• miércoles, 01 de diciembre de 2021
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SOCIEDAD

Siete semanas confinados para salvar del Covid-19 a los ancianos de una residencia de Tudela: "Hemos sido una familia"

La directora de la residencia Nuestra Señora de Gracia afirma que la medida voluntaria puso de manifiesto "el compromiso de todos".

Trabajadores de la residencia Nuestra Señora de Gracia, en Tudela ALEJANDRO TOQUERO
Trabajadores de la residencia Nuestra Señora de Gracia, en Tudela. ALEJANDRO TOQUERO

Este pasado jueves día 7 de mayo finalizó un período de siete semanas de confinamiento voluntario de decenas de trabajadores de la residencia de mayores Nuestra Señora de Gracia de Tudela en las propias instalaciones del edificio.

Se trata de una medida que, como narra su directora, Begoña Moreno, puso de manifiesto el “compromiso” de todos, sirvió para bloquear por completo la incidencia del coronavirus en el centro asistencial y, además, trajo “momentos inolvidables”.

La medida, que ha adquirido notoriedad mediática por haber implicado a dos turnos de trabajadores que iban alternando cuarentenas en sus hogares y en la propia residencia, contó con el apoyo de los empleados “de manera muy rápida” cuando se tomó la decisión, a los pocos días de decretarse el estado de alarma.

“Vimos que el riesgo de contagio se iba acercando, que, pese a estar trabajando con muchas medidas de higiene y seguridad, no se conocía demasiado sobre la transmisión del Covid-19. Por ello, consideramos que la única manera de convivir con el virus era un confinamiento voluntario en la residencia. En menos de una hora, el primer grupo de 23 trabajadores ya estaba preparado”, narra Moreno.

A partir de entonces, y ya con una segunda tanda de otros 23 empleados conformándose para tomar el relevo si las medidas de restricción se prolongaban, comenzó un período de convivencia que supuso “cambiar por completo las funciones de todos” y reutilizar algunos despachos y salas como dormitorios improvisados para el personal que se confinó.

“Hemos compartido días y noches con los residentes, alrededor de 80, cuya media de edad es aproximadamente de 88 años y entre los que la persona de mayor edad tiene 104 años”, explica Moreno, que incide en la importancia que ha tenido el hecho de mantener a los ancianos “al margen de factores como el miedo y la depresión”.

LA POBLACIÓN MÁS VULNERABLE

“Ellos forman parte del segmento de población más vulnerable en esta pandemia y había que tratar que esos factores no hicieran mella. Al ser conscientes de que nadie había contraído el virus y de que estábamos bloqueando su entrada, hemos podido trabajar y convivir con alegría, disfrutando de las zonas comunes y exteriores, y manteniendo actividades y rutinas habituales”, destaca la directora del centro.

En ese sentido, la plantilla de Nuestra Señora de Gracia buscó darle la vuelta a la situación, y algunas actividades o iniciativas durante el confinamiento tuvieron el “enfoque de campamento de verano o período vacacional”.

El alcalde de Tudela aplaude a los trabajadores de la residencia Nuestra Señora de Gracia. ALEJANDRO TOQUERO

“El hecho de que el tiempo haya acompañado durante muchos días ayudó a sobrellevarlo, igual que el poder estar en las zonas exteriores. La sensación de confinamiento era menor”, subraya Moreno, que también traslada “las ganas y la disposición de los propios residentes para ayudar en las tareas diarias”.

Otro de los elementos que ha requerido de mucho trabajo emocional ha sido la circunstancia de no poder recibir visitas de familiares. A ese respecto, la adaptación en la residencia se afrontó de manera similar que en el resto de la población: con la ayuda de la tecnología.

SENTIMIENTOS COMPARTIDOS

“En cierto modo, muchos de los residentes han podido hablar con sus familiares, verlos en la pantalla... no es lo mismo y ha sido difícil no tenerles de forma presencial. Algunos residentes han sufrido más que otros, porque sentían preocupación, ya que sus hijos o nietos tenían que ir a trabajar. Pero, en general, ha sido llevadero, porque todos hemos compartido ese sentimiento y nos hemos agrupado como una familia”, señala la directora de la residencia.

Moreno muestra también su agradecimiento a las ocho hermanas de la Caridad que residen en el centro de manera regular y que también asumieron este confinamiento con compromiso y ganas de ayudar, así como al personal de lavandería y cocina, que ha accedido a la residencia a diario por una entrada independiente. “Ha habido muchos eslabones en esta cadena”, matiza.

De cara al tránsito a la bautizada como “nueva normalidad”, Moreno insiste en “no bajar la guardia” y en mantener “el uso de los EPI y todas las medidas de higiene en el interior del centro y con las mercancías que siguen llegando de los proveedores”, además de incidir en que “es pronto aún para abrir las puertas de par en par”.

“Todavía existe un riesgo importante de contagio en la desescalada, por lo que hemos de ir despacio. Todos tenemos ganas de que llegue el momento en el que los residentes puedan salir y ver de nuevo a sus familiares, pero, de momento, seguiremos alerta, ahora con más conocimiento tras esta experiencia.


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