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Una gran comida en mitad del camino: el secreto de los vecinos de Caparroso para llegar a Javier al 100%

Se trata de un ágape que más de 50 vecinos de todas las edades llevan celebrando durante más de 30 años en una gigantesca nave de Gabarderal.

Los organizadores de la tradicional comida en Gabarderal que desde hace décadas se celebra en cada segunda Javierada del año. PABLO LASAOSA
Los organizadores de la tradicional comida en Gabarderal que desde hace décadas se celebra en cada segunda Javierada del año. PABLO LASAOSA  

Un gigantesco almacén de maquinaria agrícola en mitad del camino. Ese es el particular lugar de encuentro que un extenso grupo de vecinos de Caparroso lleva escogiendo desde hace más de 30 años para comer y reponer fuerzas en cada Javierada.

Ubicada a las afueras de Gabarderal (a 47 kilómetros del punto de partida), esta nave se vacía y se pone en condiciones en el mes de marzo de todos los años para sustituir los tractores y cosechadoras por mesas y la vitalidad típica de los caparrosainos.

Y como no puede ser de otra manera, esta segunda Javierada del 2018 no va a ser para menos. A las 12 en punto de este sábado 10 de marzo, mientras la lluvia hace de las suyas embarrando el camino de acceso, la nave ya está llena de ajetreo, conversaciones entre amigos y, sobre todo, del aroma a calderete y embutidos que ahí mismo cocinan para los peregrinos del pueblo. Una larga mesa con platos y sillas alrededor recorre toda la estructura de punta a punta.

En ella se sientan los grupos de caminantes riberos de todas las edades que van llegando para compartir sus experiencias con los que ya están y dejar sus piernas en stand by después de más de 8 horas sin parar de caminar. Los platos de calderete y de panceta, chistorra, costillas de cordero para hacerse un bocata 'al gusto' comienzan a dispersarse por las mesas. El festín 'reponedor' ha comenzado.

En el lugar, Miguel Jaso, José Antonio Jaso, Maria Luisa Luki y Mariluz Lapuerta, los vecinos de Caparroso encargados desde hace años de dar continuidad a la comida, hablan con Navarra.com. Ellos llevan desde bien temprano preparando este momento tan mágico.

"El origen de este encuentro lo tuvo un párroco de Caparroso llamado don Francisco Valdemoro. Él tuvo la idea, en aquel entonces, de hacer esta comida. Durante las dos Javieradas, un grupo de voluntarios venía a esta nave y todos juntos preparaban calderos para los peregrinos. Ahora lo celebramos solo en la segunda Javierada", explica Mariluz Lapuerta.

Por su parte, Miguel Jaso añade que es un vecino de Gabarderal quien se encarga de cederles la nave todas las peregrinaciones. "Todos los años nos la prepara, limpia, organiza y cede para que celebremos este evento", comenta.

Por otro lado, José Antonio Jaso lamenta que la lluvia de este año haya rebajado la participación. "Este año se han sumado entre 50 y 60 personas... pero si hace buen tiempo solemos reunirnos hasta 80 o 90 vecinos", afirma.

"Aquí venimos de voluntarios para echar un cable a los peregrinos. Para acudir a la comida, los vecinos del pueblo se apuntan en una lista y pagan una pequeña cantidad de dinero. Con todo lo recaudado, compramos los alimentos y organizamos el evento", añade Mariluz.

Así, los organizadores dejan claro que es la tradición lo que todos los años les mueve a juntarse bajo el techo de la gigantesca nave a comer con los peregrinos. "Es una tradición... Además, siempre nos juntamos los mismos, los de siempre, y estamos muy a gusto", concluye Miguel.

¿SERÍAS CAPAZ? CASI 70 KILÓMETROS EN UN SOLO DÍA

Dentro de la nave, Carlos Ucar Aran descansa junto a sus colegas. Tiene 23 años y es la tercera Javierada que realiza en su vida. Va a recorrer en un día casi 70 kilómetros.

"Aunque el año pasado no pude hacerla, he vuelto a participar. Esta es la ocasión en la que peor he llegado hasta aquí, pero bueno, estoy satisfecho", reconoce el joven. No obstante, él ya sabe lo que es andar. "A mí no me cuesta mucho hacer la Javierada... soy de los que van a trabajar andando", expone.

"Por la Javierada vengo con mis amigos, con la cuadrilla del pueblo. Solemos organizarla los días previos todos juntos, aunque no entrenamos y luego al día siguiente vienen las agujetas y las ampollas", agrega.

En este sentido, Ucar agradece el recibimiento que se les da en la nave a los peregrinos. "Mis amigos y yo agradecemos la labor de todos los hombres y mujeres que dedican su tiempo para que, cuando lleguemos, podamos comer en caliente y en un refugio como este", apunta.

Por último, culmina afirmando que, para él, "llegar a Javier significa mucho". "Me gusta mucho este viaje, ya que durante el trayecto nos juntamos con muchos vecinos del pueblo. Además, llegar a Javier significa mucho para mí porque es un homenaje al patrón de Navarra y a su familia, que fueron grandes defensores del Reino de Navarra", afirma, para poner punto y final a la conversación.

MÁS DE 40 JAVIERADAS A SUS ESPALDAS

Por su parte, Ascen Lapuerta cuenta su historia, muy diferente a la del joven ribero, debido a que en su currículum de peregrina hay anotadas más de 40 Javieradas.

"Llevo desde los 14 años haciendo la Javierada. Tan solo paré tras los embarazos de mis dos hijas, aunque a ellas me las he traído hasta Javier desde siempre, en la tripa o en el coche. De hecho, al principio iba en compañía de mis amigas y, ahora que mis hijas (Cristina y Raquel Escalera) son mayores, voy con ellas", relata Lapuerta.

"A ellas me las empecé a traer hasta el castillo de Javier de la mano desde este sitio cuando tenían solo 4 años", añade durante un descanso en su peregrinaje.

Ascen Lapuerta sabe que la Javierada es dura, pero hay algo que la hace acudir todos los años de forma obligada. "No sé decir que es lo que me mueve a hacer cada Javierada... llego echa polvo, es un palizón tremendo... pero no sé que tiene que me encanta este día y siempre tengo que ir, porque sí", subraya.

Por otro lado, deja claro que, si hace este viaje, lo hace del tirón y sin parar. "Esta vez he salido desde Carcastillo, pero el resto de veces la he hecho del tirón y sin entrenar, desde Caparroso. Me dicen que es una locura, pero, oye, es el único día al año que ando", culmina.


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