que se vende a Saltillo y da origen a todo el encaste Saltillo-Albaserrada, pasando en 60 años de ser una ganadería negra a ser casi toda cárdena.

Mientras Javier Núñez imparte a un servidor una cátedra de historia del toro bravo, paseamos por el centro de Pamplona, ciudad que el ganadero conoce muy bien al haber vivido en ella durante sus años de estudiante universitario. Ante el Monumento a los Fueros, confiesa haberse especializado en derecho civil foral navarro. “Me encantó” reconoce Javier. Continuamos en dirección al Monumento del Encierro y comento la desventura de un chico que hace unos años se llevó una “cornada” de la estatua. En ese momento, Javier recuerda que su amigo Curro Escarcena solía decir que a él le cogían los toros hasta leyendo el Aplausos. “Hay una anécdota muy buena de Jaime Pablo-Romero, que estando en el salón de su casa muy deprimido por tener que vender la ganadería, casi resulta corneado al desprenderse de la pared la cabeza de toro bajo la cual estaba sentado. Entonces le dijo su mujer: el toro es malo hasta después de muerto”, cuenta entre risas.

“Quiero resaltar la especial ilusión que me hizo venir a Pamplona”, dice Javier. “El debut en esta ciudad suponía un momento clave para la ganadería. Pamplona es una de las pocas plazas de España que sigue el axioma de que aquel que triunfa, repite. Hay muchos motivos para triunfar, más allá de que los toreros corten orejas. Quizá ese es el de menos, porque hay ganaderías que les han cortado trofeos y no han vuelto. Había pocos huecos libres, pero la Casa Misericordia vio nuestra corrida en Sevilla, le gustó, confió en nosotros y aguantó las críticas. Entonces, que todo saliese bien me alegró por nosotros, pero sobre todo por ellos. Aguantar el chaparrón no es fácil, apostar y ganar tiene sus riesgos. A excepción de Escolar, hemos visto en Pamplona los últimos años varios “debut y despedida” como Santi Domecq, Joselito (El Tajo y La Reina), Pedraza de Yeltes. Puerto de San Lorenzo ha tardado 30 años en venir…"

Javier Núñez, ganadero de La Palmosilla, durante la entrevista concedida a este medio la semana pasada en Pamplona.PABLO LASAOSA

Aquí en Pamplona decimos mucho lo de que van “a descansar”.

Cierto. Mira, nosotros veníamos de un fracaso muy rotundo en Madrid en 2014. Una corrida de toros que estaba enferma, me echaron para atrás tres toros, pero podían haber echado para atrás los seis perfectamente porque estaban enfermos y no aguantaban. Era un momento difícil para la Tauromaquia, con la reducción de festejos, y a mí me echaron de todas las plazas. En 2016 tan solo lidié en mi zona, el Campo de Gibraltar, en plazas de menor nivel y tuve que aguantar. Así que dije, olvídate de Madrid, que no aporta nada a la ganadería. Madrid es una plaza buenísima para los toreros, ya que los puede poner en circulación si triunfan. Para las ganaderías no, por lo que tenemos que conseguir entrar en Sevilla, que es la llave de Pamplona, que es a su vez llave de Francia. Una consecuencia de la corrida de Pamplona, el año que viene debuto en Dax, una de las mejores ferias del suroeste francés y en Azpeitia. Esas son las consecuencias de un triunfo grande en Pamplona y para una ganadería es fundamental estratégicamente hablando. Veníamos con intención de repetir, de hecho, yo ya tengo en el campo una producción de aquí a tres años para poder venir a esta ciudad. Para 2020, los primeros en venir a casa para comprar una corrida fueron los veedores de Madrid y les dije que no, pese a agradecer el interés, porque los 18 toros que podrían ir a Madrid o Pamplona se quedan para Pamplona. Si después de Pamplona, pudiese ir una corrida a Otoño a Madrid ya se vería.

¿Pone fundas a sus toros?

