SUCESOS

La incertidumbre de agricultores y ganaderos de la Zona Media no se extingue diez días después del incendio

Un equipo de Navarra.com vuelve a la finca de los Hermanos Ganuza, la ganadería que tuvo que evacuar su manada para salvarla de las llamas.

'Bailarina', una de las vacas más destacadas de la ganadería de los Hnos. Ganuza, pasta delante de una de las lomas que rodea esta finca de Artajona y que ha sido calcinada por el incendio forestal del 25 de agosto. IÑIGO ALZUGARAY
'Bailarina', una de las vacas más destacadas de la ganadería de los Hnos. Ganuza, pasta delante de una de las lomas que rodea esta finca de Artajona y que ha sido calcinada por el incendio forestal del 25 de agosto. IÑIGO ALZUGARAY

Sabían que estaban ahí, los habían visto erigirse sobre la ladera y su sombra les había resguardado en infinidad de ocasiones, pero la inmensa nube de humo ocultaba por completo los ingentes molinos eólicos. Y eso que estos generadores se sitúan a escasos veinte metros de la finca de los Hermanos Ganuza, los ganaderos artajoneses que tuvieron que evacuar sus vacas el pasado 25 de agosto para salvarlas del incendio forestal declarado entre Pueyo y Tafalla.

Diez días después, una visita a los corrales de estos hermanos ejemplifica a la perfección los daños que ha dejado el mayor incendio de la Zona Media en los últimos treinta años que ha arrasado 3.538 hectáreas. El 80% de la finca de los Ganuza, de aproximadamente unas 530 hectáreas, ha quedado calcinada por las llamas; es prácticamente toda la zona de pasto de la que disponen. Los corrales se salvaron porque el Canal de Navarra actuó de cortafuegos. Y las aspas de los molinos que lo rodean lucen ahora un tono negruzco que recuerda la fuerza con la que el humo y las llamas arrasaron todo lo que encontraron a su paso.

El fuego venía violento”, explica Iñaki Ganuza mientras señala sobre el terreno cómo se vieron sorprendidos por el incendio. “El frente estaba a cincuenta metros y de repente, veinte metros más abajo, saltaba una llamarada y prendía todo de golpe”, prosigue. Lo corrobora su hermano Fernando: “Parecía que se estaba haciendo de noche a las cinco de la tarde, era de impresión”.

TRASLADANDO LA MANADA

Sobre las 17 horas, el fuego que se había iniciado en la mediana de la autopista entre Pueyo y Tafalla se aproximaba al Canal de Navarra a través del término municipal de Artajona. Fue entonces cuando los ganaderos se vieron obligados a tomar una decisión: evacuar las 120 reses bravas. Al tratarse de ganado bravo, el problema radicaba en dónde ubicarlas y cómo transportarlas a todas.

El empresario taurino Jesús Macua se personó en la finca de los Ganuza y al ver el fuego que acechaba peligrosamente la zona propuso trasladar la manada a su finca en Larraga. Iñaki y Fernando contaron con la ayuda de Macua, Miguel Reta y la Hípica Zahorí, que pusieron a su disposición los camiones para evacuarlas.

“Las vacas están hechas a la voz de mi hermano”, explica Iñaki para contar las dificultades de orientar los astados desde los corrales a los cargaderos para subirlas posteriormente al camión. Aquel día vacas, toros y becerros fueron compañeros de viaje forzosos; eran las 19.30 horas y no hubo tiempo para separar el ganado, sólo importaba salvarlo.

Las vacas, todas ellas provenientes de un proyecto de recuperación de la casta navarra, pasaron las 24 horas siguientes en Larraga hasta que el riesgo de que el fuego alcanzase los corrales había remitido. Fueron unas horas muy angustiosas, pues las reses extrañaban la zona. “Macua les echó comida, un ciento de comida”, explica Fernando, “y las vacas no hicieron ni mención de ir a probarla; no estaban en su hábitat y eso lo notan”.

EL INCENDIO PERFECTO

Si tienen que definir con una palabra aquellas horas, los hermanos echan mano de la incertidumbre. “Incertidumbre de no saber lo que va a pasar, pero que lo que venía era malo, eso estaba claro”, recuerda Fernando. Otros compañeros sufrieron consecuencias parecidas. “Quienes tienen ovejas se pudieron poner en camino, alguno que tiene colmenas no pudo hacer nada y se ha encontrado un reguero de miel...”, ejemplifican.

Tanto para ellos como sus convecinos, éste ha sido el mayor incendio que recuerdan en la Zona Media. Y así lo pudieron comprobar de mano del dispositivo que trabajó en la extinción: “Una de las chicas que dirigía el despliegue militar nos contó aquella noche que era 'el incendio perfecto' por la regla de los tres treinta: 30 grados, 30% de humedad y rachas de viento de 30 kilómetros por hora”.

A pesar de ser arriesgado, el viernes 26 de agosto volvieron a conducir la manada de vuelta a su finca. “Nos llamaron todos, o casi todos, los ganaderos de Navarra: el que no te ofrecía su camión te dejaba su corral...”. Los agradecimientos también se hacen extensibles a los agricultores de la zona que salieron con sus tractores y aperos a colaborar para levantar cortafuegos.

Fueron muchos los vecinos que se echaron a los caminos para colaborar con bomberos, guardas forestales y militares en la contención del fuego. Como los Hermanos Sola, que regaron con su camión cisterna los caminos que secundan el Canal de Navarra para que el fuego no prosiguiese su rumbo. Un vistazo ahora permite ver cómo el cauce del agua ejerció de muralla para las llamas.

El Canal de Navarra terminó por salvar los corrales de los Hermanos Ganuza, aunque las zonas de pasto se encuentran ahora quemadas. Los agricultores y ganaderos de los pueblos afectados se encuentran a la espera de una reunión la próxima semana con el Departamento de Desarrollo Rural del Gobierno de Navarra para que les explique qué tratamiento se va a dar ahora a las zonas afectadas por el fuego. El temor de los trabajadores que viven de estos campos, como relatan Iñaki, Fernando y otros agricultores y ganaderos de la zona, es que no vayan a poder hacer uso de sus tierras durante los próximos años por motivos de recuperación medioambiental.

Por el momento las vacas de los Hermanos Ganuza no han vuelto a salir a pastar a la zona de rastrojo como solían hacer hasta hace diez días. Primero la afluencia de bomberos y militares, ahora la de trabajadores del campo, vecinos y curiosos, hace que sea casi imposible que las reses bravas vuelvan por el momento a su estado natural. Los caminos que conectan los pueblos de la Zona Media están más transitados que de costumbre; son muchos los que no quieren perderse con sus propios ojos las consecuencias del devastador incendio más grande de los últimos años en la comarca.


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