SALUD

El otro uso del botox: empleado en el Hospital San Juan de Dios de Pamplona para tratar fisuras anales

Consiste en un tratamiento que evita la cirugía y permite al paciente una recuperación inmediata, en el mismo día de la inyección.

Imagen de varios médicos y sus auxiliares trabajando en un quirófano en un hospital. ARCHIVO
Imagen de varios médicos y sus auxiliares trabajando en un quirófano en un hospital. ARCHIVO  

El Hospital San Juan de Dios de Pamplona trabaja en un tratamiento de salud por el que se aplica botox para curar las fisuras anales y evitar así que el paciente tenga que pasar por quirófano.

El botox, o toxina botulínica, es una alternativa terapéutica que tiene la ventaja de ser reversible, puede realizarse en una consulta sin necesidad de anestesia y no precisa ningún tipo de recuperación por lo que el paciente, inmediatamente, puede hacer su vida normal

La utilización del botox en medicina parece estar asociado a procesos estéticos o reparadores, pero su uso está normalizado en otro tipo de procesos y tratamientos, entre los que se encuentra  la fisura anal, consiguiendo evitar la cirugía y proporcionando al paciente una recuperación inmediata para seguir realizando su vida normal.

El doctor Ignacio Poveda, especialista en cirugía general y aparato digestivo en el Hospital San Juan de Dios, ha valorado la aportación de esta técnica a la salud y a la recuperación del paciente: “La toxina botulínica, el botox, se muestra como el tratamiento médico más eficaz y cómodo para el paciente con fisura anal, porque apenas presenta efectos secundarios y consigue evitar más de la mitad de las intervenciones quirúrgicas”.

Su comportamiento lo dispone como una buena alternativa terapéutica. El doctor describe el efecto que produce asegurando que “provoca una parálisis del esfínter interno a las pocas horas de la infiltración, alcanzando un máximo efecto entre la primera y tercera semana y ha cobrado protagonismo como alternativa en pacientes con alteraciones esfinterianas previas como yatrogenia quirúrgica, partos complicados con traumatismo obstétrico o edad avanzada”.

Esta terapia tiene la ventaja de ser reversible, se puede realizar en la consulta sin necesidad de anestesia y no es preciso ningún tipo de recuperación. “El mismo día de la inyección se puede hacer vida normal”, recuerda Poveda.

¿QUÉ ES UNA FISURA ANAL?

La fisura anal se puede definir como una úlcera, una herida, que se produce en la mucosa que recubre el ano y se localiza en la parte final del canal anal.

Se caracteriza por provocar un dolor anal intenso, también sangrado, y pueden afectar a personas de cualquier edad. Son de aparición frecuente, vinculada al estreñimiento o también a un proceso diarreico, y aunque la mayoría de casos mejoran con tratamientos sencillos, en otros requiere incluso cirugía.

El dolor producido por la formación de esta herida, desencadena una contracción refleja de la musculatura esfinteriana, lo que impide una correcta cicatrización y una perpetuación de la enfermedad, siendo una de las patologías más dolorosas que existen y llegando a afectar  al estilo de vida y al estado de ánimo del paciente, provocando la alteración en sus relaciones familiares, laborales y sociales.

Es importante diferenciar las fisuras “agudas” que cicatrizan con tratamiento conservador en el 70% de los casos, de las “crónicas” que no cicatrizan espontáneamente y presentan más de 6 semanas de evolución y frecuentemente se acompañan de un pliegue cutáneo centinela y una hipertrofia de papila anal.

Su diagnóstico, generalmente, es sencillo y su prevención se basa en una dieta rica en fibra, la ingesta abundante de agua, y unas correctas pautas de higiene.


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