SOCIEDAD

Cinco navarros que han pasado el coronavirus advierten ante la segunda ola: "Jamás había estado tan mal"

Este es el duro relato de cinco personas que sufrieron el coronavirus en la primera etapa y que alertan a los navarros sobre los riesgos de la enfermedad.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Ana Ramírez García-Mina, Joaquín Galve Sauras, Elisa Ferrer Bonet y Milagros Jurado Rumí.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Ana Ramírez García-Mina, Joaquín Galve Sauras, Elisa Ferrer Bonet y Milagros Jurado Rumí.

Navarra es ahora mismo la peor Comunidad Autónoma en mucho de los indicadores sobre el crecimiento del coronavirus en nuestro país. Desde que empezó la pandemia, en la Comunidad foral la incidencia acumulada de infecciones por coronavirus, a 22 de septiembre de 2020, se sitúa en 15.455 y el número total de fallecimientos es de 562.

Se trata de una enfermedad peligrosa en edades avanzadas y que tiene también afecciones graves en edades intermedias e incluso jóvenes. Por ese motivo hemos querido conocer cómo vivieron la enfermedad 5 navarros que pasaron la Covid-19 en los momentos más complicados de la primera ola para explicar y advertir de las complicaciones este virus que ha dado un vuelco a nuestra vida.

Según los datos de este mismo martes, se han detectado 348 nuevos casos y 5 personas han muerto en las últimas horas. 

SUPERVISORA DE ENFERMERÍA

Milagros Jurado Rumí, enfermera pamplonesa de 56 años, cogió el virus mientras trabajaba como supervisora en el Centro de Especialidades Príncipe de Viana.

“La zona de tránsito estaba en una de las plantas del Complejo Hospitalario de Navarra y cuando se empezó a desbordar la UCI tuvieron que usarla para nuevos ingresos, así que la montamos en las consultas. De las dos supervisoras que estábamos allí, las dos nos contagiamos”, cuenta.

El 7 de marzo el resultado de la prueba PCR fue positivo, pero ya días antes había empezado a sospechar que podía tener el virus porque estaba muy cansada. “Lo achacaba a las horas que estaba trabajando, la situación era muy tensa, con mucho desconcierto. Sin embargo, poco más tarde empecé con problemas gástricos, descomposición y décimas de fiebre”.

Sin embargo, en ningún momento tuvo fiebre alta, pero sí que perdió el olfato y el gusto y tardó un mes en recuperarse de todo el cuadro clínico.

Dos días después de dar positivo en la PCR, le informaron de que su madre, que se encontraba confinada en una residencia, también se había contagiado: “Estuvo mal una semana y poco a poco iba a peor, yo estaba en mi habitación y solo podía ver por videollamada cómo se iba apagando. Yo, físicamente estaba mal, pero psicológicamente hundida”.

Los tres primeros días, Jurado tenía que apoyarse en la pared para levantarse e ir hasta el baño porque tenía inestabilidad y vértigos y le daba miedo caerse: “Estaba todo el día en la cama. Jamás había estado tan mal, a nivel muscular, sobre todo”, asegura.

“La muerte de mi madre me afectó psicológicamente, no pude despedirme de ella. Ahora mismo tengo secuelas psicológicas, estoy muy baja de moral. Físicamente el olfato no lo he recuperado del todo, el sueño lo tengo muy alterado, y tengo pequeños mareos que duran segundos”, relata.

PERIODISTA

Ana Ramírez García-Mina, periodista pamplonesa de 22 años, se contagió en su casa a finales de marzo cuando las cuatro personas con las que convivía dieron positivo: “No sé quién fue primero, si mi madre que es personal sanitario en el trabajo o si mi hermano que estudia Medicina y en algunas prácticas se lo pudo coger”, dice.

Los síntomas de Ramírez empezaron con un dolor de cabeza que remedió con paracetamol. Por aquel entonces pasaba mucho tiempo delante del ordenador por las clases online y el Trabajo de Fin de Grado, por lo que llegó a pensar que la jaqueca era consecuencia de esto.

Sin embargo, a los tres días perdió el olfato y el gusto: “Estuve así unas dos semanas y tardé un mes en recuperarlo del todo. No tuve ningún síntoma respiratorio, aunque sí algo de mareo y cansancio, pero pensaba que era de estar todo el día en casa”.

La prueba PCR no se la hicieron hasta dos meses después de tener síntomas, cuando ya dio negativo. “Al no estar grave”, ni siquiera llamó “al médico en su momento”.

Ahora, a la periodista no le ha quedado ninguna secuela; sin embargo, guarda un recuerdo agrio de aquellos días porque a su padre le tuvieron que ingresar por neumonía derivada del coronavirus durante una semana: “Le hicieron una placa de control de tórax porque era paciente de riesgo, le salió limpia y al día siguiente ya tenía neumonía”.

