• domingo, 05 de diciembre de 2021
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SOCIEDAD

La periodista ucraniana que escribe historias navarras en un diario ruso

La historia, la arqueología y la fotografía son las tres pasiones que le han llevado a elaborar reportajes sobre la historia de la comunidad foral.

Tetyana elaborando un reportaje en un monte navarro. IMAGEN DE ARCHIVO
Tetyana elaborando un reportaje en un monte navarro. IMAGEN DE ARCHIVO

Tetyana Sadovenko se mudó a España a finales de julio de 2001 (con 40 años) por la subida de impuestos, ya que contaba con su propio negocio de ropa con siete puestos de venta y quince chicas trabajando en Ternópil (Ucrania).

Este aumento, que le obligó a tributar hasta un 78% de su sueldo, le llevó a tomar el riesgo de cerrar el negocio dos semanas después y, con el hartazgo del momento, sacarse el visado preguntando a qué país podía viajar lo antes posible.

Una vez llegó, conociendo solo a Julio Iglesias, el flamenco y las palabras “corazón” y “amor” aprendidas de una serie mexicana, se dio cuenta de la gran variedad de culturas que existían dentro del país y, aunque su idea inicial fue la de ir a Barcelona o Madrid, algo le enamoró de la capital navarra.

“Vine en un minibús de Ucrania con destino Madrid y el conductor paró en Mendillorri a descansar. Me encantó el paisaje y la naturaleza, así que unas horas después le pedí que sacase mis maletas y me fui a Pamplona”, comenta Sadovenko.

Entonces acudió a la Capilla San Fermín y conoció al padre Victoriano, con el que logró entenderse y le ayudó a juntarse con gente proveniente de Rusia y Ucrania.

Por aquel entonces, el idioma no le respaldaba, pero sus ganas e ilusión por trabajar, su doble graduación en economía y asesoramiento y publicidad, fotografía y arte y su experiencia le hicieron un hueco rápidamente en el mercado navarro. Un año después, cuando logró cierta estabilidad, su hijo dio el paso de abandonar Ucrania para venir a Pamplona con su madre.

No fue hasta 2015 cuando pudo vincular su pasión por la escritura y el periodismo al trabajo, ya que entonces un periódico ruso llamado MDRegion contactó con ella para empezar a escribir en torno a ocho reportajes mensuales sobre historias navarras. Así, acudió al Archivo Real y General de Navarra y obtuvo la tarjeta para acceder a todo tipo de documentos.

Esas historias, una vez se publican en el periódico, son compartidas por todas las redes sociales, y además de reportajes sobre Rusia se pueden encontrar de países como Afganistán o España.

Aunque el sueldo resulta bastante reducido, le ayuda a poner en práctica sus hobbies y disfrutar además de realizar otras labores como el de la limpieza en algunos hogares o, en el pasado, vendedora en una tienda de muebles. “Me hubiese encantado vivir de esto, pero como pagan allí es imposible hacerlo”, reconoce.

Entre sus grandes aficiones se encuentran la arqueología y la historia, y siente pasión por la búsqueda de materiales. Una gran virtud que siempre ha tenido es la de percibir diferentes emociones en función del lugar en el que se encuentra, algo que le ha ayudado a comprender muchas historias del pasado. “A veces siento que alguien me mira, escalofríos o energías diferentes que me hacen conectar con sucesos ocurridos a lo largo de la historia”, explica.

 

Un lugar que le transmitió energías muy positivas y fuertes cuando acudió es la superviviente iglesia de Santa María de Eunate, construida en 1179 y atribuida a los templarios. “El día que fui, aparecieron unos sacerdotes alemanes que abrieron la iglesia, así que decidí entrar. Dentro empecé a sufrir picores y sensaciones extrañas que me hicieron investigar acerca de este lugar y elaborar un reportaje sobre su relación con los caballeros templarios”, comenta haciendo referencia a su modus operandi.

Entre sus historias preferidas se encuentran también la del Monasterio de Leire y el pueblo de Obanos. La primera, según cuenta la leyenda, nos presenta al abad Virila, que, preocupado por el sentido de la vida eterna, salió del monasterio a dar un paseo y, oyendo el canto de un ruiseñor, entró en profundo sueño. Una vez despertó, regresó al monasterio, donde ya nadie le conocía. Eso sí, un monje intrigado consultó libros anteriores y descubrió que 300 años antes había desaparecido un abad llamado Virila.

La segunda, algo más dramática, cuenta la historia de los Reyes de Aquitania Felicia y Guillén, dos hermanos que se pelearon provocando el homicidio imprudente del hombre en un ataque de ira. Después de enterrar a su hermana, se dirigió a una ermita cerca de Obanos donde permaneció como ermitaño para expiar sus pecados.

En relación a las investigaciones que realiza, considera que uno de los defectos de Navarra es la falta de oficinas con historiadores o arqueólogos a quienes preguntar qué hacer con determinados objetos históricos que puedan ser hallados. “En Inglaterra, si encuentras algo con valor histórico puedes acudir a una oficina y ofrecer estos artículos para trasladarlos a museos. Aunque no paguen, estaría genial tener eso aquí”, apunta.

Visitó hace poco su país que, si ya estaba mal hace dos décadas, apenas lo reconoció. “No me gustaría volver, ya que la tierra española es parecida y de la Ucrania que conocí ya no queda nada”, admite. En España ha podido viajar por las comunidades autónomas de Cantabria, País Vasco, Cataluña y las provincias de Madrid y Palencia, y prefiere evitar visitas al sur por las altas temperaturas.

Actualmente, combina la elaboración de reportajes con la asistencia en varios pisos de Pamplona. Uno de sus grandes sueños de cara al futuro es el de escribir un libro con todos los reportajes realizados sobre Navarra, proyecto que de momento no se plantea, pero para nada descarta.


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La periodista ucraniana que escribe historias navarras en un diario ruso