SOCIEDAD

Nueve meses en Navarra en primera línea contra la Covid: “Solo saldremos de esta si todos nos vacunamos"

El especialista José Luis del Pozo, de la Clínica Universidad de Navarra, relata la experiencia de estos duros meses y su visión sobre la salida a la crisis sanitaria. 

Dr. José Luis del Pozo León, director del Servicio de Microbiología Clínica y del Área de Enfermedades Infecciosas.. PABLO LASAOSA
Dr. José Luis del Pozo León, director del Servicio de Microbiología Clínica y del Área de Enfermedades Infecciosas. PABLO LASAOSA

“De esta situación solamente se puede salir con una vacuna”. El doctor José Luis del Pozo lleva en primera línea de batalla desde que empezó la pandemia hace ya casi un año y asegura que, si las restricciones siguen relajándose, el mes de enero llegará de la mano de “un desastre epidemiológico por un pico de casos” en un momento clave: la campaña de vacunación del Covid-19.

Natural de Madrid y director del Servicio de Microbiología Clínica y del Área de Enfermedades Infecciosas de la Clínica Universidad de Navarra desde el año 2016, Del Pozo teme que dentro de pocas semanas el sistema sanitario esté tan saturado de casos que no pueda organizarse de forma correcta la vacunación: “Es una pena que no seamos capaces de restringir las actividades sociales al máximo durante estos días hasta que llegue la vacuna”.

Existe un debate en la sociedad entre aquellos que están dispuestos a vacunarse y aquellos que por nada del mundo lo harían. Sin embargo, cada una de las vacunas y medicamentos que están a la venta en el mercado tienen riesgos y efectos secundarios; por ello, es algo que “no debe mirarse bajo el prisma individual y pensar en no vacunarse por los efectos adversos, sino que hay que enfocarlo de manera global dándose cuenta de que es la única forma de salir”, asegura el experto. 

A día de hoy, las consecuencias del puente foral están repercutiendo en el número de personas ingresadas por coronavirus en los hospitales navarros. “El sistema sanitario está destrozado. Va a haber poco margen entre el final de esta segunda ola y el inicio de la tercera, y me preocupa por la fragilidad del sistema”, confiesa el médico.

“Hay mucho cansancio y mucho sentimiento encontrado. Estamos aquí trabajando mañana, tarde y noche y fuera hay gente en fiestas, en terrazas sin mascarilla… Estas cosas al personal sanitario le hacen mucho daño”, dice del Pozo.

Para este médico, a pesar de haber transcurrido tantos meses desde que comenzó la pandemia, la población no está concienciada y la mayor parte de ciudadanos no saben realmente lo que está ocurriendo y todo lo que conlleva: “Creo que ha habido un ocultamiento de imágenes duras de lo que ha pasado. Nunca en España habían fallecido 900 personas en un día y ahora hemos asumido como normal que mueran 300”.

“La gente no ha visto los dramas familiares que hemos vivido aquí, hijos que han contagiado a sus padres y sus padres han muerto, por ejemplo. Esto no se ha visto y en cierta forma se ha ocultado. Ha habido muy poca concienciación de las repercusiones”, declara.

LA SOLEDAD DE LA ENFERMEDAD

José Luis del Pozo confiesa que, como médico, lo más duro ha sido creer que en algún momento la enfermedad le superaba y ponerse en la piel de los pacientes y sentir su soledad: “Estamos acostumbrados a trabajar muchas horas, a hacer noches y guardias, a estudiar en casa… Lo peor ha sido el haber tenido la percepción en algunos momentos de que la enfermedad te estaba pudiendo porque no sabías qué más darle al paciente. Para mí ha sido duro ponerme en la piel de estas personas y pensar en la soledad de la enfermedad”.

Hasta antes de la pandemia, el concepto de muerte en el hospital era el de una persona por la que se había hecho todo lo posible, que estaba rodeada de su familia y del personal sanitario y que tenía una muerte digna. Sin embargo, con el Covid esta percepción de los últimos momentos de la vida de una persona ha desaparecido porque “cada día fallecen más personas de las que puede asumir un sistema sanitario normal”.

Una enfermera atiende a un paciente con coronavirus en la UCI de la CUN. PABLO LASAOSA

“Creo que soy un privilegiado, considero que venir a trabajar es venir a hacer algo para lo que tengo vocación, que me gusta y me llena. Pero ha habido días malos en los que he cometido errores con el paciente y me he ido a casa con la culpa de poder haberlo hecho mucho mejor. También ha habido momentos de pasarlo mal, situaciones que me han llegado al corazón y he llorado por ver que la situación podía conmigo. He tenido miedo de contagiarme y transmitírselo a mi mujer y a mis hijos. Para esto nadie estaba preparado y para mí ha sido muy importante para aguantar la tempestad el apoyo de la gente cercana que hemos trabajado en esto”, declara del Pozo.

