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Una tesis de la UPNA aboga por constituir un sindicato global que funcione como protector de los derechos humanos

Jesús Irisarri engloba su tesis dentro de la globalización y teniendo en cuenta que debería situarse en un entorno de regeneración democrática.

Jesús Irisarri Samanes, nuevo doctor de la UPNA con una tesis sobre el sindicato y su rol como agente protector de los derechos humanos. CEDIDA
Jesús Irisarri Samanes, nuevo doctor de la UPNA con una tesis sobre el sindicato y su rol como agente protector de los derechos humanos. CEDIDA  

El sindicato puede convertirse en “un agente protector de los derechos humanos” si participa en “el gobierno de la globalización”; para ello debería constituirse “un sindicato global". Éstas son las principales conclusiones recogidas en la tesis doctoral defendida en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) por el licenciado en Derecho Jesús Irisarri Samanes (Arguedas, Navarra, 1986), que ha estudiado la relación entre sindicato, derechos humanos y globalización.

Para ello, la tesis aboga por un sindicato global "formado única y exclusivamente por trabajadores, no por organizaciones nacionales”, que tomara parte en “una negociación colectiva transnacional” y fuera capaz de “denunciar el incumplimiento de los acuerdos ante un Tribunal Internacional de Derechos Humanos”. Un camino que pasa previamente por “una regeneración democrática” de la organización sindical que “recupere a los trabajadores para esta causa”.

En este sentido, ha considerado que el sindicato “debe ir más allá de su labor clásica para aumentar su participación en el desarrollo de una sociedad más justa”. Esta no se logrará, según este investigador, si los derechos humanos “no son los mismos para todas las personas y, además, todos los sujetos, públicos y privados, se implican en su promoción y defensa”. En este sentido, el nuevo doctor se suma a otros especialistas que plantean la constitución de un Tribunal Internacional de los Derechos Humanos.

LA GLOBALIZACIÓN COMO FENÓMENO

“Los derechos humanos se aplican a un mundo globalizado. Esta tesis no ha interpretado la globalización como un proceso malo o bueno, sino como un fenómeno que se está dando, lleno de oportunidades, pero con la facilidad de que se produzcan aciagas consecuencias”, señala Jesús Irisarri, cuya tesis doctoral ha sido dirigida por José Luis Goñi Sein, catedrático del Departamento de Derecho Privado de la UPNA.

Con el objetivo de “redireccionar el fenómeno globalizador a cotas más sociales y justas”, Jesús Irisarri advierte de que “el gobierno de la globalización no puede descansar exclusivamente en los intereses de las corporaciones económicas”. “Es necesario reinstaurar un gobierno democrático encaminado al bien común, que no deje de lado a ninguna fuerza de la sociedad, como el sindicalismo”, apunta.

Para ello, el sindicato “no puede renegar del proceso globalizador y debe aprovechar las oportunidades de este fenómeno para facilitar su misión, recuperando a los trabajadores hacia la causa sindical y haciendo renacer la necesidad de la solidaridad obrera universal”. De ahí la importancia de “crear una estructura que atraiga la confianza de los trabajadores para así conseguir que se afilien en mayor medida, mediante la implantación de una verdadera democracia”.

EL EJE DEBE SER EL AFILIADO Y SU OPINIÓN

“El eje del sindicato debe ser el afiliado y su opinión -afirma Jesús Irisarri-. Para ello, habría que asegurar que todos puedan expresar su opinión y su voto mediante el uso de los métodos telemáticos de comunicación, videoconferencias o sistemas virtuales de reuniones. Una regeneración democrática evitaría que los órganos directivos acaben siendo una expresión de la oligarquía sindical. Dicha regeneración se garantizaría con limitaciones temporales para ejercer cargos directivos, con el establecimiento de mecanismos como las mociones de censura o las cuestiones de confianza o eliminando los requisitos de antigüedad para ser miembro de los órganos directivos”.

Al mismo tiempo, como “la acción sindical limitada a un territorio ha dejado de ser efectiva, es necesario que el sindicato eleve sus miras y se internacionalice, una actividad que debe conjugarse con el trabajo nacional”. “En la actualidad, la unión sindical internacional se basa en que los sindicatos se afilian a organizaciones sindicales internacionales y no los propios trabajadores de manera individual —explica—. Por ello, habría que constituir un verdadero sindicato de carácter global formado única y exclusivamente por trabajadores, no por sindicatos nacionales”.

CONCIENCIAR A LOS TRABAJADORES

Lograr que los trabajadores se conciencien para formar un sindicato de este tipo “no es un camino sencillo ni fácil”. “En tal misión, deben converger las actuales estructuras sindicales, nacionales e internacionales. Trabajando en ellas se facilita la llegada del sindicato global”, añade.

Dentro del trabajo sindical para con los derechos humanos en el ámbito global, el más efectivo, a juicio del autor de la tesis, es la firma de los acuerdos marco internacionales entre las empresas multinacionales y las organizaciones sindicales. “Es necesario que su cumplimiento sea obligatorio e ir aun más allá, mediante la instauración de una negociación colectiva transnacional -indica Jesús Irisarri, que se licenció en Derecho en la UPNA en 2008-. Tal función no dependerá únicamente del pacto entre empresarios y sindicatos, sino que será necesario un consenso mundial destinado a alcanzar un régimen internacional que ampare tal negociación, que, a su vez, podría derivar de las negociaciones tripartitas en la Organización Internacional del Trabajo [OIT]”.

"MIENTRAS NO SE CONSIGA SÓLO QUEDA LA NEGOCIACIÓN DE BUENA FE"

Para este experto, el contenido de esta regulación debería ser progresivo. “En un principio —aclara—, habría que regular los aspectos básicos de la negociación colectiva más sencilla, los derechos humanos, para, posteriormente, hacer lo propio con las condiciones de trabajo específicas, primero de la empresa y, luego, del sector y así, finalmente, alcanzar acuerdos intersectoriales”.

A su juicio, el sindicato global debe vigilar el cumplimiento y la aplicación de estos documentos en toda la estructura empresarial y, en caso de incumplimiento, denunciar ante el Tribunal Internacional de los Derechos Humanos.

“Toda esta hipotética construcción idílica de negociación colectiva transnacional es actualmente un objetivo, una meta sindical. Mientras no se consiga, el sindicato global, para la consecución de sus objetivos, sólo tendrá como armas la negociación de buena fe con las empresas y el diálogo social con los poderes públicos, que no es poco”, concluye Jesús Irisarri.


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