• viernes, 24 de septiembre de 2021
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SALUD

Los jóvenes navarros que acuden al psicólogo por la pandemia: "No debería ser un tabú"

Los profesionales de la salud mental en Navarra apreciaron un fuerte incremento de consultas por salud mental por las restricciones del Covid.

Una psicóloga sanitaria especializada en pandemia trabaja en un hospital para dar un mejor apoyo a enfermos y familiares que estén sufriendo el impacto del Covid-19. ARCHIVO
Una psicóloga sanitaria especializada en pandemia trabaja en un hospital para dar un mejor apoyo a enfermos y familiares que estén sufriendo el impacto del Covid-19. ARCHIVO

La pandemia, con sus respectivos confinamientos y restricciones, se ha cebado con la salud mental de los adolescentes, y prueba de ello es que el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte de las personas de edades comprendidas entre los 15 y 29 años en España.

Estos datos, sumados a la encuesta publicada por el CIS en febrero, que refleja que los jóvenes de entre 18 y 34 años son quienes más acuden a los servicios de salud mental, han abierto un nuevo debate a la sociedad: ¿Tendrá la pandemia un impacto a largo plazo en esta otra crisis?

En Navarra, según los datos del Registro informático de actividad de consultas y hospitalización, el número de consultas con la llegada del coronavirus en marzo de 2020 incrementó en un 67,7% respecto al mes anterior. Y, pese al confinamiento domiciliario de tres meses, el número de nuevos pacientes fue de casi 10.000 en todo el año.

Alberto Sancho, psicólogo navarro de 44 años, lleva vinculado a la psicología más de una década, y dio el paso de convertirse en autónomo hace cuatro. Considera que desde los medios y la política, afortunadamente, cada vez se le da más visibilidad a los problemas mentales, algo en lo que la pandemia ha ayudado.

"Más que una crisis masiva de casos desde la pandemia, diría que ha ido por rachas. Es cierto que con el decreto del estado de alarma hubo un 'boom' y la gente no dejó de llamar, pero una vez se abrieron las fronteras bajó la demanda. Ya en septiembre, viendo que esto iba para largo, atendimos a otro perfil menos agónico no tan orientado a la pandemia sino a la vida en general", explica en lo que considera 'una montaña rusa' emocional.

Entre las emociones más comunes que detecta en los pacientes, destaca la ansiedad. "Hay otra segunda pandemia actualmente que es la de ansiedad. La sensación de incertidumbre asociada a la depresión al no saber cosas como el qué va a pasar o qué debo hacer con mi vida han sido muy habituales", resume. 

Alberto Sancho, psicólogo, posa para un retrato. PABLO LASAOSA
Alberto Sancho, psicólogo, posa para un retrato. PABLO LASAOSA

"He percibido dos perfiles entre los jóvenes pacientes que he conocido: quienes se agarran al miedo y los que han aprovechado la pandemia para reestructurar su vida y lanzarse con proyectos que igual se habían planteado pero nunca se habían atrevido a iniciar", enumera insistiendo en que a veces, las situaciones amenazantes nos hacen perder los valores de vida hacia los que queremos dirigirnos, y debemos trabajar también en el qué queremos hacer.

Cree que en los medios no se le da a la salud mental la misma cobertura que a otros asuntos porque, por ejemplo, el coronavirus vende e interesa más que la tasa de suicidios. "De vez en cuando se ve alguna noticia, pero son informaciones que asustan y se tratan de evitar por su delicadeza frente a la posible aparición del 'efecto contagio', razona. 

"En el pasado, todo lo relacionado con los problemas mentales se tapaba, pero también la gente era más feliz. Hace tiempo, tuve un paciente ecuatoriano que me dijo que no había conocido la ansiedad hasta llegar España y en su país era feliz", comenta haciendo referencia al estrés de vivir en países desarrollados y la dopamina que también generan las interacciones en redes sociales, la 'nueva droga' del siglo XXI.

Espera que la pandemia ayude a cambiar la mente de las personas y se valoren más instituciones como la familia, los amigos o los hijos, el entorno familiar. "Hay quienes pasaban más tiempo en el trabajo que con la familia, y seguro que ahora muchos se lo replantearán". 

"Que en algunos grupos políticos y distintos medios de comunicación se haya debatido sobre la salud mental es algo fantástico. Es necesario que contemos con más personas dedicadas a este entorno y desde la política se debería trabajar en eso", explica haciendo referencia a que el ser humano olvida pronto y quizás en diez años todo vuelva a estar como antes del Covid y no se haya cambiado nada a nivel social.

Cada vez se abordan más problemas que antes se ignoraban, y lo considera positivo. En caso de mañana enfrentarnos a un nuevo confinamiento, ve a la sociedad más preparada para hacerlo frente. "Ya en la primera ola muchas personas aprovecharon para escribir, cocinar... Quizás nos vendría bien otro parón, ¿no?", indica de broma entre risas.

