• domingo, 28 de noviembre de 2021
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SOCIEDAD

El expiloto de la Casa Real que se enamoró de Navarra extinguiendo incendios: "Es la más bonita"

Isidoro Sánchez Majano es la persona con más horas de vuelo de helicóptero de Europa con más de 28.000 a los mandos de este aparato.

Isidoro, con más de 28.000 horas de vuelo y antiguo piloto de extinción de incendios en Navarra. PABLO LASAOSA
Isidoro, con más de 28.000 horas de vuelo y antiguo piloto de extinción de incendios en Navarra. PABLO LASAOSA

Isidoro Sánchez Majano es la persona con más horas de vuelo de helicóptero de Europa y puede que entre en el top-3 del mundo. Acumula más de 28.000 horas en el aire a los mandos de este vehículo, de las cuáles un buen pellizco las ha pasado en Navarra.

Corría el año 2005 cuando el toledano llegó por primera vez a esta tierra. Por aquel entonces los pilotos trabajaban 20 días, descansaban 10 y volvían a repetir esta combinación. Él se encargaba de cubrir los descansos y de dar instrucción a los alumnos de una escuela civil de aviación.

A sus 72 años, el pasado verano regresó a Navarra ya jubilado con motivo de un viaje de ocio. “Ahora por fin puedo ver por abajo lo que he estado toda la vida viendo por arriba”, se sinceraba en una mañana de calor sofocante en la base de Miluce.

UNA VIDA DE ALTOS VUELOS

Isidoro siempre tuvo claro lo de ser ser piloto. Para cumplir tal propósito, hacia los 15 o 16 años se alistó en el Ejército puesto que no existían escuelas de aviación civil e irse al extranjero era muy caro. 5.000 aspirantes para apenas 40 plazas.

“Mi idea inicial era irme a Iberia o a alguna compañía, pero cuando entré en el Ejército descubrí que aquello era mucho mejor”.

Al cabo de tres años dejó atrás esa primera licencia de piloto de avión y pasó al helicóptero. Era 1972 y se mantendría hasta finales de siglo trabajando para la Casa Real y Salvamento. Destinado estuvo en San Javier, Palma de Mallorca, Canarias o Salamanca. También, esporádicamente por toda España y por supuesto en Madrid. En el extranjero, le tocó llevar a reparar helicópteros a Marsella y pilotarlos de regreso.

“Recuerdo una vez una operación en los Picos de Europa, un recate a tres personas que se habían perdido. Acabamos encontrando a siete. Los otros cuatro no habían avisado de que subían a la montaña y no se les buscaba. Se estaban muriendo de frío en el refugio de Vega Urriellu”.

Isidoro no es tímido, pero prefiere ser cauto. Mide sus palabras y sabe a la perfección lo que puede y lo que no puede contar. No presume en su discurso. Él nunca es el protagonista y hay que tirar de la cuerda para sonsacar sus historias. No obstante, en todo momento domina el rumbo de la conversación.

“Otra vez en un carguero filipino encontraron a dos polizones negros que se habían metido. Hay fama de que los filipinos los tiran directamente al mar, pero este capitán los metió en dos bidones y los dejó ‘dirección Ibiza’. Por suerte dos turistas austriacos de luna de miel los encontraron y recogieron con su velero y finalmente pudimos rescatarlos”.

BOMBERO Y PROFESOR EN NAVARRA

Hacia el año 2000, tras retirarse del Ejército, el piloto toledano orientó su carrera contra las llamas. “La extinción de incendios es lo más bonito desde el punto de vista del piloto. En salvamento arriesgas más de los necesario porque sabes que hay que salvar una vida”.

Poco después, pidieron voluntarios para dar clases a civiles y 'le tocó'. Fue esa decisión de combinar la instrucción y extinción de incendios la que le llevaría a la Comunidad foral. "Navarra era donde más se volaba de toda España en la empresa en la que yo estaba. Eso y que es el sitio más bonito, precioso. Por historia y por paisaje", aseguraba en su última visita.

En un arreón contó también cómo en Ujué vivió el incendio más duro que recuerda, con 2 días de extinción sin pausas. Aquellos fuegos calcinaron más de 900 hectáreas en 2014. No obstante, para él "todo ha salido muy bien en esta tierra", incluido la siempre difícil labor de ensañanza.

“La gente piensa que si apagas el motor te matas, pero el helicóptero planea. Nosotros teníamos la costumbre de medir el nivel de combustible con un regla. Un día, un alumno dijo que lo había mirado y estaba lleno, pero se refería al contador electrónico que en esos helicóptero antiguos no funcionaban. Tuvimos que aterrizar de emergencia en un pueblo y allí repostar. En el depósito no había para más de cinco minutos”.

Para Isidoro lo más importante de este trabajo es conocer las limitaciones del helicóptero y las limitaciones del piloto.  A las 15.000 horas los franceses me hicieron una fiesta por todo lo alto en Airbus, aquí nadie jamás me ha hecho nada”.


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