El final de esta segunda ola con la consecuente relajación de las medidas para evitar la propagación de la enfermedad ha llevado a José Luis del Pozo a plantearse que, a pesar de creer en un principio que habíamos aprendido algo como sociedad, “quizás el ser humano tenga la memoria tan frágil que esto se nos va a volver a olvidar en dos días porque no somos capaces de darnos cuenta de lo que hemos pasado”.

“La mortalidad del coronavirus es muy baja, el problema ha sido la avalancha de casos. Pero es perfectamente factible que dentro de unos años aparezca un virus con una mutación que se transmita igual de fácil pero que, en vez de matar al 1% de los casos, mate al 50%. O aprendemos de esta situación o pasado mañana ocurre esto. No es la primera vez que pasa, es algo que se ha ido repitiendo a lo largo de la historia y es cuestión de tiempo que venga la siguiente pandemia”, augura el médico.

PLAN DE CONTINGENCIA

Cuando en enero de 2020 empezaron a aparecer los primeros casos de coronavirus en China, en la Clínica Universidad de Navarra se generó una alerta en la comisión de infecciosas que llevó a elaborar un procedimiento muy similar al de otras enfermedades para prepararse ante la llegada de un posible paciente.

A principios de febrero empezaron a ver en las consultas y en urgencias de la CUN casos de neumonías “raras” en gente joven que no había ido ni a China ni a Italia y que no cuadraban con ningún virus invernal conocido hasta el momento: “Viéndolo ahora a toro pasado, estoy seguro de que serían casos de coronavirus que no estábamos diagnosticando porque no teníamos una herramienta para hacerlo”, afirma el doctor del Pozo.

A nivel del hospital, pusieron en marcha el plan de contingencia ante la eventualidad de que empezaran a llegar casos y tuvieran que ingresar a pacientes en situación de aislamiento respiratorio. Para ello establecieron una serie de medidas que “fueron muy rentables a medio plazo”, como la obligatoriedad  de que todo el personal sanitario y administrativo llevase mascarilla.

Una enfermera desinfecta sus calzas en la 'planta Covid' de la CUN. PABLO LASAOSA

Además, organizaron el trabajo según un modelo cooperativo “de igual a igual”, fundamentalmente entre tres departamentos: enfermedades infecciosas (Dr. José Luis del Pozo), medicina interna (Dr. Jorge Quiroga) y neumología (Dr. Javier Zulueta). Posteriormente, se involucraron urgencias y cuidados intensivos: “A día de hoy seguimos teniendo una reunión todos los días por la mañana a primera hora para evaluar la situación y no hemos dejado de tenerla ningún día desde que empezó la pandemia”.

Cuando empezaron a llegar los primeros ingresos se estableció un grupo de trabajo más grande donde participaban también farmacia, riesgos laborales, medicina preventiva, dietas y limpieza. Y antes de empezar la actividad diaria, a las 8 de la mañana, se reunían para hacer un control de la situación.

“Desde que empezaron a ingresar pacientes, establecimos un protocolo de atención con el fin de que todos recibieran un tratamiento homogéneo. También, entre otras muchas cosas, pusimos en marcha un sistema de llamadas diarias a los familiares y de apoyo psicológico tanto al paciente como al personal”, explica el médico.

ANTICOAGULANTES Y CORTICOIDES

Además, desde el primer momento tomaron la decisión de incluir dos fármacos que a posteriori se ha demostrado que tienen un impacto muy positivo en la supervivencia: “Anticoagulamos a todos los pacientes, lo cual se ha demostrado que previene de las complicaciones trombóticas. Y nos dimos cuenta de que si las recomendaciones de los médicos chinos no nos dijeran que no era bueno usar corticoides, lo usaríamos; así que decidimos empezar a usarlo con nuestros pacientes y esto repercutió directamente en su supervivencia”.

Una de las recomendaciones que se dio desde el Gobierno fue la de “no dejar a los familiares compartir con el paciente sus últimas horas”. Desde este grupo coordinado de trabajo se debatió el asunto en profundidad y llegaron a la conclusión de que si “el paciente estaba grave y requería un soporte familiar se permitirían las visitas con todas las medidas de seguridad”.

Dos enfermeras trabajan en la UCI de la CUN. PABLO LASAOSA

Durante la primera ola, se incitó a no utilizar ventilación mecánica no invasiva fuera de la UCI. En la actualidad, haciendo uso de esta técnica en planta, se ha conseguido que muchos pacientes no pasen a la UCI.

A día de hoy, casi un año después, se ha aprendido mucho sobre esta nueva enfermedad que ha paralizado el mundo. En mayo, el personal de primera línea Covid de la CUN se sometió a un estudio de seroprevalencia y los resultados arrojaron que menos del 5% de estos trabajadores se habían contagiado.

“Algo clave y fundamental en el éxito del manejo de la pandemia han sido los trabajadores ocultos: los técnicos del laboratorio de virología,  el servicio de limpieza y dietas, las auxiliares de planta, las enfermeras… Todo este personal silencioso que ha trabajado toda la pandemia las 24 horas al día”, concluye Del Pozo. 


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Nueve meses en Navarra en primera línea contra la Covid: “Solo saldremos de esta si todos nos vacunamos"