SOCIEDAD

Iñigo Lacunza, el emprendedor navarro que surca las islas de Filipinas con su nuevo proyecto turístico

El joven pamplonés también creó hace cuatro años la comunidad digital 'Mochileros en Filipinas' y ahora cuenta con más de 19.000 miembros.

Iñigo Lacunza en la recepción de su alojamiento turístico en Bohol. CEDIDA
Iñigo Lacunza en la recepción de su alojamiento turístico en Bohol. CEDIDA  

Hace ahora siete años que el navarro Íñigo Lacunza decidió hacer las maletas para soñar a la grande y constituir una de las comunidades digitales más numerosas en las redes sociales.

Atrás dejó su conocida Comunidad foral para lanzarse a explorar un territorio compuesto por más de 7.000 islas y una población que supera los 107 millones de habitantes.

Filipinas fue el país elegido para practicar inglés con un billete de vuelta totalmente abierto por si no le gustaba.

Nada más lejos de la realidad. Sus playas de arena blanca, sus fondos increíbles y una gente agradable le atraparon en este “reino del cocotero” como él mismo define.

“Aquí la vida es simple y feliz”, relata este joven que ahora mismo reside en Panglao, la segunda isla más grande de la provincia de Bohol y en la que posee algunos alojamientos para turistas, a los que también ayuda a través del grupo de Facebook ‘Mochileros en Filipinas’.

Esta comunidad online fue creada por Íñigo Lacunza hace cuatro años y, hoy por hoy, cuenta con más de 19.000 personas, la mayoría españoles, que buscan ayuda e información de este gran país insular.

“Hasta hace poco Filipinas era una gran desconocida. No había información en Internet y pensé que sería bueno empezar a ayudar a otros viajeros para que su viaje fuera más sencillo”, señala este pamplonés a NAVARRA.COM.

Y con sus consejos arrancó este pequeño ‘proyecto’. “Al principio parecía que hablaba solo, pero poco a poco empezó a ayudar más gente y ahora funciona casi de manera automática”, matiza.

Filipinas se ha convertido en los últimos años en un paraíso de moda y el grupo ha crecido de manera exponencial. De hecho, Iñigo Lacunza dice que han salido ‘cuadrillas’ que han confeccionado sus rutas a través de esta herramienta de manera conjunta.

Un camino que no ha sido fácil y que comenzó a despuntar a partir de los 8.000 miembros. “Ahí casi dejó de ser mi grupo, aunque procuro cuidar la salud de la comunidad para que siga teniendo esa función de informar de forma desinteresada”, añade este joven que no sólo encontró el paraíso en la isla. El amor también golpeó con fuerza y ahora comparte negocios con su mujer, de origen filipino.

Los dos tenemos una agencia de tours privados en Bohol y preparamos viajes diferentes en la isla. Además acabamos de construir un edificio de dos platas con doce estudios para alquilar”, expone con orgullo. A todo esto se suma un servicio de asesoramiento “de pago” para emprendedores españoles que como él quieren lanzarse a la aventura filipina.

Negocios a un lado. Iñigo Lacunza relata que lo que más piden por su página de Facebook es saber “si la ruta está bien estructurada”. “Hemos pasado de veranear en familia y no movernos de Salou a querer ver un país de más de 7.000 islas en dos o tres semanas”, incide. De hecho, muchos confunden pequeñas localidades con islas enormes y “se crean agendas muy locas” para descubrir este país.

Además de las rutas, otro de los factores que quita el sueño a muchos viajeros que tienen previsto viajar al país es el tiempo.

“Filipinas tiene un clima tropical impredecible. No sé qué va a pasar en unas horas y la gente quiere saber si le lloverá en su próximo viaje en agosto”, recuerda con risa el joven navarro que, además, incide en que en Pamplona llueve mucho más que allí “y aún sigue viviendo gente”.

“Los navarros estamos hechos para los extremos”, recalca aunque también recuerda alguna ocasión en estos últimos siete años en los que algún tifón le ha puesto las cosas complicadas.

“En esta isla es difícil que entre con virulencia un tifón, pero en 2013, Yolanda pasó cerca y provocó una avería que dejó sin electricidad a Bohol durante seis semanas. Vivimos los primeros días a oscuras y luego con generadores. Lo peor fue que las bombas de agua tampoco funcionaban y tenía que ir a diario a un pozo cercano, apartar a las vacas para cargar mis galones de agua”, recuerda Iñigo Lacunza.

A pesar de estas pequeñas aventuras, el navarro destaca que la “la vida en Filipina es tranquila”. La cultura es muy diferente y es necesario entenderla.

Entre las cosas que más echa de menos es la comida de la Comunidad foral. “Soy adicto a la huerta navarra y aquí son muy carnívoros”. Sin embargo, también recuerda con ilusión cuando alguien que viaja para verle le trae “una chistorra de Arbizu o una lata de hongos”. “Es mi fiesta en casa”.

No obstante, Iñigo Lacunza reconoce que Filipinas y Navarra están conectadas. “En la isla donde vivo tenemos el pueblo de Cortes y Corella. Siempre que paso con el coche les canto una jota por la ventana, pero no me entienden”, dice entre risas el joven pamplonés que, además, dice que está creando una asociación de amigos entre Navarra y Filipinas para “acercar ambos lugares”.


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