"En la mayoría de jóvenes está calando el discurso de 'si no voy a conseguir nada no hago nada', ya que mucha gente les vende ese discurso. Eso sí, espero que la capacidad de resiliencia aumente y les ayude a estar preparados para futuros golpes", razona ilusionado.

Por último, recomienda que, a pesar de que se hace duro contar a un desconocido problemas personales, 'resintonizar' los valores y objetivos con el paso de los años es fundamental. "Cuando escuchamos la radio, de vez en cuando tenemos que resintonizar para seguir oyendo bien, con el día a día pasa lo mismo, y un psicólogo te puede ayudar con eso", concluye.

DAVID DEL BRÍO, PROBLEMAS FAMILIARES

David del Brío (22), de Ansoáin, ha sido siempre una persona muy alegre y activa. En marzo de 2020, con la pandemia y el confinamiento, los problemas familiares que llevaba meses teniendo, especialmente con su madre y la pareja de ella, se acrecentaron y se convirtieron en una carga mental innecesaria que le hizo empeorar.

Aun así, y pese a que la tensión con esa parte de su familia fue a más hasta tal punto de irse de casa para vivir con su padre, la llegada del verano y los planes en cuadrilla, que fueron 'como una venda', le hicieron estar distraído y olvidarse de lo verdaderamente importante. Ya en diciembre, una fuerte discusión con su madre fue la gota que colmó el vaso. "Pase unas navidades horribles y, en enero, decidí encerrarme en casa de mi padre", comenta dolido.

"Empecé a dejar de hacer las cosas que me hacían feliz en mi día a día y las cambié por estar tumbado en la cama o en frente del ordenador viendo series y jugando. Lloré mucho, dejé de hablar con la gente que quería y al principio no conté nada. Pero esto fue a más", comenta destacando el baloncesto, que fue lo único que le 'mantuvo a flote' ya que es entrenador de un equipo de niños de 13 años.

El navarro, viendo que la situación iba a peor y tratando de no aislarse por completo de sus seres queridos, decidió dar el paso días antes de acudir al psicólogo, a finales de marzo de 2021, de contar por lo que estaba pasando. "Hable primero con mis amigos y me ayudaron un montón. También con mi madre, que al principio se sorprendió pero estuvo a mi lado", recuerda emocionado. 

Pese a que los primeros días fueron duros, ya que padecía un trastorno ansioso depresivo con principios de agorafobia, el doctor fue claro y le ayudó a alejarse de los hábitos que más le perjudicaban. "Me dijo que dejase el ordenador y empezase a dar paseos y hacer deporte. A raíz de eso, empecé a cambiar costumbres que me han ayudado a acabar el semestre universitario aprobando todo y con buenas notas", comenta satisfecho destacando que ahora ni usa el ordenador.

"Todo esto me ha ayudado a afrontar los problemas del día a día más fácil. También he mejorado mucho físicamente, ya que en un año he bajado cerca de quince kilos y ahora me siento mucho más sano", indica mientras describe todas las actividades que realiza con la bicicleta y el balón de baloncesto y anuncia que la semana que viene se iniciará en el crossfit.

Considera que, más desde un punto de vista introspectivo, acudir a un psicólogo le ayudó a enfocar y entender qué era lo que fallaba en su día a día. Además, para hacer frente a muchos de sus problemas, el Dr Luis Astrain le dijo "te vas a joder".

"Me comentó que cuando una persona tiene miedo de nadar debe tirarse a la piscina sin pensarlo. Con mi caso fue parecido. Como no quería ir a la universidad, me obligó a asistir a todas las clases e incluso quedarme a comer para hacer frente al patógeno. Hubo días que me escaqueé por miedo, pero lo superé y ahora lo he normalizado", explica mientras revela que no tiene pensado dejar de acudir al psicólogo nunca.

"El tener una persona externa de tu círculo que te pueda dar un punto de vista objetivo de tu realidad te ayuda a ver las cosas desde una perspectiva más amplia", comenta destacando la profesionalidad y gran labor que ha hecho su doctor en su caso.

Ve en la gente mucha reticencia a expresarse por miedo a los prejuicios impregnados en la sociedad. "Los problemas mentales siempre han estado ligado a estar loco, y yo no estoy loco, solo estoy triste. Cuando estás mal de la tripa vas al médico, si tienes problemas de epilepsia vas al neurólogo y si estás mal de algo intangible como los sentimientos debes acudir a un psicólogo, que es quien se encarga", nombra destacando que ese tabú va desapareciendo poco a poco.

