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De ingeniero con siete idiomas en Senegal a vendedor ambulante en Pamplona: esta es su historia

Se trata un joven inmigrante de 27 años que vive en Pamplona y se dedica a la venta ambulante de pulseras, a pesar de ser ingeniero químico y saber siete idiomas.

Un vendedor ambulante por las calles de Pamplona durante las fiestas de San Fermín 2017. ARCHIVO
Un vendedor ambulante por las calles de Pamplona durante las fiestas de San Fermín 2017. ARCHIVO  

A. B. D. es un joven de 27 años, licenciado en Ingeniería Química por la Universidad Universidad Cheikh-Anta-Diop (Dakar), con especialidad en Química Mineral y Orgánica, que se dedica a la venta ambulante de pulseras en Pamplona.

De primeras, quizás llame la atención. Un graduado universitario, que sabe siete idiomas, que tiene títulos. ¿Por qué iba a dedicarse a la venta ambulante? Muy sencillo. A A.B.D. le tocó ser senegalés. Le toco vivir en la pobreza. Le tocó huir de su país en patera y no poder ejercer en España porque su título no está convalidado para que sea válido en Europa.

Puede que alguna vez le hayas visto cuando te ha intentado ofrecer un anillo o un complemento en algún bar del Casco Viejo de Pamplona. Puede que incluso le hayas vacilado borracho, algún día de fiesta en Sanfermines, cuando se te ha aproximado.

Cuando le observas entrar en un bar, con su cartón repleto de pulseras, puede que pienses "ya viene el pesado de turno". Le miras, pero no le ves. No te imaginas todo lo que ha tenido que pasar para llegar hasta ti.

La historia de A.B.D comienza en un pequeño asentamiento de Senegal. Imaginémonos un poblado africano, donde la vida es sencillamente dura. No hay trabajo. No hay dinero. Todo es precario. No hay nada. Solo unos pocos privilegiados (muy privilegiados) consiguen prosperar.

"Mi vida era complicada. En mi ciudad no había nada. No había trabajo. Yo era el cabeza de mi familia. Tengo una madre y cuatro hermanas. Mi padre murió en 2005", explica A.B.D en una entrevista a Navarra.com.

"Fui al colegio, donde aprendí inglés y francés. Después a la escuela superior, el liceo, donde aprendí italiano y chino, y me interesé por la ciencia. Como destacaba un poco, mi madre decidió que yo tenía que ir a la universidad", narra. "En aquella época también aprendí árabe. Lo suficiente para desenvolverme. Tienes que entender que allí no es como aquí. La universidad allí es muy barata para los buenos estudiantes, pero porque no te garantiza nada. No hay trabajo y hay hambre, hagas lo que hagas. Yo era el cabeza de familia y tenía que ayudar, de cualquier forma".

"Yo no trabajaba a la vez que estudiaba porque sencillamente no había trabajo. Era buen estudiante y tenía barata la universidad. Conseguí pagar la matrícula con ayudas de amigos de mi padre", explica. "Pero da igual. Después de la carrera tampoco encuentras trabajo. Nunca. Ahí decidí que tenía que venir. No podíamos más, necesitábamos ayuda, y yo tenía que ocuparme de mi familia". 

"Vine a Europa para buscar una salida. España era un país que me gustaba mucho. Yo quería vivir aquí. Llegué a España en 2013, tras un complicado viaje en patera. Perdí a muchos amigos durante la travesía", cuenta. "Me costó 2000 euros el viaje. Es importante entender que solo viaja, solo emigra, la gente que puede permitirse el viaje. Los más pobres se quedan allí. Nosotros somos los privilegiados dentro de esa clase".

"Han sido unos años muy duros. No tenía papeles, y por tanto no podía volver a Senegal para ver a mi familia. Les mandaba dinero, eso sí, porque soy el cabeza de familia".

Al no tener papeles y encontrarse en una situación irregular, A.B.D no podía convalidar su título universitario para que sirviera en España, y por tanto se vio obligado a dedicarse al negocio de la venta ambulante de pulseras para ganarse la vida.

Un ingeniero químico, con cuatro años de carrera, dos de máster y siete idiomas, obligado a dedicarse a vender pulseras por las calles para no morir de hambre.

A.B.D cuenta su historia a todo el mundo. Si le prestas atención, si le preguntas, te sonríe y te narra su experiencia sin mostrar ningún rencor. Todo lo contrario. Al ser preguntado sobre la ola de xenofobia y racismo que asola Europa, A.B.D es respetuoso y comprensivo: "Yo estoy muy agradecido con España. La gente ha sido maja conmigo. Conozco casos en los que no, pero a mí me ha salido bien".

"En España he aprendido castellano y euskera. Me gusta saber idiomas. Es divertido", comenta entre risas.

"Me han hecho un contrato fijo de empleado del hogar, y ahora ya tengo papeles. Soy legal y puedo empezar los trámites para convalidar mis títulos. Me ha costado años, pero lo he conseguido. También puedo viajar a Senegal de nuevo y ver a mi familia. Yo ahora puedo ser feliz, pero tengo en la memoria a muchos que se quedaron en el camino, y a otros tantos que no lo consiguen", cuenta emocionado, entre lágrimas. "Esto era mi sueño".

Actualmente, A.B.D trabaja limpiando una casa por las mañanas, y se dedica a la venta ambulante de pulseras por las tardes y las noches.


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