SUCESOS

Altos mandos de la Policía Foral permitieron a un cazador manejar armas pese a estar "afectado psicológicamente"

En un correo del 9 de abril, el comisario de Tudela les informó de la situación que sufría el hombre, pero desde entonces no se ha llevado a cabo ninguna medida.

Actuación de una patrulla de la Policía Foral, en una imagen de archivo. POLICÍA FORAL
Actuación de una patrulla de la Policía Foral, en una imagen de archivo. POLICÍA FORAL

El jefe de la comisaría de la Policía Foral de Tudela, Miguel Ángel Escudero, así como altos cargos del cuerpo policial autonómico y miembros de la Brigada de Régimen Interno declinaron actuar para impedir que un cazador que sufría "una situación psicológica afectada" pudiera seguir empleando armas de fuego en Navarra.

Así se desprende del procedimiento de expediente que se está desarrollando contra dos policías asignados a la comisaría de la capital ribera, después de una actuación realizada el 4 de abril y relacionada con un grupo de cuatro cazadores, algunos de los cuales pertenecían al coto de Murchante.

Como publicó en su día NAVARRA.COM, minutos después de que los agentes intervinieran varias armas, el comisario de Tudela recibió una llamada telefónica del alcalde de Murchante y, a raíz de ella, se inició un proceso interno para desautorizar a sus dos subordinados y que, por ahora, ha dado origen a un expediente sancionador a los agentes.

Uno de estos cazadores se comunicó después telefónicamente con las autoridades municipales de la localidad ribera, para reclamar que intercedieran en lo ocurrido. Este cazador se encontraba en ese momento "afectado por una situación psicológica", según se indicó en un correo electrónico que el comisario de Tudela envió cinco días después a cinco altos responsables de la Policía Foral. En él reveló también la llamada que recibió del alcalde y su intención de reunirse con el presidente de la sociedad de cazadores de Murchante, al que le informaría de que "no iba a haber por su parte una defensa corporativa de la actuación" de sus agentes.

Como se recuerda, estos dos policías fueron enviados a un punto de la vía verde del Tarazonica tras una llamada de alerta de una mujer, que avisó de que había varias personas en ese lugar disparando armas de fuego contra una zona de caminos. Una vez allí, y tras escuchar varias detonaciones y disparos, uno de los agentes avanzó con su arma corta desenfundada y en posición plegada hacia el suelo, ordenando a los cazadores que arrojaran las escopetas al suelo.

Estos, en lugar de obedecer la orden, se mostraron desobedientes y se adentraron en una zona de olivares para tratar de despistar a los policías. No obstante, finalmente fueron encontrados por los agentes, que les requisaron las armas por haber hecho un uso negligente de ellas.

TRES ARMAS A SU NOMBRE

El cazador anteriormente citado, vecino de Murchante, reconoció expresa y reiteradamente durante su toma de declaración que, además del arma larga de fuego intervenida el 4 de abril, poseía dos más a su nombre. En ese momento y tras ser preguntado concretamente por ello, expuso que no había recibido ningún requerimiento, oficio u orden de retirada temporal de esas armas, además de tampoco haber sido sometido a un reconocimiento médico extraordinario ni por un funcionario autonómico, ni por el comisario de Tudela, ni por ninguno de los componentes de la Brigada de Régimen Interno del cuerpo policial.

Todos ellos, sin embargo, conocían la situación psicológica del cazador, según se desprende del correo enviado a sus jefes por Miguel Ángel Escudero. Por este motivo, estaban obligados a actuar para impedir que una persona afectada psicológicamente pudiera manejar armas de fuego, tal y como establece el artículo 98 del Real Decreto 137/1993, del 29 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de Armas.

Quienes sí actuaron para tratar de impedir esta situación fueron los agentes expedientados, ya que, una vez que supieron que gran parte de la cadena de mando era conocedora de la afección del cazador y que, aun así, a este no se le habían retirado el permiso de armas, requirieron con urgencia a los componentes de Régimen Interno que iniciaran de inmediato el aseguramiento y la retirada temporal de las tres armas que poseía el cazador, además de obligarlo a que se sometiera a un reconocimiento médico antes de que pudiera recuperarlas.

La respuesta de la Brigada de Régimen Interno fue negativa, llegando al punto de ordenar durante la propia comparecencia que tanto la relativo a la afectación psicológica como al requerimiento urgente no constara en ninguna diligencia.

En este punto, es conveniente recordar qué sucedió con las denuncias interpuestas a los cazadores, ya que, por motivos que aún se desconocen, emprendieron un camino diferente al reglamentario. Según la normativa que rige las actuaciones del cuerpo (y que es de obligado cumplimiento), en el caso de que se produzca una infracción en el reglamento de armas, esta debe ser remitida a la Delegación del Gobierno, que es el órgano competente y encargado de tramitarla.

ÓRGANO INCOMPETENTE

Pero la unidad de gestión de la Policía Foral envió esas denuncias al departamento de Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Administración Local del Gobierno de Navarra, que no es competente en este ámbito. Además, Régimen Interno redactó un informe exponiendo que, según su criterio, los agentes habían actuado incorrectamente. Por tanto, al conocer ese texto, el Ejecutivo foral archivó las denuncias (ocho de las diez que se formularon, ya que dos se extraviaron y no se sabe dónde están).

Ocho meses después de lo sucedido en la vía del Tarazonica, ninguno de los altos mandos de la Policía Foral que sabían de la situación psicológica de ese cazador han adoptado medida de seguridad alguna para evitar que pueda continuar manejando armas de fuego, con el consiguiente peligro potencial tanto para personas como para bienes.

En cuanto al proceso del expedientado de los dos policías, en este tiempo se han obtenido nuevas evidencias que demuestran la legalidad de su actuación el 4 de abril. Entre ellas, la más destacada es la declaración de la mujer que alertó de los disparos de los cazadores.

En dependencias policiales, volvió a exponer cómo había sucedido todo: "Me sentí intimidada, atemorizada… me daba miedo pasar por esa zona. Tuve que darme la vuelta por miedo y, desde entonces, cada vez que oigo disparos de lejos, me voy por otro camino. Tras aquello, cuando paseo llego hasta el puente y me doy la vuelta; ya no vuelvo a pasar por delante”.

Sus declaraciones al conocer la propuesta de suspensión de empleo y sueldo a los policías que respondieron a su requerimiento son significativas: "Me parece acojonante; no me parece normal. Después de llamar y que se actúe para proteger al ciudadano, que salgan los agentes expedientados me parece incoherente".


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