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Todo lo que no sabes sobre la procesión de este viernes en Pamplona: las curiosidades de una tradición centenaria

Los más de 5 metros de altura del 'Descendimiento' lo consolidan como el paso más complicado de gestionar durante la procesión.

Mozorros sosteniendo cirios a su paso por las calles de Pamplona durante la procesión del Santo Entierro de 2017. MIGUEL OSÉS.
Mozorros sosteniendo cirios a su paso por las calles de Pamplona durante la procesión del Santo Entierro de 2017. MIGUEL OSÉS.  

Al caer la tarde de este viernes 30 de marzo una tradición centenaria recorrerá las calles de Pamplona con una misión: la de rendir culto público a la Pasión de Jesucristo, personaje denostado y aclamado a partes iguales a lo largo de la Historia que, sin embargo, logra reunir cada año a miles de fieles y curiosos en torno a los once pasos que conforman la procesión del Santo Entierro en la capital navarra.

La Hermandad de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es la encargada desde su nacimiento, el 18 de enero de 1887, de organizar, dirigir y sufragar los gastos de la conocida procesión del Viernes Santo en Pamplona.

A tales efectos, la Hermandad pide cada año licencia al Ayuntamiento para salir a la calle, al igual que sucede con otros actos celebrados en la vía pública, y financia el 90% de los gastos derivados de la procesión, llegando incluso a suscribir un seguro frente a terceros, por lo que pudiera pasar, que financian los hermanos con sus cuotas.

Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza, Doctor en Historia, es prior de la Hermandad desde junio de 2017, aunque entró a formar parte de la junta de gobierno en 2009 y su vínculo con la Hermandad supera ya los treinta años. Apenas había cumplido la mayoría de edad cuando decidió unirse a este cuerpo que supera hoy los 4.000 hermanos. “La mayoría de jóvenes llegan a la Hermandad motivados por la idea de llevar un paso, vestir de romano, o por sucesión familiar. En mi caso no fue así”, cuenta.

Entonces, con una sonrisa, recuerda con cariño una de sus primeras participaciones en la procesión, cuando quedó fascinado por el carácter transversal de la asociación.

 “¿Ves a aquel hombre de allí?”, le debió de preguntar aquel día el padre de un amigo. “Es embajador de España, y en estos momentos es también director general del Ministerio de Justicia”. “Ahora, fíjate en ese hombre que está a su lado, ¿lo ves?”, recuerda que le dijo, “es mi primo, y trabaja como agricultor en la cuenca de Pamplona”.

De vuelta en el presente, Fortún añade: “Cuando te metes en la túnica y en la caperuza no eres nadie. Detrás puede haber, y de hecho hay, gente diversísima”. Con todo, el prior reconoce el interés que suscita en muchos ese hábito. “No somos el Ku Klux Klan”, señala entre risas. “La procesión es para nosotros un acto de penitencia, lo que significa que realizamos un esfuerzo al salir y nos reconocemos como penitentes. Además, todas las miradas deben dirigirse a los pasos, a las escenas de la Pasión que portamos, de ahí que vayamos entunicados y encapuchados”, aclara.

HISTORIA DE LA HERMANDAD

La Hermandad de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es el legado de las antiguas cofradías y hermandades que existían en Pamplona. Su origen data, como en el resto de España, de la baja Edad Media, los siglos XIII, XIV y XV, “pero vivieron su gran momento en el Barroco, durante los siglos XVII y XVIII”, señala Fortún. “En Pamplona ocurría lo mismo. Había dos cofradías municipales, La Soledad y la Vera Cruz, ambas bajo el patronato del Ayuntamiento, a las que se unían otras cofradías particulares: la de los Carpinteros, la del Cristo Alzado…”. 

La progresiva separación entre Iglesia y Estado, conocida como desamortización, alteró el esquema tradicional. “A finales del siglo XIX las cofradías municipales estaban disueltas. El culto público dejó de ser responsabilidad del Ayuntamiento y fueron los cristianos los que asumieron ese papel. Entonces, entre 1884 y 1887, se promovió la fusión de las tres cofradías supervivientes: la Hermandad del Sepulcro, la del Cristo Alzado y la Oración en el Huerto, que dio lugar a la Hermandad de la Pasión”, dice Fortún.

Esta es la encargada de organizar a día de hoy todos los actos de la Semana Santa en las calles pamplonesas. En total, si se tiene en cuenta la procesión del Cristo Alzado, que inicia la Cuaresma, son seis: el traslado y retorno de La Dolorosa, propiedad del Ayuntamiento y habitualmente a resguardo en la iglesia de San Lorenzo, la procesión del Santo Entierro (Viernes Santo) y las comitivas recientes del Jueves Santo (desde 2007) y Domingo de Resurrección, que se celebró por primera vez en 2017. “El Concilio Vaticano II habla de mostrar culto público a la Pasión y Resurrección de Jesucristo, así que esta era nuestra tarea pendiente”, señala el prior.

LA PROCESIÓN EN DATOS

Entre 1.300 y 1.400 personas participarán este viernes en la procesión del Santo Entierro. “El Descendimiento es el paso más complicado de gestionar. Con más de 1.700 kilos de peso y 5 metros de alto, son necesarios 32 portadores en dos relevos para poder sacarlo a la calle”, señala el prior. “Cada portador soporta unos 65 kilos de peso, que es muchísimo. Hay que tener en cuenta que las ocupaciones de antaño eran más físicas; lo normal era que un hombre hubiera estado habituado a portar un saco de trigo en algún momento de su vida. Un saco de trigo pesa tres robos, a razón de 22 kilos cada uno, el resultado equivale a los 66 kilos que soporta un portador en la actualidad”.

Con el paso del tiempo la Hermandad, que cuenta con su propio edificio desde 1955, diseñado por el conocido arquitecto pamplonés Víctor Eusa, ha ido introduciendo mejoras en la procesión. “El actual director de procesiones es ingeniero, y el anterior era joyero… Imagínate. Se lleva a cabo un timing minuto a minuto de la procesión. Además, se instalaron dos cámaras fijas, una en el portón de la Hermandad y otra en un balcón a medio camino, para detectar posibles cuellos de botella, atascos, y mejorar en lo que se pueda”.

Ahora, solo queda mirar al cielo para saber qué pasará este viernes, con la amenaza de lluvia revoloteando sobre los pasos. Si la climatología lo permite, Fortún encabezará la junta de gobierno, a la que asistirán como invitados los concejales que lo deseen (el actual equipo de Gobierno en el Ayuntamiento de Pamplona decidió no acudir como cuerpo oficial, por lo que los ediles que participan en la procesión lo hacen a título personal). Mantener una buena relación con el Ayuntamiento no solo responde a la voluntad de la Hermandad, si no que se incluye entre los primeros artículos de su Estatuto, cuya última versión data de 1986. 

De esta forma, durante el traslado de La Dolorosa desde San Lorenzo hasta la Catedral, celebrado el pasado 16 de marzo, Iñaki Cabasés (Geroa Bai) se situó a la derecha del prior como invitado. “Era el concejal de mayor jerarquía y antigüedad, y también pertenece al equipo de gobierno. Además, tiene genes priorales, porque su padre fue prior”, sonríe Fortún.


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