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La tensión de la última bomba de Los Lobos en '¡Boom!': así relata el navarro Manu Zapata cómo se hicieron con el bote

El tafallés reconoce que habían protagonizado un programa muy malo y que lo único que querían era terminarlo con dignidad y pensar ya en el siguiente.

Manu Zapata, integrante de Los Lobos, en su ciudad natal, Tafalla. PABLO LASAOSA
Manu Zapata, integrante de Los Lobos, en su ciudad natal, Tafalla. PABLO LASAOSA  

El pasado 8 de julio, Antena 3 emitió el último programa de Los Lobos en ¡Boom! Durante 505 ediciones del concurso, los cuatro amigos habían estado intentando completar la última prueba, la bomba dorada, las 15 preguntas que los separaban de un bote de más de cuatro millones de euros.

Sin embargo, ese último programa no fue un paso sencillo de dar, como relata el tafallés Manu Zapata, que explica cómo se les puso en contra y solo pensaban en terminarlo cuanto antes y de una forma digna, para pasar al siguiente.

En ese programa número 505, Erundino Alonso había sido eliminado en la primera fase, aunque sus compañeros decidieron rescatarlo al vencer en la prueba de la bomba estratégica. Una apuesta que, para Manu, fue crucial en la parte final.

"Era imprescindible que estuviéramos los cuatro en la última prueba, porque hay cosas que puede saber uno que no saben los otros tres. Sin las cuatro cabezas, veíamos que era imposible llevarse el bote. Y eso que era un equilibrio puñetero, porque si optábamos por más tiempo, podíamos conseguir más dinero acumulado. Pero nos aconsejaban que, si íbamos bien, rescatáramos. Nunca se sabe. Precisamente, en el último rescatamos a Erundino y casi nos vamos a casa. Lo teníamos que ver muy claro para elegir rescatar a un compañero", cuenta.

Sin embargo, a la postre se supo que habían escogido la opción correcta para alcanzar la fase final y, una vez reunidos todos juntos frente a la bomba dorada, responder a las 15 preguntes y ganar el bote.

"Ese programa fue raro -recuerda Manu-, porque estuvimos con la soga al cuello de decir 'no caímos eliminados de milagro'. Llegamos a la bomba dorada, pero estábamos molestos porque habíamos hecho un mal programa, así que nuestro objetivo era salvar el expediente como pudiéramos y pasar al siguiente. Era el tercero que grabábamos ese día, y los dos anteriores, en cambio, habían sido muy brillantes, con dos plenos en la primera ronda de preguntas y sacando marcadores buenos. Además, en los dos nos habíamos quedado a una sola pregunta en la bomba dorada. Así que, al salirnos el tercero tan mal, nos propusimos sacar una bomba dorada aseadita para echar el resto en el cuarto programa".

COMENZAR RELAJADOS, LA CLAVE

Quizá esa fue la clave de su éxito final, el comenzar relajados debido a unas expectativas bajas, según describe Manu. "Ya no nos podían eliminar, así que habíamos bajado un poco la presión que habíamos sufrido. Empezaron las preguntas e íbamos contestando. Pum, pum, pum, pum... Y veíamos que había alguna difícil, pero que la respondíamos correctamente", expone.

"Primero fue la del libro, la de Chesterton, que se la sabía uno y que yo vi que era complicada. Luego llegó la del cantante, la de Bobby Vinton, y esa era la decimotercera. Habían salido unas cuantas que eran difíciles y, sin embargo, las habíamos sacado", manifiesta.

Después llegó la decimocuarta: "Vimos un poco el enunciado y nos dimos cuenta de que no nos la sabíamos ninguno, pero la pregunta era sobre un cuadro de Picasso que simbolizaba algo de la guerra, por lo que llegamos a la conclusión de que tenía que ser el Guernica. ¡Y zas, 14! En ese momento, me quedé en blanco".

Ya está, volvían a estar a una sola pregunta de alcanzar la gloria. "Salió el texto de la número 15 y yo lo leí. Normalmente, leo el enunciado y proceso la pregunta mientras la recita Juanra. Pero en ese instante, la leí y fue incapaz de procesarla. Vi un poco algún dato que había en el enunciado y me dije 'aquí hay alguien que se la sabe seguro'. Entonces, sin poder llegar a pensarla del todo, cuando terminó de leerla Juanra, Alberto y Erundino me dijeron 'Botnia', y eso me sonaba. Pensé 'tiene sentido, tiene que ser'", rememora.