Por ello, a quien pueda estar pasándolo le recomienda que, además de descansar y beber mucha agua, avise al médico “ante el mínimo síntoma grave”.

AUXILIAR DE ENFERMERÍA

Elisa Ferrer Bonet, auxiliar de enfermería de 48 años, es natural de Alcoy, sin embargo, lleva viviendo en Pamplona durante 28 años. Cuando empezaron los primeros casos, el personal sanitario todavía no utilizaba mascarilla en todo momento: “Creo que me contagié porque algún paciente, que en principio venía como negativo, luego dio positivo en la PCR. Fue a finales de marzo, estuve todo el mes de abril en casa de baja”.

Ferrer empezó con fiebre, no muy alta, y con mucho dolor muscular. Más tarde, "apareció el cansancio que duró muchísimo tiempo", la pérdida de olfato y gusto y la caída del pelo.

“Eran síntomas que iban variando a lo largo del tiempo. La primera semana estuve muy cansada y casi sin poder hablar porque me fatigaba, fue prácticamente en cama. La segunda semana empecé a moverme algo más”, cuenta.

La PCR se la hicieron en el momento en el que empezó con fiebre por el hecho de ser personal sanitario. A los 15 días le volvieron a citar y volvió a dar positivo. La tercera y última prueba, en la que dio negativo, fue 15 días después: “Más o menos tardé unos 40 días en recuperarme”.

La auxiliar convivió con su hija en todo momento y no le llegó a contagiar a pesar de que, a partir de la segunda semana, salía de la habitación, con la mascarilla, cocinaba, y a medida que se iba encontrando mejor hacía más cosas.

Actualmente, las secuelas de esta auxiliar de enfermería son la pérdida de audición en el oído derecho, y un dolor excesivo en las rodillas que le impide subir escaleras.

“Con la médico de cabecera estuve en contacto en todo momento por teléfono, nadie me vio. El otro día llamé al centro de salud por lo del oído y tengo cita telefónica, pero espero que me vean en persona en algún momento”, denuncia.

PRESIDENTE DEL TSJN

Joaquín Galve Sauras, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Navarra y de 61 años, se contagió de coronavirus durante la primera semana del estado de alarma: “Creo que me lo contagió mi mujer porque iba unos días por delante de mí y ella había estado en Madrid”, afirma.

No tuvo los síntomas considerados como habituales, ni tos, ni dificultad respiratoria y muy poca fiebre. Sin embargo, el cansancio que sentía era extremo, además de un dolor “insoportable de espalda y piernas”.

En el momento en el que empezó con fiebre, le hicieron la prueba PCR: “Había estado un par de veces en urgencias pero con los síntomas que tenía no me identificaban como posible caso positivo”.

Durante los 10 primeros días la enfermedad le afectó mucho,  llegando a pasar unos 20 días en su casa “sin salir absolutamente para nada”.

Actualmente, se encuentra en tratamiento por “problemas en los pulmones y por dificultad respiratoria”.

“A quien lo pueda estar pasando, le diría que tenga paciencia y siga los consejos médicos. Al que no lo haya pasado todavía, le diría que tomara conciencia, sobre todo la gente joven porque puede ser muy grave para sus familiares”, concluye.

MÉDICO DE FAMILIA

Pedro (nombre ficticio), de 64 años, es médico de familia en el centro de salud de la comarca de Pamplona. El viernes 7 de marzo empezó a tener algo de malestar; sin embargo, siguió trabajando durante algunos días de la siguiente semana hasta que el miércoles perdió el apetito por completo y comenzó a tener mucho dolor entre los omoplatos.

“El viernes 13 llegué a casa, me puse el termómetro y tenía 38 de fiebre, a partir de ahí me confiné yo mismo en la habitación”, comenta.

Estuvo alrededor de 10 días con dolor abdominal y fiebre: “Perdí 8 kilos, no podía comer, no me daba asco, sino que no me entraba directamente. Al ver que perdía tanto peso tuve que empezar a comer sin ganas. Entre eso y la ansiedad lo pasé mal. También estaba cansado, hecho polvo”, afirma.

El médico estuvo de baja unas tres semanas hasta que se recuperó. Durante ese tiempo, pidió varias veces que le hicieran una prueba PCR, llamaba y decía lo que le pasaba y le preguntaban si tenía tos, fiebre o disnea: “Me dijeron que en cuanto me mejorara fuera a trabajar”, manifiesta.

“Lo que más daño me hizo fue la ansiedad y las condiciones en las que seguíamos trabajando. Me hicieron la PCR veintitantos días después y me salió negativa, nada más volver a trabajar me hicieron el test de anticuerpos y di positivo. Fue cuando supe seguro que lo había pasado”, confirma.

Actualmente, Pedro no ha conseguido volver a su peso habitual, se encuentra “muy flojo” y denuncia que en Atención Primaria siguen trabajando en “unas condiciones pésimas”.


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