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Una trabajadora de la zona azul tras la brutal paliza a una compañera en Pamplona: "Nos insultan y nos tiran cosas por la ventana"

Esta mujer, compañera de zona de la agredida la semana pasada, recalca que les han llegado a decir en redes sociales que les "querían ver muertos".

Una vigilante de la zona azul, sin relación con la entrevistada, pone una multa en Pamplona.
Una vigilante de la zona azul, sin relación con la entrevistada, pone una multa en Pamplona.  

La brutal paliza que propinó una pamplonesa el pasado día 6 a una trabajadora de la zona azul ha sido determinante. De hecho, es el motivo por el que los empleados de la zona azul han decidido levantar la voz.

Quieren denunciar una situación que, tal y como cuentan, hace un año que está siendo cada día "más y más grave".

"Nos degradan como personas", relata a Navarra.com una empleada de la zona azul sobre el trato que reciben por parte de la ciudadanía. 

Son las palabras de una compañera en turnos y zona de la mujer agredida la semana pasada. "Nos tocaba estar juntas en el área de hospitales varias veces", explica la mujer entrevistada, miembro también del comité de Dornier, empresa que gestiona desde hace 17 años la zona azul de Pamplona.

Esta empleada, que prefiere no identificarse y preservar su identidad, reconoce que este es el momento de lanzarse a hablar y denunciar la injusta situación que viven a diario y de forma constante los vigilantes del aparcamiento de la ciudad. El punto máximo ha llegado con la agresión del jueves: una trabajadora, ahora de baja, fue agredida violentamente por otra mujer que le rompió las gafas y la arrastró del pelo durante varios metros. Una auténtica paliza. 

La intención de los empleados de la tradicional ORA es trasladar su malestar a la ciudadanía y hacer entender que su presencia en la calle "no es más que un trabajo" en el que no cabe intención de dañar al ciudadano. Esta es la crítica situación que están viviendo. 

La situación vivida ha sido especialmente desagradable, ¿cómo se encuentra su compañera?

No está siendo fácil. Sobre todo porque ella está muy afectada. Físicamente se encuentra algo mejor y se va recuperando poco a poco de las heridas, pero en lo referente a lo psicológico costará más tiempo sanar las heridas. 

¿Qué ocurrió en concreto el pasado jueves, cuando ocurrieron los hechos? 

Por lo que yo sé, ocurrió todo a raíz de una denuncia que se le puso a una ciudadana por parte de un compañero. No sé si quien denunció fue propiamente la agredida u otro trabajador, pero la usuaria se alteró. La enganchó de los pelos y le llegó a quitar un mechón entero de la cabeza y se lo quedó en las manos. Le rompió las gafas. La tuvieron que sujetar entre varias personas para poder separarla...

¿Es la primera vez que ocurre esto?

Gracias a Dios, no hemos tenido ninguna agresión física parecida a la de la semana pasada, pero las agresiones llegan también de otras maneras. La situación es muy complicada desde hace un año porque los ciudadanos están especialmente crispados con nosotros y hay violencia verbal desmesurada. 

¿En qué sentido sienten la crispación?

En las agresiones verbales que estamos sufriendo. Muchas. Y muchos insultos. Hay nerviosismo en la calle y tenemos que enfrentarnos a todo tipo de cosas. Por no hablar de las redes sociales, donde nos han llegado a poner que nos querían ver muertos. Lo han hecho a través de Facebook y de Twitter. La de burradas que tenemos que aguantar... Porque siempre ha habido insultos y pequeñas riñas, pero el ambiente está muy crispado ahora y nosotros, sin embargo, seguimos haciendo el trabajo de la misma manera que siempre. 

¿A qué se refiere con el nerviosismo de la calle y el tipo de cosas a las que se tienen que enfrentar? 

La gente te insulta por la calle, aunque no tengan el coche aparcado o la cosa no vaya con ellos. Nos han llegado a lanzar cosas desde las ventanas y nos han propinado todos los insultos habidos y por haber. No sabes de qué manera. Es un trabajo muy complicado y te tienes que hacer con una coraza muy dura para conseguir que todo lo que escuchas a diario te entre por un oído y te salga por el otro. 

¿Y la gente se dirige a ustedes por motivos concretos, como puede ser la imposición de una sanción, o es un sin sentido?

Hay muchas veces que se te acercan porque les has puesto una multa. Pero otras, sin embargo, no van más lejos de que te vean cerca del coche, mirando si la persona ha colocado o no el ticket. O comprobando si, por el contrario, se ha pagado a través del móvil, porque esto lo tenemos que mirar a través de la PDA y nos cuesta más rato. Los motivos de los insultos son distintos. Además de esto, también hay muchos compañeros que no denuncian y no nos cuentan lo que viven, pero es algo generalizado. 

¿Se sienten desprotegidos?

Bueno. Es complicado. Cada uno de nosotros tenemos un inspector en la misma ruta que nos apoya, pero las personas de la calle no intervienen a no ser que entren en juego las manos o lo físico. Es un trabajo muy desagradable. Nos degradan como personas. 

¿Y cuál creen que es el problema real de esta situación?

Nosotros creemos que es por la falta de conciencia de la gente. Yo estoy haciendo mi trabajo y cuando denuncio a un vehículo es porque el usuario ha tenido un despiste. Si todos tuviésemos eso en cuenta, habría menos problemas y las cosas se hablarían de mejor forma. 

Después de 17 años en las calles de Pamplona, ¿podría decir si hay zonas o barrios en los que esos encontronazos con los ciudadanos se produzcan de forma más violenta?

No. Es un continuo. Todos los trabajadores vamos rotando y cambiando de zona de forma constante y es algo que se siente en general en la ciudad. Es independiente al barrio en el que estés. Parece que, por ejemplo, en la zona del Casco Viejo y del Ensanche, que hay más tráfico, podría ocurrir de forma más habitual, pero no. No es así, ocurre en todas las zonas.  


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