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Más de cinco horas atrincherado en su piso tras haber matado a su suegro: la crónica de un domingo negro en San Jorge

El asalto de los GEO acabó con el suceso que mantuvo en vilo al barrio pamplonés desde las primeras horas de la tarde.

Moisés Fernández, el hombre atrincherado en su vivienda del barrio de San Jorge en Pamplona tras asesinar presuntamente a su suegro. MIGUEL OSÉS
Moisés Fernández, el hombre atrincherado en su vivienda del barrio de San Jorge en Pamplona tras asesinar presuntamente a su suegro. MIGUEL OSÉS  

Todo comenzó al filo del mediodía. Los vecinos del número 38 de la calle Santa Vicenta María, ubicada en el pamplonés barrio de San Jorge, comenzaron en ese momento a escuchar una discusión en el primer piso del edificio, una vivienda donde reside una mujer, pareja de un hombre de 36 años que vive en el quinto y cuyo hermano y madre residen en el cuarto. No era la primera ocasión en la que se escuchaban disputas de este estilo.

Lo peor llegó después. Según el relato formado por las explicaciones de los vecinos y la información de la policía, en la vivienda se encontraba también el suegro, mientras que la mujer abandonó el piso poco después.

La tragedia tuvo lugar en el garaje del inmueble, donde el hombre, Moisés Fernández Chando, asesinó a su pariente golpeándole en la cabeza, aunque las primeras hipótesis apuntaban a que le disparó.

Se encontraron también rastros de sangre en el ascensor. El presunto asesino había subido después hasta la quinta planta, donde se atrincheró ante la llegada de los primeros policías, avisados por un vecino que decía haber "oído algo".

Moisés no era un desconocido ni para la policía ni para el barrio. Para los primeros, tenía antecedentes penales y, de hecho, había estado en prisión. Para los segundos, era alguien a evitar.

"Solía salir a pasear a un perro enorme que tenía", decía uno; "cuando me cruzaba con él, prefería cambiarme de acera", añadía otro.

Los testimonios que se escuchaban en el vecindario iban mucho más allá, asegurando que el hombre había matado hacía años a su padre con un hacha, un extremo que no ha sido todavía confirmado por las autoridades.

Lo que sí que se sabe es que se encerró en ese quinto piso solo, aunque durante toda la tarde se creyó que mantenía a un rehén con él en la vivienda. No podía ser su pareja, puesto que la mujer volvió al edificio poco después del crimen y se encontró con la policía acordonando la zona. Necesitó atención psicológica para reponerse del susto inicial.

LA LLEGADA DE LOS GEO

En esos instantes, sobre las 17.30 horas, ya habían llegado las primeras unidades del Grupo Especial de Operaciones, el cuerpo de élite de la Policía Nacional que viajó desde Madrid hasta la capital navarra para hacerse cargo del caso.

En el lugar se amontonaban furgones de la Policía Municipal, vehículos de la Policía Nacional, de los bomberos y ambulancias del DYA. Incluso la Policía Foral ofreció su colaboración a través del Grupo de Intervención Especial.

Mientras tanto, el hermano del presunto asesino salía a la ventana del cuarto piso, desde donde hablaba con Moisés, al que le pedía que se entregara. Este, en cambio, se mostraba desafiante, saliendo a saludar a los allí congregados mientras fumaba un cigarrillo de marihuana. Después, bajó las persianas del piso.

En la calle, los efectivos iban tomando posiciones para un posible asalto. Los bomberos habían instalado una colchoneta hinchable, por si el hombre se lanzaba desde la ventana. A su lado, los miembros de los GEO, perfectamente pertrechados con escudos y los chalecos antibalas, hacían una primera incursión en el edificio. Eran las 18.45 horas y no sería la única vez que entraran en el inmueble.

En el exterior y en las calles adyacentes, los vecinos se agolpaban junto a los cordones policiales. "No me esperaba esto, la verdad", afirmaba uno de ellos. Navarra.com, de hecho, consiguió hablar, a través de una llamada telefónica, con uno de los inquilinos del edificio mientras se encontraba dentro y la policía intervenía. "Siempre había muchos jaleos. Era algo habitual", exponía.

RETIRADA DEL CADÁVER

Antes de que las fuerzas especiales actuaran de nuevo, un furgón negro había llegado hasta las inmediaciones para llevarse el cadáver de la víctima hasta el Instituto de Medicina Legal, donde se le practicará la autopsia. Al mismo tiempo, una grúa de los servicios municipales sacaba del garaje una furgoneta de la marca Mercedes.

Pocos minutos después, era el hermano del presunto asesino el que abandonaba el edificio, junto a una mujer, gritando que su hermano no portaba arma alguna. "¡No tiene ningún arma, ninguna, solo tiene una vela negra!", llegó a afirmar, mientras se lo llevaban agentes de la Policía Nacional.

Esa parecía ser la situación, según se apreciaba desde los alrededores del inmueble, ya que el propio Moisés había comenzado a gritar a las 20.30 horas, dando a entender que se entregaba. "¡Estoy en el suelo, estoy en el suelo!", se escuchaba desde la calle.

No obstante, el hombre no se había entregado a las autoridades. En una nueva intervención de los GEO, que ya habían entrado al edificio con un ariete negro, los agentes derribaban la puerta y accedían al asalto en el piso de la quinta planta. Moisés era detenido y se ponía así fin a una peligrosa situación, que se había alargado desde las primeras horas de la tarde. Fuentes de la Policía Nacional calificaban la actuación como "una operación limpia", en la que no se habían efectuado disparos.

SIN REHÉN

No había rehén con Moisés dentro de la vivienda. Minutos después, mientras los bomberos desinflaban la colchoneta y la policía subía las persianas de la casa, antes de comenzar allí la inspección ocular, el arrestado salía del edificio esposado y escoltado por varios agentes. El juez de guardia de Pamplona decretaba a su vez el secreto de sumario del crimen.

Pero no sería el final de la tarde para los vecinos que aún esperaban junto a la calle Santa Vicenta María. A las 21.15 horas, llegaba la hermana del arrestado, que no daba crédito a lo que había ocurrido y que preguntaba a voz en grito a los agentes dónde se encontraban sus hermanos y su madre.

Allí, ante la mirada atenta de periodistas de diferentes medios de comunicación y muchos vecinos, relataba conmocionada lo sucedido: "Moisés le ha metido un tiro al padre de su novia". Así acababa todo.


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