Solamente a los toros de plaza de primera, al resto no. A los de plaza de primera sí porque mis cercados (allá por Tarifa) tienen mucha arena para que los días de lluvia el agua se filtre bien y el toro pueda echarse en suelo seco. ¿Qué pasa? Que esa misma arena hace que el toro se rasque y meta los pitones en ella. Al final, el toro se lima los pitones y recorta su distancia. Y el valor de un toro de plaza de primera varía mucho del valor de uno de segunda. Las fundas garantizan que el toro llegue con sus astas integras e incluso con una mayor longitud que cuando se colocan estas protecciones, puesto que el pitón continúa creciendo. Ahora bien, es un coñazo. Quieras que no sometes al animal a cierto estrés al meterlo a un cajón y se producen lesiones. Hemos tenido que investigar cómo inmovilizar mejor al animal para evitar posibles daños en la columna. Hemos hecho cosas prácticamente de ingeniería como poner una plataforma flotante en el suelo para que el animal reparta su fuerza. Se ha llegado a sedar, pero la anestesia afecta al rumen y provoca un corte digestivo, saliendo el animal engollipado. Las cosas se mejoran a base de prueba-error, error-prueba. Cuando todo va bien, uno se relaja y no te pones a mejorar. A mí me pasó eso en el tema de la preparación. Cuando se me partieron cuatro o cinco toros las patas, empecé a informarme de la fisiología muscular. Un año después de lo de Madrid, eché en Burgos una corrida peor que la de Las Ventas. Los toros tenían los hígados grasos, los animales presentaban un exceso de grasa y también investigué la alimentación del animal. Descubrí que nuestros toros tenían una buena alimentación para no ir a la plaza. Los bovinos tienen las reservas de energía en abdomen, morrillo, barriga y culata, siendo esa una grasa de muy lenta absorción que permite a los toros pasar el verano, hasta que vuelven a salir los pastos. Cuando ese toro sale a la plaza el primer minuto o dos primeros minutos, coincidentes con el primer puyazo, hace uso de su energía aeróbica. Al salir del caballo, se produce una pájara en el animal de dos o tres minutos que hace que se caiga, hasta el tercio de banderillas. Por eso se suele decir que se ha venido arriba el toro en banderillas, pero es porque esa grasa de lenta absorción da el extra de energía que el animal necesita y comienza metabolizarse. Reunido con veterinarios y fisiólogos, desarrollamos un pienso que hace que la grasa esté infiltrada en el músculo del toro y así la energía llegue antes a él. A los sementales, en cambio, les doy el pienso tradicional. Ellos no tienen que ir a la plaza, así que siguen una alimentación tradicional para tener esa energía de lenta metabolización porque cuando están en el prado con las vacas no toman pienso. En el toro de lidia se busca evitar esa pájara, con los sementales se pretende que tengan reservas de energía. Esa alimentación unida a la sanidad, el entrenamiento y la genética hace que tengamos a día de hoy el toro más bravo de la historia.

¿Cuáles son las sensaciones de un ganadero que trae sus animales a la Feria del Toro?

Te sientes protagonista, en esta plaza hay verdadera afición al toro. El otro día me decía Antonio Purroy, hablando de los premios de la feria, que por un voto no nos habíamos llevado el galardón a la mejor corrida. Curiosamente, en todas las ferias a los ganaderos nos gusta llevarnos este premio porque reconoce al conjunto, pero concretamente, Pamplona no es la feria de los toros, sino que es la Feria del Toro. Y en Pamplona, el premio que verdaderamente tiene prestigio es el Carriquiri. Ni en mis mejores sueños había pensado que debutar y ganar el Carriquiri podía pasar, dos días antes tan solo pedía tener un papel discreto. Aún así, creo que muy pocas veces en la historia se ha dado que dos primos hermanos copen los premios en Pamplona, y recibir el premio con mi tío Joaquín, que es un referente absoluto con una ganadería increíble, es un orgullo. Yo hablo con él todas las semanas y le pregunto, le pregunto mucho. Es impresionante ver a un hombre que a sus 89 años tiene la misma pasión e ilusión que cuando comenzó, que nos defiende a los ganaderos… Es bestial.

Dos veterinarios han realizado nuevos diseños de puyas, banderillas y estoque, para hacerlos más efectivos y seguros, ¿cómo ve estas innovaciones?

La sensibilidad con respecto a la muerte en la sociedad ha cambiado. Yo lo veo mucho en los espectáculos menores. En las becerradas, los chavales igual no saben matar, le pegan doce pinchazos al animal y es muy desagradable. Entonces, creo que todo lo que sea acortar la muerte es bueno. Un ejemplo es Pamplona. Puedes hacer una faena muy buena, pero como al toro no lo mates a la primera y caiga, olvídate. Aficionados de Sevilla o Madrid dicen que Pamplona es un cachondeo y que dan orejas por lo que las dan, pero yo les digo que no, las orejas las dan por matar bien. Matar a un toro a la primera es muy difícil, por algo se llama la suerte suprema. Diego Robles, que iba con Padilla, me decía que los toreros torean mucho de salón, que tienen muchos tentaderos, pero se olvidan de que la espada es fundamental. Yo recuerdo ver aquí a Joselito, que sin hacer una faena muy allá va, coge la espada, con la que era un cañón y pega un estoconazo que el toro cae patas arriba. Y el público pidió la oreja nada más que por la muerte. Esa es la idiosincrasia de Pamplona y el que no lo entienda así, mejor que no venga.

Hablar de toros con un ganadero significa aprender. Javier Núñez ha desvelado en una hora de conversación las luces y las sombras de La Palmosilla, ha reconocido errores, ha explicado sus investigaciones y se ha mostrado agradecido a la ciudad que durante años fue su casa. En la calle Estafeta, el reloj de la Casa del Libro marca en rojo el número 221.

221 días para que Pamplona vuelva a oler a toro, para que la emoción afloré en todos nosotros. 221 días para que el miedo no logre romper los adoquines del encierro, para que las mulillas alteren la tarde pamplonesa con el tintineo de sus cascabeles y La Pamplonesa suba por Chapitela interpretando un pasodoble torero. 221 días para que La Palmosilla vuelva a Pamplona.  


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