• martes, 24 de mayo de 2022
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SOCIEDAD

Los primeros cartógrafos de Europa: la cueva navarra que guardaba un mapa de hace más de 13.000 años

En el interior de la cueva se encontró un yacimiento prehistórico con restos humanos y cerámica de la edad de bronce y han sido diversas la excavaciones que se han llevado a cabo en el lugar.

El mapa más antiguo de Europa occidental encontrado en la cueva de Abauntz (Navarra). ARCHIVO/BLOG ARQUEOLOGÍA NAVARRA
El mapa más antiguo de Europa occidental encontrado en la cueva de Abauntz (Navarra). ARCHIVO/BLOG ARQUEOLOGÍA NAVARRA

Navarra está repleta de tesoros, rincones de valioso patrimonio histórico y espacios naturales únicos como lo son las cuevas.

Entre estas maravillas de la naturaleza destaca una cercana a Pamplona, la cueva de Abauntz, un lugar en el que, en agosto de 2009, un equipo de investigación de la Universidad de Zaragoza, encabezado por la arqueóloga Pilar Utrilla, descubrió en una de las piedras de la cueva un mapa que dataría de hace 13.660 años, convirtiéndose de esta manera en el plano más antiguo de Europa occidental.

La cueva de Abauntz está situada a unos 20 kilómetros al norte de Pamplona, junto a la localidad de Arraiz-Orquín, en el valle de Ulzama. Debido a su inmejorable posición estratégica, permite controlar el acceso al puerto de Velate, está en la ruta de la mejor comunicación por los pasos occidentales, vía Maya y Otsondo, y cierra el estrecho que constituyen las dos peñas de Arizerte y San Gregorio, paso obligado de la caza, tal y como explican los arqueólogos. "Todo ello nos lleva a pensar que este lugar reúne sin duda unas características que lo convierten en sitio ideal para un asentamiento temporal o permanente".

En el interior de la cueva se encontró un yacimiento prehistórico con restos humanos y cerámica de la edad de bronce y han sido diversas la excavaciones que se han llevado a cabo en el lugar en la década de los años 80, existiendo abundante materia proveniente de esta cueva expuesto y catalogado en el Museo de Navarra.

Entre lo que se encontró en la cueva, destaca el mapa de Abauntz, un canto rodado de piedra datado en el 9.815 a.C. Su superficie está cubierta de representaciones grabadas a buril, que siguen los patrones del arte paleolítico de estilo franco-cantábrico.

De compleja lectura, la doctora Pilar Utrilla y su equipo lo interpretaron como un mapa del entorno de la cueva. En él se reconocen los accidentes geográficos más llamativos de la zona, identificables también hoy en día: la garganta entre la gruta y el monte San Gregorio, el arroyo Zalzadáin con los vados y zonas encharcadas durante la primavera, etc. Hay además dos rebaños de cabras localizados a ambos lados del río.

Esta representación se combina con grabados de animales a gran escala, entre los que resaltan un gran ciervo bramando, varias ciervas y un antropomorfo, quizás una escena de berrea.

¿Es un mapa, un plan estratégico para una cacería o el relato de una escena vivida? En cualquier caso, se trata de una representación excepcional en Europa occidental, tanto por su antigüedad, como por los recursos técnicos empleados, entre los que resalta la perspectiva conseguida mediante la superposición de las cabras que se esconden tras una rotura del bloque pétreo y la representación subjetiva del autor desde la boca de la cavidad. Una pieza singular que ilustra los logros alcanzados por la humanidad en la comprensión de la representación espacial, probablemente aplicados a un fin utilitario: la caza.

Por otra parte, tal y como informan en la web oficial del concejo de Arraiz-Orquín, según la mitología del lugar, la cueva sirvió más tarde de morada de lamías (brujas), y la tradición oral transcribe la siguiente leyenda:

“Al parecer había un pastor de Arraiz, que llevaba todos los días leche de oveja a las brujas que habitaban la cueva, pero un día tuvo la ocurrencia de mezclar dicha leche con gran cantidad de excrementos de oveja, lo que dio motivo al enfado y enojo de las lamías. Éstas, vista la afrenta cometida por el pastor, le siguieron esa misma noche con intención de atraparle, pero afortunadamente para el pastor, sonaron las doce campanadas de medianoche en el reloj de la iglesia de Arraiz, y las lamías se volvieron a su cueva sin lograr atraparle, librándose así el pastor de un severo castigo. No obstante, sí tuvieron tiempo para maldecirle y jurarle que en su casa nunca faltarían las desgracias".


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