David del Brío sonriente durante las fiestas de San Fermín. ARCHIVO
David del Brío sonriente durante las fiestas de San Fermín. ARCHIVO

"No creo que ahora haya más depresión que antes, pero en el pasado la gente era más dura por las circunstancias que les tocó vivir. Por ejemplo, mi abuela falleció de cáncer y nunca se quejó, e igual estuvo años sufriendo", recuerda alegre porque eso ha cambiado y cada vez nos preocupamos más de la salud de quienes nos rodean.

Durante todo ese tiempo, destacó a cuatro personas: su primo, su madre, su padre y su madrastra. "Mi primo Marco, en cuanto le conté mi situación, me llamó todos los días, me ofreció tomar algo a diario, me sacó de casa... y me ayudó a darme cuenta de que esa desconexión con el mundo no existía. Mi madre, con la que había tenido roces, fue contarle esto y cambió el chip. Mi padre, que es una persona más tradicional a la que le cuesta empatizar, me decía para consolarme que no debía llorar demostrándome que sufría por mi", enumera indicando que esa 'soledad' que muchos suelen sentir suele ser una construcción social que no se asemeja a la realidad.

A todas aquellas personas que están dudando si acudir a un especialista por el qué dirán, Del Brío recomienda que en primer lugar se apoyen en sus seres más queridos, ya que "antes de un psicólogo siempre hay un padre o un hermano que te va a ayudar". Además, considera que ir al psicólogo es algo valiente, ya que es una forma de reconocer que se puede mejorar. "Puedes ir al psicólogo sin tener ningún problema porque quieres mejorar algunos hábitos en tu vida. Tu siempre puedes ser la mejor versión de ti mismo, y esa versión siempre puede ser mejor", termina señalando la importancia de dejarse guiar por los profesionales.

IVAN GONZÁLEZ, AMOR EN PANDEMIA

Procedente de Washington D.C., y habitante de la Comunidad Foral desde hace cuatro años por los estudios, Iván González Ballard (24) ha sufrido la ruptura con su primer gran amor a más de 7.500 kilómetros de distancia, un amor que le destrozó en pocos meses. Un insomnio severo, provocado por la ansiedad y el estrés de mantener una relación tóxica a larga distancia, fue una de las consecuencias de su depresión. 

Además, debido a que el padre de su expareja tiene problemas respiratorios, tuvo que extremar las precauciones semanas antes de volver a Estados Unidos, algo que le obligó a estar muy pendiente de quién entraba y salía de su piso en Pamplona. Por si fuera poco, el desconcierto en torno a los vuelos y las fronteras le mantuvo alterado en todo momento.

"Llegó un momento (febrero de 2021) en el que me harté de despertarme todas las noches y no dormir más de cinco horas, ya que me afectaba en mi rendimiento diario. Esto fue pocos meses después de despedirme de mi novia. Tuvimos una fuerte discusión por la falta de confianza mutua que me hizo darme cuenta, con la ayuda de mi madre, que me escuchó llorar, de que era hora de pedir ayuda", recuerda mientras se enfada por las 'tonterías' por las que discutían.

Esas pocas horas de sueño también repercutieron en su trato con sus amigos más cercanos, a quienes en ocasiones no trató como debía por la tensión constante a la que se enfrentaba. Cree que el tener alguien con quien hablar que no te conoce de nada y solo quiere lo mejor para ti desde una perspectiva profesional es realmente positivo, ya que nota que le entiende. "Lo más importante es el desahogarme. Salgo de allí y me siento como nuevo, dejo de darle vueltas a todo", admite.

Hace dos meses, decidió ir a la raíz del problema y tomó una de las decisiones más importantes de su vida: rompió con su pareja. En un principio, lo pasó realmente mal, pero los amigos y las playas norteamericanas en verano le ayudaron a dejar atrás lo que para él había sido el causante de todo. "La psicóloga me ayudó a entender que, por una vez en mi vida, debía pensar en mí y no en la opinión de los demás, y me recomendó cortar con mi novia", comenta agradecido.

Considera que, a diferencia de Estados Unidos, "en España no se habla lo suficiente de salud mental ya que es un país muy vinculado al catolicismo y está mal visto en la iglesia". "En España no se habla de esto, se esconde más y está peor visto. Es un tabú. El Covid me dio mucho tiempo, y de bueno le saco que me ayudó a mejorar mi relación con mi familia y mis amigos, ya que al no tener muchos planes que hacer pasamos mucho tiempo juntos. También mejoró mi rendimiento académico y mi amor por mi mismo", resume.

"Sinceramente, uno debe hacer lo que cree correcto sin importar lo que piensen alrededor, ya que eso también te ayuda a descubrir quién vale realmente la pena. El paso difícil es decidir hablar con un especialista, pero después de eso todo es más fácil", concluye animando a quienes están mal a dar el paso.


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