UNA ETERNIDAD

Esos pocos segundos, a Manu le parecieron una eternidad: "He visto el momento por televisión y se ve muy rápido, pero yo lo viví a cámara lenta. Tengo la sensación de que me quedé un rato callado, bastante más de lo que se vio en la tele. Quedaban aún 17 segundos y recuerdo que vi pasar del 17 al 16, y me dije 'lo suelto'. Y entonces, vi que explotó encima un saco de confeti. Y me dije 'ostras, ya está'".

Fue un instante mágico, en el que el tafallés se quedó paralizado. "Creo que empecé a celebrarlo más tarde que mis compañeros. Lo primero que me vino a la cabeza es 'ya está, hemos conseguido el objetivo que habíamos estado persiguiendo durante más de dos años'. Mire a la izquierda y vi a Valentín y a Erundino abrazándose; después, me giré hacia Alberto, nos miramos los dos y nos abrazamos, y ya después nos juntamos los cuatro", cuenta.

Manu detalla además que hacía poco que había sufrido un esguince, precisamente mientras subía las escaleras que dan acceso al plató de ¡Boom! Le había ocurrido dos grabaciones antes de ese día, por lo que todavía estaba recuperándose y debía guardar reposo. "Me costó empezar a saltar porque también estaba pensando en el tobillo. Pero llegó un momento en el que nos juntamos los cuatros y comenzamos a botar. Me imagino que eso retrasó la recuperación, pero en ese instante, todo me daba igual".

Una vez que terminó la grabación del programa, los cuatro integrantes de Los Lobos fueron trasladados al hotel en el que se hospedaban durante las jornadas en las que competían en el concurso. "Lo celebramos allí, en petit comité. Allí se enteraron, porque nos sacaron champán. Pero todos fueron muy discretos", indica.

LA NOSTALGIA

Después, ya en su habitación, Manu revela que entonces comenzó a hacerse a la idea de lo que había supuesto la victoria final: "Te entra un poco de nostalgia. Sobre todo, la comencé a sentir cuando me puse a bajar las escaleras del plató al terminar de grabar el programa del bote. Entonces, piensas 'ya no las voy a volver a subir más'. Y es ahí cuando me entró la congoja de pensar que ya no iba a volver, que ya lo echaba de menos".

"Ese era nuestro plató -recuerda-, ese era nuestro atril. Estabas como en casa, cómodo en el plató, en el atril de la izquierda, el del equipo azul... Te sentías muy cómodo ahí, porque lo habías hecho tuyo. Caer en la cuenta de que ya no ibas a volver te hacía sentir nostalgia".

Manu confiesa que él es una persona de costumbres y de rutinas, a la que le cuesta salir de su zona de confort. "De hecho, el empezar a grabar ¡Boom! fue salir de mi zona de confort que tenía en ese momento. Al principio, estaba como un pulpo en una cacharrería. Pero después de dos años, la rutina se había convertido en eso. Era algo que ya tenía interiorizado y asimilado; iba a gusto y contento. Sobre todo, por la gente", remarca.

"Vale que siempre tenías en la cabeza que eras un concursante que te podías ir cualquier día, pero habíamos forjado una relación con el equipo del programa, como si fueran compañeros de trabajo. Yo he estado más tiempo en ¡Boom! que en muchos de los trabajos que he desempeñado. Es una relación tan estrecha, que echas de menos también eso, el estar con todos los miembros del equipo. El volver a la vida normal es salir de otra zona de confort, que era el concurso y todo lo que lo rodeaba. Así que llevo dos semanas en la que tengo que intentar acostumbrarme y adaptarme a una nueva rutina", matiza.

En el futuro, no obstante, la televisión puede esperarlo a la vuelta de la esquina. "A mí siempre me ha gustado el mundo de la televisión. Estudié montaje en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid y, después, trabajé de montador mucho tiempo. El medio lo conozco. Así que si surge algo que tenga que ver con eso y que realmente me atraiga y vea que me llena, adelante", concluye.


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