• sábado, 04 de febrero de 2023
  • Actualizado 18:56
 
 

SOCIEDAD

Una Nochevieja de patrulla con la Policía Foral: un listillo en taxi y alguna fiesta durante el toque de queda

Los agentes coinciden en que la noche ha sido muy tranquila y no recordaban un fin de año así como el vivido en 2020. 

La patrulla yendo, con las luces de emergencia, a una intervención durante la Nochevieja. PABLO LASAOSA
La patrulla, con las luces de emergencia, se dirige a una intervención durante la Nochevieja. PABLO LASAOSA

La Nochevieja más extraña en muchos año se ha vivido para dar la bienvenida al 2021 en Navarra, con el toque de queda activo desde las 23 horas y cientos de personas en sus domicilios sin juntarse ni con amigos ni con familia. 

Los agentes de la Policía Foral que se encargarán de vigilar las últimas horas del año han comenzado su turno a las 17 horas y a las 22 han hecho un descanso para cenar, antes de regresar a sus vehículos a controlar el inicio del toque de queda y el paso de un año para olvidar a otro lleno de esperanza. 

Además, otro grupo de policías ha comenzado a trabajar a las 22 horas para reforzar al grupo anterior, dentro de los trabajadores esenciales que se ocupan de que todo transcurra con normalidad en fin de año, si es que hay algo normal en la extraña situación de calles vacías al ritmo de las campanadas. 

A las 23.11 el walkie avisa de una persona golpeando vehículos en un barrio de Pamplona, pero el resto permanece en calma, como pasará hasta pasadas las uvas, cuando la noche se agita. 

La noche es tan extraña que a los agentes y al fotógrafo del periódico les pillan las campanadas y el cambio de año dentro del coche patrulla. 

No había hecho más que comenzar el 2021 cuando suena la emisora para alertar de un incendio en una chimenea de Berrioplano. Con las luces puestas atraviesan Pamplona, una ciudad vacía, pero con las luces de las ventanas encendidas. A la llegada, los bomberos, junto a otra patrulla de Policía Foral, ya habían sofocado el fuego en la primera intervención del año.

En Huarte, sobre las 00.20 horas, avisan de que hay un aviso por lanzamiento de cohetes y petardos de las 18 horas y todavía siguen en la calle con el sonido y el estruendo. 

Cuando llegan los dos vehículos procedentes de Berrioplano todo está ya en calma y se comunica que ya no queda rastro de los que lanzaban los petardos. 

Unos minutos más tarde, el aviso llega desde Ripagaina y la calle Londres, la plaza que se hizo conocida durante el confinamiento por la música y los ánimos de sus vecinos. 

AC/DC suena a todo volumen por la plaza. Los altavoces van dejando de sonar a medida que los agentes de Policía Foral se van acercando al centro de la plaza. A su vez, los vecinos reclaman música con bastante jolgorio. Otros, en cambio, piden poder dormir.

Faltan 10 minutos para terminar la primera hora del año. Una de las patrullas sale tras un coche que ha girado en una rotonda para evitar un control de movilidad. Hace casi dos horas que no se puede circular por la calle. Otra de las patrullas para a otro vehículo, con cuatro ocupantes en el interior. No todos son convivientes, el conductor ha salido a llevar a las demás personas a sus casas. Se proponen para sanción por incumplir el toque de queda.

Al poco tiempo, en el mismo control paran a otro coche, esta vez un hombre solo, sujetando un cigarrillo con la boca. Después de hacer las pruebas de alcohol da positivo.

Mientras, otro coche es denunciado por incumplir las restricciones de movilidad.  

Durante la noche, la poca gente que hay en la calle se va retirando y el frío se intensifica. Las patrullas se acercan a controlar los locales donde se cree que está habiendo fiestas. Es el caso de un bar en el barrio de Iturrama, que según cuenta un agente, había carteles anunciando una hasta las 23.00. Todo en orden. 

A la 1.42 la luz de uno de los coches de la policía iluminaba el parque Yamaguchi parando a un coche, que también ha sido denunciado por incumplir las restricciones.

Un taxi se aproxima a la plaza Príncipe de Viana a través de la avenida Zaragoza. Uno de los agentes levanta el brazo y le ordena que detenga el vehículo.

El usuario del taxi sostiene que va al centro de salud Doctor San Martín, en la Baja Navarra. por lo que los agentes le dicen al taxista que continúe.

Sin embargo, tras seguirle para ver qué ocurre comprueban que abandona el recorrido previsto ante el asombro de los policías. Las luces azules vuelven a pintar las fachadas de la calle Paulino Caballero, donde tras una acalorada discusión, el usuario del taxi reconoce que ya no va al ambulatorio, que se encuentra mejor y que va a casa. Se va también denunciado por incumplir las restricciones de movilidad.

A las 2 de la mañana finaliza el turno de los agentes que han entrado a las 17, patrullando desde la Plaza del Castillo a pie vigilando las terrazas en colaboración con la Policía Municipal de Pamplona hasta atender llamadas de cualquier tipo.

Cuando el primer turno termina, el segundo, que ha entrado a las 22, se hace con las calles y carreteras. Nada más subir en el coche, la emisora alerta de una fiesta en la localidad de Orkoien. 

Las personas en el interior de la vivienda, ante la llegada de la policía, bajan la música, apagan las luces y se refugian dentro. Hacen caso omiso a la petición de los agentes y a las constantes llamadas al timbre, pero la fiesta ha terminado. 

“La nochevieja más rara y tranquila de todos los tiempos”, reconocen los agentes. 


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