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El kilométrico homenaje de un aragonés al hijo que ya no está: “Él es quien me trae hasta Javier todos los años”

Mikel Modrego perdió a su hijo discapacitado hace 8 años. Desde entonces no se ha vuelto a perder una sola Javierada.

Miles de peregrinos caminan hacia Javier en la segunda Javierada de 2018. PABLO LASAOSA
Miles de peregrinos caminan hacia Javier en la segunda Javierada de 2018. PABLO LASAOSA  

Se dice que el amor de un padre o de una madre por sus hijos puede romper cualquier límite. Es precisamente ese sentimiento el que lleva trayendo a Mikel Modrego desde Zaragoza hasta Javier desde hace 8 años.

Modrego, maño de toda la vida, perdió a su hijo Javier precisamente hace 8 años. Desde entonces, no ha vuelto a fallar en este viaje. Cuando llega marzo, este aragonés vuelve a convertirse en un peregrino y se suma a esta aventura puramente navarra para recordar, a base de sumar kilómetros, a su hijo fallecido.

“Es la octava Javierada en la que participo. Hago este viaje para recordarlo… Este viaje es un homenaje para él, que es quien me trae hasta aquí todos los años”, afirma Modrego a Navarra.com a su paso por el puerto de Loiti.

“Javier era discapacitado. Le pusimos ese nombre porque San Francisco Javier es un santo al que siempre hemos tenido mucho cariño. Además, con él íbamos mucho a visitar Javier. Por eso, si con él esto era un sitio querido, ahora es entrañable”, explica entre pausas. “Creo que a Javier le gusta mucho que cada año haga este trayecto. De hecho, ahora sus cenizas están aquí”, añade.

UN VIAJE EN COMPAÑÍA SIEMPRE ES MÁS LLEVADERO

Modrego tiene claro que no va a rendirse. Desde que conoció la tradición, supo que era para repetirla. “Aunque soy de Zaragoza y a pesar de que antes de la circunstancia de mi hijo no había estado nunca, este camino me pareció una fiesta preciosa, se ve a gente de todas las edades y es todo un homenaje a la vida”, comenta.

“Por ello, mientras mis piernas me sostengan y me permitan andar, seguiré viniendo hasta aquí. Es un lugar para pensar y poner en orden las ideas”, concluye.

Además de espíritu, para afrontar una Javierada tantas veces seguidas es conveniente ser un aficionado a caminar. Afortunadamente, Modrego es uno de ellos. “Andar me encanta y tengo la suerte de tener a Patxi, un buen amigo que es con el que comparto la Javierada. Nos vemos antes de esta peregrinación y pasamos el fin de semana juntos”, relata.

Vengo desde Zaragoza hasta Javier, ahí dejo el coche y Patxi se encarga de recogerme. Nos vamos a Pamplona y empezamos el camino”, finaliza, tras resaltar las motivaciones que le empujan hasta Javier.


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El kilométrico homenaje de un aragonés al hijo que ya no está: “Él es quien me trae hasta Javier todos los años”